Un equipo de paleontólogos reexaminó fósiles custodiados durante más de cien años en el Museo de Historia Natural de Londres y sugiere que el Praearcturus gigas fue el escorpión más grande jamás descubierto.
Con aproximadamente un metro de largo, esta criatura habitó hace 415 millones de años en lo que hoy es Gran Bretaña. Los investigadores sugieren que vivió en un entorno primitivo, rodeado de estructuras arbóreas y cursos de agua.
El descubrimiento, publicado el 2 de junio en la revista Palaeontology, presenta una reconstrucción de cómo este antiguo artrópodo pudo desplazarse entre rocas cubiertas de musgo y sumergirse ocasionalmente en arroyos cercanos. Para obtener esa imagen, los investigadores combinaron especímenes históricos con fósiles recientemente descubiertos y reclasificaron un organismo que durante décadas había sido identificado de manera incorrecta.
De crustáceo a escorpión primitivo
Durante más de un siglo, la comunidad científica creyó que el P. gigas pertenecía a un grupo de crustáceos llamados isópodos, relacionados con las langostas y otros moluscos. No fue hasta la década de 1980 cuando los expertos comenzaron a plantear que podía ser otro tipo de artrópodo: un escorpión primitivo con exoesqueleto y apéndices articulados.
El equipo examinó ocho especímenes excavados a lo largo de los años en tres sitios arqueológicos distintos a través de métodos analíticos. El análisis comenzó en 2008 y reveló características estructurales que los investigadores consideran clave para sustentar su clasificación como escorpión.
Aunque algunos especialistas señalan que los fósiles son fragmentarios y carecen de elementos como el aguijón de la cola. Los investigadores también colaboraron con un artista para crear representaciones visuales de cómo lucía el animal en su entorno antiguo.
La evidencia del hallazgo
Una pieza clave de la evidencia fue un estudio de 2015 sobre el Eramoscorpius brucensis, un escorpión hallado en Canadá. Esta especie compartía con el P. gigas una característica: un esternón largo y triangular ubicado en la parte inferior del cuerpo, entre la base de las patas, con un surco central distintivo.
Richard Howard, curador de artrópodes fósiles del Museo de Historia Natural, señaló que esta similitud estructural indicaba que ambos organismos estaban estrechamente relacionados.
El P. gigas presentaba pinzas de aproximadamente 16 centímetros de largo. El animal también poseía estructuras similares a alas en el abdomen, llamadas epímeras laterales.
Según los investigadores, estas estructuras, nunca antes documentadas en otros escorpiones, probablemente facilitaban la natación del animal.
Un descubrimiento que transforma la ciencia
Elizabeth Dowding, catedrática de análisis paleoambiental de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Nuremberg, en Alemania, destacó la importancia de este hallazgo para comprender cómo funciona la metodología científica. La posibilidad de reexaminar durante décadas el mismo conjunto de fósiles permitió a los investigadores llegar a conclusiones nuevas sobre organismos ya identificados.
Russell Bicknell, paleobiólogo de la Universidad Flinders, en Adelaida, Australia, describió al P. gigas como un organismo de aspecto extremadamente robusto que, si existiera hoy, resultaría casi aterrador.
Su tamaño mostraba la magnitud de la megafauna que poblaba los océanos del Paleozoico, un período en el que los artrópodos alcanzaban dimensiones mucho mayores que las de sus descendientes actuales.













