La forma en que preparas el huevo en tu cocina puede determinar cuánto aprovechas realmente de sus nutrientes. Cocinar demasiado este alimento podría destruir compuestos valiosos concentrados en la yema. Marc Vergés, un especialista en nutrición, advierte que existen técnicas para preservar esas propiedades.
El problema afecta especialmente a la yema, que concentra grasas, vitaminas y colina, un compuesto orgánico esencial que el cuerpo humano no produce en cantidad suficiente. El exceso de calor daña estos nutrientes, por lo que es clave dejarla lo menos hecha posible durante la preparación.
Las mejores técnicas para cocinar la yema
El huevo poché es una de las opciones más recomendada por Vergés para lograr una cocción suave. Esta técnica consiste en cocer el alimento sin cáscara directamente en agua caliente.
El huevo poché permite controlar mejor el tiempo de exposición al calor y preservar la calidad nutricional de la yema. Existe una alternativa práctica si prefieres preparar tortilla en casa: cocinar primero las claras y añadir después la yema.
Así, la yema queda menos hecha que el resto de la mezcla. Con ese orden se busca mantener intactos los componentes internos sin renunciar a un plato tan popular en cualquier cocina.
Por qué cada parte del huevo requiere tratamiento diferente
La clara y la yema no responden igual al calor ni cumplen la misma función nutricional. Mientras la clara aporta principalmente proteína y contiene avidina, entre otras proteínas, conviene cocinarla bien. La yema, en cambio, concentra sustancias sensibles a cocciones prolongadas.
La colina presente en la yema es un compuesto que el organismo necesita obtener a través de la alimentación, ya que no la produce por sí solo en las cantidades requeridas.
Esa diferencia en la composición explica por qué el tratamiento debe variar para cada parte dentro de una misma preparación. De este modo se busca aprovechar al máximo sus componentes internos.
Un cambio sencillo que marca diferencia
El huevo forma parte de la alimentación cotidiana, preparado de múltiples formas: cocido, frito o en tortilla. Ajustar el tiempo de cocción según cada parte es un gesto simple de aplicar sin necesidad de ingredientes adicionales ni pasos complicados.
Ese pequeño cambio en la técnica de preparación permite conservar mejor las propiedades del alimento una vez servido en el plato. La diferencia entre un huevo que pierde sus nutrientes valiosos y uno que los preserva depende, en gran medida, de cuántos minutos dediques a su cocción.













