Astrónomos de distintos países identificó, a unos 333 años luz de la Tierra, un planeta con abundante presencia de agua en una zona del espacio donde este tipo de cuerpos resulta prácticamente inexistente. El descubrimiento desafía lo que la ciencia esperaba encontrar y abre nuevas posibilidades para entender cómo se forman y evolucionan los cuerpos celestes.
El cuerpo forma parte del sistema HD 176071, ubicado en la constelación del Cisne, y gira en torno a la estrella KIC 9139163. Su tamaño equivale a casi dos veces y media el radio terrestre, mientras que su masa asciende a unas 7,3 veces la de nuestro planeta. Los cálculos de los investigadores sugieren que el agua compone una fracción significativa de su estructura.
Un mundo en condiciones extremas
Los científicos lo ubicaron dentro de una categoría poco común y muy difícil de identificar, conocida como mundo de agua caliente. El objeto está tan cerca de su estrella que completa una vuelta a su alrededor en solo 14 horas, ubicándose en la zona que los especialistas denominan desierto neptuniano.
Se trata de un sector del espacio donde los planetas de dimensiones similares aparecen con muy poca frecuencia. Allí, las temperaturas son abrasadoras y las fuerzas gravitacionales extremas. Aun así, las observaciones revelan que el cuerpo mantiene una atmósfera activa y cambiante, un rasgo que desconcierta a los expertos.
Cómo fue detectado sin transitar frente a su estrella
La metodología también distingue este hallazgo. La mayoría de los mundos fuera del sistema solar se identifican mediante el tránsito, que consiste en observar cómo disminuye el brillo de una estrella cuando un cuerpo pasa por delante de ella.
Este cuerpo, en cambio, nunca cruza frente a su estrella desde la perspectiva terrestre. Los investigadores utilizaron las diminutas variaciones de luminosidad que se generan mientras completa su órbita. También combinaron esos datos con mediciones del instrumento HARPS-N, instalado en el Telescopio Nacional Galileo, en las Islas Canarias.
Compararon observaciones del telescopio espacial Kepler con datos obtenidos seis años después por TESS, el Transiting Exoplanet Survey Satellite de la NASA, lanzado en abril de 2018 para buscar planetas fuera del sistema solar.
Este método de detección resulta clave para futuras búsquedas, ya que un gran número de planetas de la Vía Láctea no transitan frente a sus estrellas vistos desde la Tierra, lo que complica su identificación mediante las técnicas más habituales.
Una atmósfera inesperadamente dinámica
El análisis del brillo reflejado reveló cambios que no concordaban con una atmósfera estática. Los modelos científicos sugieren que densas nubes altamente reflectantes se forman, evolucionan y desplazan continuamente alrededor del mundo, explicando las variaciones detectadas.
Las fuerzas de marea generadas por la proximidad a la estrella alteran gradualmente la órbita del cuerpo y lo acercan cada vez más a su astro. Con el tiempo, terminará siendo absorbido por la estrella.













