Una investigación reciente encontró una asociación entre el consumo de carnes procesadas y un mayor riesgo de desarrollar demencia.
Según los resultados, consumir 25 gramos adicionales de carne procesada al día, una cantidad equivalente aproximadamente a dos rebanadas de fiambre, se relacionó con un aumento del 44 % en el riesgo de demencia y de hasta el 52 % en el caso del Alzheimer.
El análisis forma parte de investigaciones que han estudiado durante décadas la relación entre el consumo de alimentos ultraprocesados y la salud cerebral. Los datos analizados corresponden a cerca de 500.000 personas y permitieron evaluar la relación entre los hábitos alimentarios y el deterioro cognitivo a largo plazo.
Los investigadores señalan que las carnes procesadas y otros alimentos ultraprocesados pueden contener cantidades elevadas de sal, grasas, azúcares y aditivos, además de aportar menos fibra y otros nutrientes presentes en alimentos mínimamente procesados. Estos factores podrían estar relacionados con mecanismos que afectan la salud cardiovascular y cerebral.
¿Por qué los embutidos generan preocupación?
Las carnes procesadas, como algunos tipos de fiambre y embutidos, pasan por procesos industriales destinados a conservarlas o modificar sus características. Dependiendo del producto, pueden contener cantidades considerables de sodio, grasas y otros componentes añadidos.
El consumo de alimentos ultraprocesados también representa una parte importante de la alimentación en varios países. En Estados Unidos y Reino Unido, estos productos aportan más de la mitad de las calorías consumidas diariamente, según los datos citados en la investigación.
¿Qué cambios pueden reducir el riesgo?
Los investigadores también analizaron qué podría ocurrir al sustituir parte de las calorías procedentes de alimentos ultraprocesados por opciones no procesadas. El modelo utilizado estimó que reemplazar el 10 % de esas calorías por alimentos no procesados podría asociarse con una reducción del 19 % en el riesgo de demencia.
Los resultados refuerzan el interés por una alimentación con mayor presencia de alimentos mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
Se necesitan más estudios para comprender los mecanismos involucrados y determinar con mayor precisión cómo los hábitos alimentarios pueden influir en el riesgo de demencia a largo plazo.













