La exposición a la luz durante las horas de sueño altera la estructura y la función del corazón y eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo. Un análisis de la Universidad de Tulane.
En Nueva Orleans, con datos de más de 11.000 personas, descubrió que incluso una pequeña cantidad de iluminación en la habitación causa cambios perjudiciales en el músculo cardíaco.
El estudio, publicado en el European Heart Journal, midió la exposición a luz durante el sueño en participantes del Reino Unido y realizó resonancias magnéticas cardíacas tres años después.
Los hallazgos revelan que dormir bajo más de 3 lux —equivalente a la luz de la luna o la que se filtra por debajo de una puerta cerrada— engrosaba las paredes del ventrículo izquierdo y reducía la capacidad de contracción del corazón.
Cómo la luz nocturna daña el corazón
Las paredes del músculo cardíaco se engruesan cuando la persona duerme expuesta a demasiada luz, un proceso llamado remodelación cardíaca. Este cambio reduce el espacio interno de la cámara y compromete la capacidad de bombeo del corazón, señalando una disfunción temprana que puede progresar a insuficiencia cardíaca.
Los daños no se limitan al ventrículo izquierdo: también aparecieron alteraciones en otras dos cámaras cardíacas de los participantes expuestos a la luz. Entre el 24% y el 49% del impacto total en el corazón se debió a dormir menos de cinco o seis horas, una consecuencia directa de la exposición a la luz nocturna.
El resto del impacto, de al menos el 51%, podría incluir estrés y cambios biológicos derivados de una mala calidad del sueño.
Fuentes cotidianas de luz que interfieren con el descanso
La contaminación luminosa nocturna surge como un factor de riesgo cardiovascular que muchas personas desconocen. Entre las fuentes comunes están la luz de un teléfono inteligente con la pantalla hacia arriba, la de un despertador digital y la iluminación exterior que entra por ventanas y cortinas.
Los expertos recomiendan mantener el dormitorio a un máximo de 1 lux para garantizar una noche de descanso de calidad. Para conseguirlo, bloquee la luz con cortinas pesadas o persianas opacas en cada ventana. Si aún entra por debajo de la puerta o por las grietas de las ventanas, pruebe con espuma o cinta para bloquearla.
Si la luminosidad persiste, use un antifaz, e para la iluminación nocturna, elija lámparas de luz blanca cálida, ámbar oscuro o roja, con poca intensidad y colocadas a nivel del suelo.
Apague las luces del pasillo y evite que entre la luz del exterior. Si la luz persiste pese a esas medidas, considere usar un antifaz o dormir en una habitación sin ventanas orientadas al exterior.
Limitaciones y pasos siguientes en la investigación
El estudio utilizó datos del UK Biobank, que recopiló información genética y de salud de 500.000 residentes del Reino Unido. Todos los participantes portaron un sensor de pulso durante siete días para registrar los niveles de luz nocturnos.
Sin embargo, el análisis presentó limitaciones. Un período de una semana es muy corto para medir la exposición total. Y un sensor de luz en la muñeca no indica con precisión la dosis que reciben los ojos, por lo que puede sobreestimarla o subestimarla.
Además, el vínculo entre estos datos y los exámenes cardíacos realizados tres años después es difícil de establecer. Otras variables, como el estrés crónico o los cambios hormonales, también podrían influir en los resultados.
Se necesitan más investigaciones para demostrar la causalidad y establecer si bloquear activamente la luz nocturna revierte o previene los cambios cardíacos ya iniciados. Aun así, los resultados actuales sugieren que reducir la exposición a la luz durante la noche debería considerarse una estrategia potencial para prevenir enfermedades cardíacas, según recomendaron los investigadores.













