Con el paso de las décadas, el organismo atraviesa transformaciones que alteran la forma en que se descansa por la noche. A partir de los 60, no es raro adelantar la hora de ir a la cama y de despertarse, mientras el sueño se vuelve menos profundo y se interrumpe con mayor facilidad durante la noche.
Abrir los ojos en algún momento entre las 6:00 y las 7:30 favorece que el organismo se acompase con su propio reloj biológico.
Cómo el reloj biológico regula el descanso
El ritmo circadiano controla funciones esenciales: alterna los ciclos de sueño y vigilia, regula la temperatura corporal y organiza la liberación de hormonas. Exponerse a la luz natural apenas se despierte ayuda a que este sistema funcione con mayor orden y estabilidad.
Cuando alguien se levanta en ese rango horario y recibe luz solar temprano, el organismo equilibra mejor el descanso nocturno con las actividades del resto del día. Este ajuste no depende solo de la voluntad: responde a procesos hormonales que se activan con la primera luz de la mañana.
Por qué la falta de sueño pesa en la salud
Dormir mal de forma habitual aumenta el riesgo de hipertensión, problemas cardiovasculares, aumento de peso, obesidad y diabetes. También se relaciona con trastornos del ánimo, en particular con la depresión.
Según la National Sleep Foundation, a partir de los 65 años conviene completar entre 7 y 8 horas de sueño cada noche. Cumplir con esa cantidad se asocia con un mejor funcionamiento cognitivo, cardiovascular y emocional a esa edad.
Sin embargo, para los especialistas no hay un horario perfecto que sirva por igual a todo el mundo.
No existe un horario único para todos
Importa respetar las necesidades personales, el estado de salud y los hábitos de cada uno. Levantarse cada vez más temprano con la edad no es el objetivo.
Más allá de la hora que marque el reloj, lo esencial es mantener un descanso reparador y una rutina estable día tras día. Ese equilibrio, más que el número exacto de horas, mejora la calidad de vida después de los 60 años.













