Una isla de casi 4.000 hectáreas ubicada a 35 kilómetros de la Península de Eyre, en Australia Meridional, pasó de ser una estación ganadera a un ambicioso proyecto de conservación.
Peter y Pamela Woolford compraron Flinders Island en 1979 para criar ovejas merino. Durante aproximadamente dos décadas, la idea de restaurar ecológicamente el territorio fue tomando forma hasta convertirse en un proyecto para transformar la isla en un refugio para pequeños mamíferos en peligro de extinción.
La reconversión de la isla requiere una inversión de 4,8 millones de dólares australianos financiada conjuntamente por los propietarios, el gobierno australiano, el gobierno de Australia Meridional y el consejo ambiental regional. Los últimos animales de crianza fueron retirados en 2025, en el marco de operaciones de erradicación que ya están mostrando resultados positivos para el ecosistema nativo.
De la ganadería a la conservación
La familia Woolford explotó la propiedad durante décadas como estación ganadera, combinando la cría de ovejas merino con actividades de pesca de abalone. A comienzos de los años 2000, la ganadería comenzó a disminuir gradualmente, mientras la idea de restaurar ecológicamente la isla maduraba entre los propietarios.
El proyecto cobró impulso cuando se formalizó la alianza con organismos públicos y ambientales para ejecutar la erradicación de especies invasoras que habían modificado el ecosistema natural. Este giro representa un cambio fundamental en el uso del territorio: de explotación productiva a preservación de la biodiversidad nativa.
La batalla contra las especies invasoras
Cinco animales introducidos se convirtieron en el principal obstáculo para la restauración: ovejas, bovinos salvajes, gatos ferales, ratas y ratones. Entre mayo y finales de 2025, equipos ejecutaron operaciones de erradicación que combinaron retiro de ganado, distribución controlada de cebos, búsquedas en terreno, cámaras de vigilancia y drones térmicos.
La erradicación directa concluyó en 2025, pero los desafíos continúan. El monitoreo actual busca confirmar que ningún pequeño núcleo de gatos o roedores sobrevivió y logró reproducirse, un paso crítico antes de declarar formalmente la isla libre de estas plagas. Esta verificación rigurosa es esencial para proteger a los mamíferos nativos que eventualmente regresarán.
Por qué esta isla es un tesoro para la fauna amenazada
Flinders Island reúne características clave para funcionar como santuario: aproximadamente 75% de su superficie aún conserva vegetación nativa, mientras que el aislamiento marino actúa como barrera natural contra la llegada de nuevos depredadores. Esta protección natural elimina la necesidad de construir kilómetros de cercas especializadas alrededor del futuro refugio.
Con litoral de aproximadamente 50 kilómetros y vegetación autóctona bien preservada, la isla ofrece hábitat adecuado para especies pequeñas de mamíferos que enfrentan amenazas en tierra firme. El aislamiento geográfico es particularmente valioso para evitar que predadores externos comprometan los esfuerzos de conservación.
Reintroducción de especies: el siguiente paso
La reintroducción de mamíferos nativos no comenzó inmediatamente tras la eliminación de invasores. El calendario prevé confirmar formalmente el estatus de área libre de estas plagas alrededor de mediados de 2027, momento a partir del cual podrán iniciarse las primeras transferencias de fauna nativa.
Se evalúan varias especies para el proyecto, entre ellas la liebre wallaby a rayas, el bandicoot marrón del sur, el ratón constructor de nidos grande y el dibbler, un pequeño marsupial carnívoro, junto con otras especies conforme a disponibilidad de hábitat y seguridad. El monitoreo continuo antes de la liberación buscará maximizar las posibilidades de que estas poblaciones reintroducidas prosperen en la isla restaurada.













