Quienes pasan noches dando vueltas en la cama pueden sabotear su dieta más que con cualquier dulce fuera de lugar. Dormir poco o mal altera las hormonas que controlan el apetito y empuja al cuerpo hacia el aumento de peso.
Cerca del 40% de las personas en Brasil sufre algún tipo de trastorno del sueño, según datos de la Asociación Brasileña del Sueño. La obesidad afecta a más de 9 millones de personas en el país. El descanso insuficiente se relaciona con cambios hormonales, aumento de peso y mayor riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2.
Las hormonas que deciden el hambre
Mientras se duerme, el organismo regula dos hormonas clave para el equilibrio metabólico: la grelina, que dispara la sensación de hambre, y la leptina, encargada de avisarle al cerebro que ya es momento de parar de comer.
Cuando el sueño se recorta o pierde calidad, la grelina sube y la leptina baja, un desajuste que deja el apetito fuera de control.
El cuerpo responde con más ganas de comer durante todo el día, sobre todo alimentos con alto contenido calórico como dulces y carbohidratos. A eso se suma una tendencia a acumular grasa, sobre todo en la región abdominal, donde las reservas se acumulan con mayor facilidad.
Dormir de más también pasa factura
El problema no se limita a quienes duermen poco, e dormir demasiado se asocia con resistencia a la insulina, alteraciones hormonales, reducción del gasto calórico diario y acumulación de grasa corporal.
Tanto el insomnio como el exceso de sueño desequilibran el metabolismo por caminos distintos, aunque con un resultado parecido: más grasa y más dificultad para controlar el peso.
El reloj biológico también entra en juego: dormirse después de las 23:00 se relaciona con un mayor índice de masa corporal, independientemente de cuántas horas se duerma en total. Esto ocurre porque el cuerpo tiene ritmos naturales de regulación hormonal que se alinean con el ciclo luz-oscuridad, y acostarse tarde interrumpe esos ciclos.
El equilibrio que el cuerpo necesita
Mantener un metabolismo saludable depende de dormir entre 7 y 9 horas por noche y de acostarse y levantarse en horarios regulares.
Un entorno cómodo, con colchón y almohada adecuados, forma parte de esa rutina. Antes de buscar la próxima dieta milagrosa, vale la pena revisar cómo se está durmiendo. El colchón y la almohada en los que se descansa cada noche pueden marcar la diferencia entre un metabolismo equilibrado y uno desregulado.













