La reconstrucción del rostro del Homo sapiens más antiguo conocido ha permitido obtener una nueva representación del antepasado humano que vivió hace unos 315.000 años.
El trabajo se realizó a partir de un modelo 3D del cráneo y permitió a los investigadores aproximarse a las características faciales de estos primeros representantes de nuestra especie.
El rostro del pasado
El especialista brasileño en modelado 3D Cicero Moraes lideró el trabajo. Mediante técnicas digitales, Moraes y su equipo recrearon el rostro a partir de los fósiles hallados en Jebel Irhoud, Marruecos.
Los restos fueron descubiertos en la década de 1960 y, en un primer momento, se interpretaron como pertenecientes a una población relacionada con los neandertales.
Estudios posteriores determinaron que los fósiles corresponden a algunos de los ejemplares más antiguos conocidos de Homo sapiens.
La tecnología aplicada a la reconstrucción
El cráneo de Jebel presenta una combinación de rasgos arcaicos y características que también están presentes en los humanos modernos. Aunque la forma del cráneo es diferente de la actual, su capacidad cerebral se encontraba dentro del rango conocido para nuestra especie.
Para elaborar el modelo, los investigadores reconstruyeron digitalmente fragmentos craneales procedentes de varios individuos y los integraron en una representación tridimensional. A partir de esta estructura, estimaron la disposición de los tejidos blandos utilizando referencias anatómicas.

El proceso permitió obtener una aproximación de cómo pudo haber sido el rostro de estos antiguos Homo sapiens.
Una ventana a la evolución humana
Además de ofrecer una representación visual de nuestros antepasados, el estudio de los fósiles de Jebel Irhoud aporta información sobre la evolución de Homo sapiens.
Los restos muestran que algunos rasgos considerados característicos de nuestra especie ya estaban presentes hace cientos de miles de años, mientras que otros todavía tenían una configuración diferente.
El análisis de estos fósiles continúa aportando datos sobre las primeras etapas de la historia de nuestra especie. La combinación de técnicas digitales y estudios paleontológicos permite reconstruir parte de ese pasado y comprender mejor los cambios que dieron forma a los humanos actuales.













