Investigadores del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) identificaron en China una nueva especie de dinosaurio herbívoro con una característica anatómica sin precedentes: espinas huecas incrustadas en la piel del animal. El hallazgo recibió el nombre de Haolong dongi en honor al paleontólogo chino Dong Zhiming.
Los restos pertenecen a un ejemplar juvenil que vivió hace aproximadamente 125 millones de años, durante el Cretáceo Inferior. El fósil incluye extensas áreas de piel fosilizada, algo poco común porque los tejidos blandos suelen descomponerse mucho antes de que ocurra la fosilización.
Tecnología que reveló el secreto
El equipo aplicó tomografía computarizada por rayos X junto con análisis histológico de alta resolución para examinar el espécimen. Ese proceso permitió identificar células individuales de la piel del animal y reconstruir con detalle cómo estaban distribuidas las protuberancias por gran parte de su cuerpo.
Según lo publicado en la revista Nature Ecology & Evolution. Cada una de esas formaciones tenía forma cilíndrica y hueca, con una capa externa queratinizada, una epidermis de múltiples capas y una pulpa dérmica central de textura porosa. Esta combinación de tejidos nunca había sido documentada antes en ningún dinosaurio conocido.
Defensa, calor y percepción del entorno
El Haolong dongi compartía su hábitat con pequeños dinosaurios carnívoros, por lo que la función defensiva aparece como la explicación más directa para esas protuberancias. Actuarían de forma parecida a las púas de un puercoespín, ofreciendo protección frente a ataques desde distintos ángulos.
Los científicos no descartan, sin embargo, otros usos posibles para esas mismas estructuras. Los científicos también plantean que esas estructuras podrían haber aumentado la superficie corporal y facilitado el intercambio de calor con el ambiente, lo que habría ayudado al animal a regular su temperatura en climas variables.
También existe la posibilidad de que funcionaran como órganos sensoriales, detectando movimientos o cambios alrededor del cuerpo, algo similar a los bigotes de los mamíferos actuales.
Un giro en la historia de los iguanodontianos
Los iguanodontianos se estudian desde hace más de dos siglos, cuando fueron identificados a comienzos del siglo XIX. Se los reconoce por su boca en forma de pico y por extremidades traseras robustas adaptadas al desplazamiento en tierra.
Esta especie añade una capa de complejidad a lo que se sabía sobre el grupo, al mostrar una adaptación cutánea jamás registrada en el registro fósil de los dinosaurios.
El nordeste de China ya venía entregando ejemplares con un nivel de conservación poco frecuente. Este hallazgo confirma ese patrón con un espécimen que preservó incluso el detalle celular de su piel.
La calidad del fósil abre una vía poco explorada hasta ahora: estudiar cómo era la piel de otras especies extintas con el mismo nivel de precisión. Ese tipo de análisis podría revelar adaptaciones similares en otros grupos de dinosaurios que hasta hoy solo se conocían por sus huesos.













