Una nueva revisión de fósiles conservados durante más de un siglo permitió confirmar la existencia de uno de los escorpiones más impresionantes conocidos por la ciencia.
Se trata de Praearcturus gigas, un animal prehistórico que superaba el metro de longitud y vivió hace aproximadamente 415 millones de años, durante el Devónico Inferior.
Los restos fueron encontrados en territorios que actualmente corresponden a Inglaterra y Gales y permanecieron durante décadas en colecciones científicas.
Durante décadas fue considerado otro tipo de artrópodo
Los primeros ejemplares fueron descritos en el siglo 19, cuando los conocimientos sobre los primeros escorpiones eran mucho más limitados. Debido a las características fragmentarias de los restos, el animal llegó a ser interpretado como un gran crustáceo.
La situación cambió con nuevas investigaciones realizadas en 2026. Los científicos combinaron fotografías, ilustraciones anatómicas, mediciones y técnicas modernas de obtención de imágenes para comparar las estructuras fósiles con otros escorpiones primitivos.
Uno de los elementos decisivos fue el esterno, una estructura situada en la parte inferior del cuerpo. Su forma coincidía con la observada en otros escorpiones antiguos cuya clasificación ya estaba confirmada. Las grandes pinzas y otros segmentos corporales también aportaron evidencias a favor de esta identificación.

Un gigante entre los escorpiones
La reconstrucción de Praearcturus gigas indica que podía superar el metro de longitud. Sus pinzas alcanzaban aproximadamente 16 centímetros, una dimensión extraordinaria para un animal de este grupo.
Para ponerlo en perspectiva, los escorpiones actuales más grandes alcanzan alrededor de 23 centímetros. La diferencia demuestra hasta qué punto este depredador prehistórico se alejaba de las dimensiones habituales de sus parientes modernos.
¿Vivía en tierra o en el agua?
Los científicos todavía no tienen una respuesta sobre el modo de vida de este escorpión. Algunas características anatómicas y el ambiente en el que fueron encontrados los fósiles permiten plantear que podría haber tenido hábitos acuáticos o anfibios.
Los restos proceden de antiguos ambientes asociados a zonas fluviales, por lo que los investigadores consideran posible que el animal pasara parte de su vida en el agua.
Esta hipótesis es interesante porque muestra que los grandes escorpiones pudieron ocupar distintos ambientes mucho antes de lo que se pensaba.
El caso de Praearcturus gigas también demuestra el valor de revisar las colecciones paleontológicas. Fósiles recogidos hace más de 150 años todavía pueden aportar información capaz de modificar lo que se conoce sobre la evolución de los primeros grandes depredadores.













