Científicos en Australia han identificado más de 300 agujeros en el lecho marino alrededor del naufragio del Althea II. Las formaciones fueron detectadas durante una expedición cerca de Queensland, donde la embarcación se encuentra sumergida a unos 40 metros de profundidad.
El hallazgo llamó la atención por el patrón de las cavidades, distribuidas alrededor del naufragio en un radio de aproximadamente 100 metros. Para identificarlas, los investigadores utilizaron tecnología de sonar multihaz, que permitió obtener una imagen detallada del fondo marino.
Los agujeros tienen un diámetro promedio de ocho metros y alcanzan unos dos metros de profundidad. Las observaciones realizadas en el área también permitieron detectar actividad de distintas especies marinas en torno a estas depresiones.
¿Cómo se formaron los agujeros?
El origen de las cavidades está relacionado con un proceso conocido como bioturbación, mediante el cual los organismos marinos remueven y redistribuyen los sedimentos del fondo.
Entre las especies observadas en la zona se encuentra el goldspotted rockcod (Epinephelus coioides), un pez que puede utilizar estas depresiones como refugio. La actividad de estos animales podría contribuir a modificar progresivamente el lecho marino y ampliar pequeñas cavidades existentes.

Sin embargo, la formación de los agujeros responde a procesos que todavía son objeto de investigación, por lo que las observaciones del sitio pueden ayudar a comprender mejor su origen.
La importancia de los sedimentos para la arqueología submarina
La identificación de depresiones en el lecho marino también puede tener interés para la arqueología submarina. Este tipo de alteración del fondo puede generar patrones que ayudan a localizar estructuras sumergidas, incluidos posibles naufragios.
Un antecedente citado por los investigadores ocurrió en 2017, cuando un patrón de depresiones en el fondo marino contribuyó a localizar los restos del SS Macumba, un buque desaparecido durante la Segunda Guerra Mundial.
Nuevas investigaciones en el área
Los investigadores prevén continuar estudiando el entorno del Althea II para determinar con mayor precisión cómo se formaron las cavidades y qué relación existe entre ellas, la actividad marina y el naufragio.
El estudio del sitio puede aportar información sobre la interacción entre los organismos marinos y los sedimentos, además de ayudar a comprender cómo determinadas alteraciones del fondo pueden ser utilizadas en investigaciones arqueológicas submarinas.













