Un equipo del Servicio Geológico Británico y la Universidad de Oslo identificó una enorme estructura volcánica bajo tierra de la costa oriental de Inglaterra.
El descubrimiento, divulgado en abril en el Bulletin of the Geological Society of America, podría resolver un antiguo misterio geológico sobre el origen de la tefra de Kinnekulle. Una capa de cenizas volcánicas hallada en Noruega, Suecia, la región del Báltico, Bielorrusia y Polonia.
El análisis de cristales microscópicos recuperados en perforaciones realizadas en Norfolk y Lincolnshire reveló que se formaron hace aproximadamente 454,4 millones de años.
Esta edad coincide prácticamente con la de cristales encontrados en la tefra de Kinnekulle. En la región de Oslo, lo que sugiere una misma fuente de origen: una gigantesca erupción en lo que hoy es el este de Inglaterra lanzó cenizas a la atmósfera. Y estas fueron transportadas hasta la actual Escandinavia.
Cómo los cristales desvelaron el misterio
La evidencia clave provino de granos de circón, minerales que se forman en el magma antes de una erupción. Los investigadores midieron la proporción entre uranio y sus isótopos de plomo derivados, elementos que se transforman a una velocidad conocida, permitiendo determinar cuándo se formó cada cristal.
Las muestras procedían de perforaciones en dos lugares separados por unos 65 kilómetros. Los resultados mostraron edades prácticamente idénticas en las muestras inglesas y en los cristales vinculados a la tefra de Kinnekulle. El análisis de cristales de apatita, otro mineral utilizado para investigar el origen de las rocas, reforzó aún más esta conexión entre ambas regiones.
Una erupción de escala extraordinaria
La magnitud del evento se estimó a partir de la distribución generalizada de los depósitos volcánicos. Cientos de kilómetros cúbicos de roca fueron expulsados durante el episodio, con una columna eruptiva que posiblemente alcanzó la estratosfera.
Hace más de 450 millones de años, la configuración de los continentes era muy diferente a la actual. El Mar de Tornquist, una masa de agua antigua, separaba la región que corresponde a la Inglaterra actual de la Escandinavia. La pluma volcánica habría atravesado este antiguo mar antes de depositarse en el fondo oceánico.
La explosión también generó flujos piroclásticos, corrientes de gases calientes, cenizas y fragmentos de roca que se desplazan rápidamente desde un volcán. Estos flujos fueron comparables en magnitud con algunos de los mayores eventos volcánicos conocidos.
Los investigadores identificaron además cristales de circón de aproximadamente 453,7 millones de años, lo que indica una nueva fase de actividad volcánica poco después del evento principal. Este segundo episodio estaría relacionado con el colapso de la caldera, una gran depresión que puede formarse cuando una estructura volcánica se derrumba tras una erupción de gran escala.













