Un tardígrado de apenas medio milímetro sobrevivió a la exposición directa al vacío del espacio, sin protección, en 2007. Esta criatura microscópica lo consiguió al entrar en un estado llamado criptobiosis, en el que expulsa casi toda el agua de su cuerpo y reduce su metabolismo a niveles apenas detectables.
El experimento, denominado TARDIS, mantuvo a estos animales durante diez días en órbita terrestre baja. La misión Foton-M3, de la Agencia Espacial Europea, despegó desde Rusia en septiembre de 2007 con 120 ejemplares de dos especies distintas, colocados en un compartimento externo llamado Biopan.
Radiación ultravioleta: la verdadera prueba extrema
Una vez en órbita, a 270 kilómetros de altitud, el panel del experimento se abrió y expuso a los animales al entorno exterior. Un grupo enfrentó solo el vacío espacial y quedó resguardado de la radiación solar por un filtro especial. El segundo grupo quedó sin ninguna barrera frente a la radiación ultravioleta solar directa.
Los resultados se publicaron al año siguiente en Current Biology, en un estudio dirigido por K. Ingemar Jönsson, de la Universidad de Kristianstad. El trabajo reveló diferencias drásticas entre los grupos: quienes solo enfrentaron el vacío sobrevivieron en una proporción similar a la de los tardígrados que permanecieron en la Tierra.
Entre los expuestos al vacío y a la radiación solar completa, la supervivencia se desplomó: apenas una pequeña fracción logró resistir.
El truco químico que permite la supervivencia
La resistencia extrema descansa en un mecanismo biológico singular. Al deshidratarse, el tardígrado reemplaza gran parte del agua celular por trehalosa, un azúcar que forma una especie de vidrio biológico alrededor de las estructuras internas. Este vidrio previene que membranas y proteínas se desmoronen cuando el agua desaparece, algo que normalmente destruiría la célula por completo.
El animal se encoge, recoge sus patas hacia adentro y adopta una forma seca conocida como tun. Este estado puede activarse frente a múltiples amenazas: ausencia de agua, temperaturas extremadamente bajas, falta de oxígeno o alta salinidad. En cualquiera de estas condiciones, el metabolismo se reduce a niveles casi imperceptibles, lo que permite al organismo permanecer así durante años.
Una sola gota de agua basta para revertir el proceso y reactivar las funciones vitales en pocas horas.
Los límites de una criatura legendaria
Aunque el tardígrado ganó fama de criatura indestructible. La Agencia Espacial Europea describe el experimento de 2007 como la primera demostración de que un animal puede sobrevivir a la exposición directa al espacio, no como evidencia de una resistencia ilimitada. Esta capacidad extrema existe únicamente durante el estado seco de criptobiosis.
Un tardígrado hidratado y activo, si quedara expuesto al vacío espacial, moriría como cualquier otro animal, porque sus células siguen necesitando agua líquida para funcionar. Incluso en criptobiosis, la combinación de vacío y radiación solar directa demostró tener un límite claro: cuanto mayor era la dosis recibida, menor era la probabilidad de supervivencia.
Este hallazgo despierta interés en investigaciones sobre la protección de astronautas y la conservación de tejidos biológicos, alejándose de la imagen popular de un animal a prueba de todo.
El tardígrado no vive únicamente en laboratorios, e habita en musgos y líquenes distribuidos por todo el mundo, incluso en azoteas, canaletas y jardines de Brasil. Basta una pequeña cantidad de agua acumulada durante algunos días sobre un tufo de musgo húmedo para encontrar, al microscopio, a uno de estos animales en plena actividad.













