China está muy cerca de lograr uno de sus mayores objetivos espaciales: enviar astronautas a la superficie lunar antes de 2030. El país ya construye y somete a pruebas los vehículos centrales del programa y se prepara para un paso previo indispensable: explorar el polo sur de la Luna, la zona elegida para sus futuras operaciones humanas.
Chang’e 7, una misión robótica, realizará esa exploración y recopilará datos sobre un territorio que podría resultar decisivo para quienes desciendan después. El cohete Long March 5 Y14 ya llevó la nave hasta la plataforma del centro espacial de Wenchang, aunque China aún no ha anunciado la fecha exacta del despegue.
1. Chang’e 7, la exploradora del polo sur
Chang’e 7 concentra la atención del programa espacial chino. Su tarea es estudiar las condiciones del polo sur, territorio donde se concentran recursos que interesan tanto a China como a Estados Unidos.
La agencia espacial china aseguró que el lanzamiento ocurrirá cuando las condiciones técnicas lo permitan, sin fijar aún un día específico. El aplazamiento de la misión, previsto para este año, ocurrió tras el incidente de un cohete Long March 7A que explotó durante un vuelo con un satélite de comunicaciones.
2. El cohete Long March 10
Este sistema de lanzamiento fue diseñado para transportar astronautas a la Luna. Beijing integró las tecnologías del programa este año en un único proyecto, que combina la exploración no tripulada con la preparación del alunizaje humano.
En 2026, el cohete pasó por una demostración a baja altura que permitió verificar su comportamiento antes de afrontar pruebas más exigentes. El objetivo es dominar tecnologías necesarias para viajar entre la Tierra y la Luna.
3. Mengzhou, la nave que trasladará a la tripulación
Mengzhou es el vehículo pensado para transportar a los astronautas desde la Tierra. Su desarrollo avanza junto al resto del programa y ya fue sometida a un ensayo en condiciones de máxima presión durante 2026.
China había informado en octubre de 2025 que los principales prototipos preliminares de este sistema estaban completos, un hito que marcó el ritmo de todo el proyecto. El vehículo necesitará conectar con otros componentes para completar la cadena de viaje lunar.
4. Lanyue, el módulo de descenso lunar
Este componente tiene una función específica: trasladar a la tripulación desde la órbita lunar hasta la superficie del satélite. Es la pieza que conecta la nave principal con el suelo, en la etapa final del trayecto.
Su desarrollo corre en paralelo al de Mengzhou dentro del mismo cronograma que busca tener todo listo antes de 2030. El módulo permitirá que los astronautas pasen del viaje al descenso sobre la superficie.
5. El traje espacial Wangyu
Diseñado para resistir el entorno lunar, este traje forma parte del equipamiento que necesitarán quienes bajen a la superficie. Su diseño responde a las condiciones específicas del polo sur, la zona elegida para las primeras actividades humanas.
China informó en octubre de 2025 que este traje y los demás sistemas ya tenían prototipos preliminares completados. El traje protegerá a los astronautas en un ambiente hostil durante períodos breves en la superficie.
6. El rover tripulado Tansuo
Este vehículo permitirá que la tripulación se desplace por la superficie lunar una vez concretado el descenso. Su función es ampliar el radio de acción más allá del punto exacto de alunizaje, algo clave para las tareas científicas previstas.
El programa contempla recolección de muestras, exploración de recursos y combinación del trabajo de astronautas con vehículos robóticos antes de volver a la Tierra. El rover resulta esencial para maximizar el alcance de cada misión.
7. La integración de todo el programa lunar
China confirmó este año la unificación de sus proyectos de exploración lunar no tripulada y de alunizaje humano en un solo esquema de trabajo. La idea es que misiones robóticas, como Chang’e 7, allanen el camino para operaciones futuras con astronautas.
El calendario ubica a Beijing cada vez más cerca de Estados Unidos. La NASA apunta a comienzos de 2028 para su próximo descenso tripulado dentro del programa Artemis, mientras China busca lograr el suyo antes de 2030.
La diferencia entre ambos calendarios es de apenas un par de años, lo que explica por qué cada avance chino recibe seguimiento tan cercano desde Washington. El polo sur lunar, con recursos todavía poco explorados, quedó en el centro de esa disputa silenciosa.













