Cuando cuatro alces fueron introducidos en la isla de Terranova, Canadá, en 1878, difícilmente se podía prever el impacto que tendrían sobre el ecosistema local.
Con pocos depredadores naturales capaces de controlar su población, la especie se expandió hasta alcanzar miles de ejemplares.
Se estima que actualmente hay alrededor de 110.000 alces en la isla, una presencia que ha aumentado la presión sobre la vegetación y dificultado la regeneración de los bosques.
¿Cómo llegaron los alces a Terranova?
La introducción fue una iniciativa deliberada destinada a ampliar la fauna de la isla y crear nuevas oportunidades para la caza. Los primeros ejemplares llegaron desde otras partes de Canadá en 1878.
Terranova ofrecía condiciones favorables para su adaptación, con abundante vegetación y un entorno adecuado para la especie. La ausencia de grandes depredadores terrestres, como los lobos, contribuyó posteriormente a su expansión.
El crecimiento de la población de alces
Con el paso de las décadas, la población aumentó considerablemente. La elevada presencia de estos herbívoros ejerce una presión constante sobre la vegetación, especialmente sobre los brotes y árboles jóvenes.
Al alimentarse de estas plantas, los alces pueden dificultar que los nuevos árboles alcancen la madurez y alterar la composición de los bosques. El efecto es relevante en zonas donde la regeneración natural ya enfrenta otras limitaciones.
Consecuencias para los bosques
El consumo continuado de vegetación puede reducir la cantidad de árboles jóvenes y modificar la estructura de determinadas áreas forestales. En algunos lugares, la pérdida de regeneración favorece la expansión de plantas que los alces consumen con mayor facilidad.
Los parques nacionales de Gros Morne y Terra Nova se encuentran entre las áreas donde se ha estudiado el impacto de la elevada población de alces sobre la vegetación.

La situación plantea un desafío de gestión ambiental: reducir la presión sobre los bosques requiere controlar la población de alces y, al mismo tiempo, considerar las características de cada ecosistema.
Lo ocurrido en Terranova muestra cómo la introducción de una especie puede generar consecuencias ecológicas que se extienden mucho más allá del objetivo original.
Décadas después de la llegada de los primeros ejemplares, el manejo de los alces continúa siendo un reto para la conservación de los bosques de la isla.













