Un grupo de radioaficionados neerlandeses logró captar una transmisión emitida por la Voyager 1, la sonda que la NASA lanzó hace casi cinco décadas y que continúa su trayecto fuera del sistema solar.
Se trata de un hallazgo inusual, ya que fue un radiotelescopio gestionado con apoyo de voluntarios, y no una gran instalación profesional, el que logró registrar la tenue señal procedente de una nave situada a más de 25.700 millones de kilómetros.
Hasta este logro, únicamente la NASA había sido capaz de captar esa señal, y lo había hecho con instrumentos de mucha mayor capacidad que los que emplearon los integrantes del grupo AMSAT desde el Radiotelescopio de Dwingeloo, ubicado en el noreste neerlandés.
Con este registro quedó claro que la sonda sigue enviando información desde las profundidades del espacio, pese a emitir en una frecuencia que la antena neerlandesa no contemplaba en su diseño original.
El desafío de alcanzar lo inalcanzable
Captar una transmisión desde semejante distancia requiere superar obstáculos extremos. El movimiento relativo entre la Tierra y la sonda distorsiona la frecuencia de emisión. Un fenómeno que los investigadores debieron corregir mediante cálculos precisos antes de identificar el origen de aquella marca casi imperceptible dentro del ruido de fondo.
Una vez corregidos esos efectos, los investigadores identificaron el origen de la señal: la Voyager 1. La detección confirmó que la sonda sigue funcionando y mantiene su línea de comunicación después de más de 40 años de operación.
La potencia requerida para esta detección subraya la fragilidad de los vínculos que unen la humanidad con sus máquinas más distantes. Un radiotelescopio tradicional, de menor envergadura, no habría podido recoger una señal tan débil.
Sin embargo, el trabajo de los astrónomos del grupo AMSAT mostró que la innovación y la persistencia pueden compensar las limitaciones técnicas iniciales y abrir nuevas posibilidades para seguir naves espaciales en el futuro.
Un viaje que no termina
La Voyager 1 representa uno de los mayores logros de la exploración espacial. Lanzada en 1977, la sonda fue diseñada con una misión original de cinco años para estudiar Júpiter y Saturno. Décadas después, continúa transmitiendo información científica sobre el entorno del espacio interestelar, proporcionando datos invaluables sobre las fronteras del sistema solar.
La distancia actual ronda las 171 unidades astronómicas, y el próximo 13 de noviembre, la Voyager 1 alcanzará una distancia equivalente a un día luz de la Tierra. Lo que significa que cualquier señal tardará aproximadamente un día en llegar hasta la nave y otro tanto en regresar.
Cada transmisión que logra completar su trayecto a través del vacío cósmico representa una victoria técnica cada vez más frágil. Con el tiempo, la nave ha experimentado la pérdida gradual de combustible y el envejecimiento de sus sistemas, factores que limitan cada vez más su capacidad de mantener comunicación.
La energía de las señales de Voyager que alcanzan una antena terrestre se sitúa alrededor de 10 elevado a menos 16 vatios. Una potencia aproximadamente 20.000 millones de veces inferior a la de un reloj digital moderno.
Cuando el transmisor principal falló en octubre de 2024, la NASA tuvo que echar mano, de forma provisional, de un equipo que permanecía inactivo desde 1981. Las proyecciones actuales apuntan a que, en algún momento de los próximos años de esa década, la nave dejará de funcionar de manera definitiva.
La detección realizada por el Radiotelescopio de Dwingeloo no solo confirma que la Voyager 1 continúa operativa. Sino que subraya la importancia de contar con múltiples medios de escucha para preservar el contacto con nuestras sondas exploradoras en el futuro.













