Un ingeniero civil jubilado de São Caetano do Sul registró el 13 de septiembre de 2021 el instante exacto en que una roca espacial se estrelló contra el planeta más grande del Sistema Solar. José Luis Pereira observaba el gigante gaseoso cuando notó el destello producido por la colisión, un fenómeno que casi nunca puede presenciarse desde la Tierra.
El cuerpo tenía entre 5 y 20 metros de diámetro y generó una explosión de unos 5 mil kilómetros de extensión. La mayoría de las rocas que golpean ese planeta pasan desapercibidas. Solo las de mayor tamaño producen un haz de luz capaz de atravesar cientos de millones de kilómetros hasta llegar a los telescopios terrestres.
Cómo se originan los asteroides que caen sobre el gigante gaseoso
Estos objetos son restos de la formación del Sistema Solar, ocurrida hace aproximadamente 4,6 mil millones de años. La mayor parte permanece orbitando el Sol dentro del Cinturón de Asteroides, la franja situada entre Marte y el planeta gigante, aunque esas trayectorias no siempre se mantienen estables.
La gravedad de los cuerpos vecinos altera constantemente esos recorridos, y la masa colosal del gigante gaseoso actúa como un imán que desvía rocas hacia su atmósfera con cierta frecuencia.
La rutina de observación de Pereira
El ingeniero acumuló 6,5 días terrestres de observación continua antes de captar el destello. Perfeccionó sus técnicas con un software creado por el francés Marc Delcroix, diseñado para detectar colisiones en el planeta.
La herramienta procesa de forma automática las grabaciones enviadas por aficionados de distintas partes del mundo y señala cualquier variación anómala en el brillo del disco planetario.
La noche del hallazgo, la alta nubosidad complicaba la observación. Al ajustar el enfoque del telescopio, notó un punto blanco que en un primer momento atribuyó a un error de calibración del equipo.
La confirmación y el peso científico del hallazgo
Al día siguiente, el software procesó los archivos de la sesión y marcó una alta probabilidad de colisión real. Al dividir el video en fotogramas, quedó visible toda la secuencia: el inicio del brillo, su punto máximo y la extinción gradual del destello.
Tras contactar al creador del programa de detección, Pereira obtuvo la validación oficial del episodio. El asteroide viajaba a 60 km por segundo en el momento del choque. Ese dato, junto con el tamaño estimado del cuerpo, permitió reconstruir la magnitud real de una explosión visible incluso a la distancia que separa ambos planetas.
El interés del observador por la astronomía nació en la infancia. Y su enfoque hacia los planetas surgió como respuesta a la contaminación lumínica de las grandes ciudades, que dificulta ver objetos débiles como nebulosas y galaxias.
Con el tiempo invirtió en mejoras mecánicas para su telescopio y construyó un pequeño observatorio propio para proteger el instrumental del viento. Más recientemente, sumó un telescopio solar para registrar erupciones y filamentos en la superficie del Sol.
Registros como el suyo aportan datos concretos que ayudan a dimensionar con qué frecuencia ocurren estos episodios y qué riesgos de impacto enfrentan otros cuerpos del Sistema Solar, incluido el propio planeta Tierra.













