Una estructura de concreto que prometía modernizar el abastecimiento de agua de Los Ángeles colapsó apenas dos años después de entrar en operación. En la madrugada del 12 de marzo de 1928, la presa St. Francis Dam liberó miles de millones de litros de agua que devastaron el cañón y el valle durante cinco horas y media.
El desastre dejó más de 450 muertes, destruyó cientos de casas y arrasó puentes, carreteras y extensas áreas agrícolas en su camino hacia el océano Pacífico.
La tragedia reveló fallas críticas en una obra celebrada y la convirtió en una de las mayores catástrofes de ingeniería en California. Sus consecuencias cambiarían la forma de supervisar infraestructuras de este tipo.
Por qué una estructura tan nueva cedió
La St. Francis Dam era una presa de arco gravedad terminada en mayo de 1926, con aproximadamente 62 metros de altura. La estructura se ubicaba en una región con formaciones geológicas complejas que se comprendían mal durante el diseño y la construcción.
Investigaciones posteriores identificaron problemas graves en las fundaciones y en los puntos donde la estructura tocaba las laderas. En una de esas áreas había rocas débiles y evidencias de antiguos deslizamientos. Con el embalse casi lleno, la presión del agua contribuyó a movimientos que la estructura no podía resistir.
Señales ignoradas en las horas previas
Antes del colapso ya se observaban grietas e infiltraciones, y el volumen de agua que se filtraba por la base aumentaba conforme subía el nivel del embalse. En las semanas previas, se instalaron nuevos drenajes en una zona donde la infiltración se intensificaba. La mañana del 12 de marzo, el encargado de la presa notificó cambios en las filtraciones.
William Mulholland, ingeniero responsable del sistema de agua de Los Ángeles, visitó el sitio con un asistente pocas horas antes del colapso. La inspección no encontró señales suficientes de un colapso inminente, por lo que no se ordenó una evacuación.
La catástrofe en la madrugada
Alrededor de las 23:57 del 12 de marzo de 1928, la presa sufrió un colapso catastrófico que provocó la desaparición de casi toda la estructura,. Miles de millones de litros de agua avanzaron por el valle durante la madrugada y alcanzaron el océano Pacífico pocas horas después.
Una onda de agua, lodo, árboles y rocas arrasó todo mientras muchas personas dormían, agravando la tragedia. La inundación recorrió decenas de kilómetros durante aproximadamente cinco horas y media, destruyendo casas, puentes, carreteras y extensas áreas agrícolas.
Las lecciones que cambiaron la ingeniería
Los expertos confirmaron que la geología del sitio fue mal interpretada y que las fundaciones no eran seguras. El desastre demostró que el concreto resistente no compensa un terreno inestable. Esa lección se grabaría en la memoria de la profesión.
También quedó claro el riesgo de concentrar el diseño, la evaluación y las decisiones en pocas personas sin una revisión externa suficientemente independiente.
En 1929, California creó su propio programa de seguridad de presas y asumió la responsabilidad estatal de supervisar el proyecto, la construcción y el mantenimiento. El desastre fortaleció prácticas como los análisis geológicos más rigurosos y la participación de especialistas externos en evaluaciones de grandes infraestructuras.
La presa St. Francis Dam sigue siendo una advertencia de que las señales pequeñas pueden ocultar problemas graves.
Las grietas, las infiltraciones y las condiciones del terreno nunca deben ignorarse en estructuras que contienen miles de millones de litros de agua.













