Radares y sensores empezaron a vigilar de cerca la Cordillera de Los Andes ante el temor de un desprendimiento similar al ocurrido en Nepal a fines de agosto, cuando un glaciar se rompió y provocó un alud con miles de víctimas y desaparecidos. Las autoridades sudamericanas buscan evitar un hecho similar en su territorio.
Por eso, las autoridades eligieron tres lagunas de alta montaña para mantener una observación permanente. Cualquier movimiento brusco de tierra o subida repentina del nivel del agua activa el sistema de aviso para las comunidades cercanas.
1. Palcacocha, la laguna bajo la lupa
Esta laguna concentra buena parte de la atención por su historial de peligro y su cercanía con zonas pobladas. El Instituto Geofísico del Perú (IGP) instaló allí equipos de medición que funcionan en tiempo real. Cualquier alteración detectada genera una alerta inmediata para quienes viven en las quebradas cercanas, antes de que el agua avance montaña abajo.
2. Gangrajanca, otro punto crítico
Al igual que Palcacocha, esta laguna forma parte del trío bajo vigilancia constante del IGP y el INAIGEM. Ambos organismos comparten información para anticipar cambios bruscos en las lagunas.
La cercanía entre estas lagunas exige un seguimiento conjunto, ya que un desprendimiento en una de ellas podría afectar también el entorno de la otra.
3. Upiscocha, tercer foco de atención
Upiscocha completa el grupo de lagunas monitoreadas de forma permanente. Su inclusión responde al mismo criterio que las otras dos: la posibilidad de que un bloque de hielo o roca caiga dentro de ella y genere una ola destructiva. De confirmarse ese escenario, el agua arrastraría lodo y piedras hacia las poblaciones ubicadas en las partes bajas de la región.
4. El sistema MOFLU y las quebradas de Áncash
Cinco quebradas de esa región cuentan ahora con la herramienta MOFLU-IGP, pensada para identificar a tiempo el riesgo de desprendimiento de hielo o rocas hacia zonas habitadas.
Las 58 masas de agua señaladas como críticas a lo largo de la cordillera forman parte de un mapa más amplio que las autoridades revisan de forma continua.
5. Yungay, la marca que dejó 1970
La memoria de lo ocurrido en el nevado Huascarán pesa sobre cada decisión actual, e ese año, un desprendimiento destruyó la ciudad de Yungay. Por ese antecedente, quienes administran hoy el sistema de alerta en la región vigilan cualquier cambio en las lagunas.
El derretimiento de los glaciares mantiene activo el riesgo aluvional en toda la cordillera. Por eso, las autoridades vigilan estas lagunas todos los días.













