Un estudio de la Northwestern University identificó 33 diagnósticos distintos vinculados a las olas de calor. Desde sarpullidos en la piel hasta insuficiencia renal, accidentes de tránsito y heridas por arma de fuego. El análisis muestra que las urgencias médicas relacionadas con temperaturas extremas abarcan muchas más condiciones que los golpes de calor y la deshidratación.
El equipo revisó 1.803 diagnósticos registrados en casi un millón de visitas a salas de emergencia y centros de atención urgente en Chicago entre mayo y septiembre, de 2011 a 2023. De ese universo surgieron los 33 problemas de salud asociados con el calor extremo.
La relación entre las temperaturas altas y los episodios de violencia o los accidentes llamó la atención de los investigadores. Los registros no indican si una ola de calor influyó en lo que le ocurrió al paciente antes de que llegara a urgencias.
Registros médicos subestiman impacto de temperaturas extremas
Cuando alguien llega con insuficiencia renal, el hospital anota ese diagnóstico y nada más. No queda constancia de si las altas temperaturas contribuyeron al colapso del organismo. Y esa laguna en los datos probablemente ha permitido subestimar durante años la magnitud real del impacto del calor extremo en la salud.
Para superar ese vacío, los científicos recurrieron a una herramienta pensada originalmente para otro campo de estudio. Hyojung Jang, candidata a doctorado en bioestadística y autora correspondiente de la investigación en Northwestern University, explicó que proteger a las personas más vulnerables a los efectos dañinos del cambio climático es una obligación de salud pública.
Según Jang, si solo se rastrean las enfermedades ya conocidas por asociarse al calor, se subestima la carga real sobre la salud, y eso puede dejar fuera a personas y comunidades vulnerables ante los efectos del cambio climático.
Sarpullidos, esclerosis múltiple y agresiones
Los diagnósticos vinculados al calor incluyeron erupciones cutáneas e hinchazón, insuficiencia renal aguda, esclerosis múltiple, trastornos mentales y de comportamiento, y picaduras o mordeduras de insectos. También aparecieron accidentes de tránsito, agresiones y heridas relacionadas con armas de fuego.
Daniel Horton, profesor asociado de ciencias de la Tierra, ambientales y planetarias de la Northwestern University y coautor del trabajo, señaló que investigaciones previas ya habían mostrado que las personas expuestas a temperaturas extremas suelen actuar con más agresividad, lo que podría estar influyendo en estos resultados.
Horton explicó que, cuando hace mucho calor, el cuerpo y la mente entran en estrés, lo que puede distraer, alterar el ánimo y derivar en más accidentes.
Un método tomado de la genética
Lo que distingue a este trabajo no es solo lo que encontró, sino el método que empleó. La mayoría de las investigaciones sobre calor y salud parte de una hipótesis previa: selecciona algunas condiciones ya asociadas al fenómeno, como enfermedades cardíacas o agotamiento por calor, y busca confirmar esa relación.
Ese enfoque solo puede validar lo que ya se esperaba encontrar. Por eso, el equipo invirtió el proceso y tomó prestado un método de escaneo usado en estudios de asociación del genoma completo.
Esa técnica suele rastrear todo el genoma en busca de genes vinculados a enfermedades sin partir de ninguna hipótesis inicial. Aplicada a los registros clínicos, permitió que diagnósticos inesperados salieran a la luz sin que nadie los buscara de antemano.
Chicago como laboratorio del calor extremo
El cruce de los datos clínicos de la red Chicago-wide CAPriCORN con información climática según el lugar y el momento, permitió entender mejor cómo el calor extremo afecta a los grupos en mayor riesgo. La ciudad tiene antecedentes que dan relevancia especial a esta investigación.
La ola de calor de 1995 dejó 739 muertos en la ciudad, un antecedente que marcó la manera en que la localidad enfrenta hoy las temperaturas extremas.
Daniel Horton codirige el Grupo de Trabajo para Desactivar Desastres del Instituto Roberta Buffett para Asuntos Globales, que desarrolló el Índice de Vulnerabilidad al Calor de Chicago. El Distrito de Parques de Chicago ya utiliza este índice para decidir qué casetas de parque recibirán primero mejoras en el aire acondicionado, con prioridad para los barrios en mayor riesgo.
Los hallazgos, publicados en la revista Science Advances, ofrecen una forma distinta de vigilar la salud pública durante las temporadas más calurosas. Los investigadores señalan que el método podría aplicarse a otras ciudades, estados o países, e incluso a otros tipos de datos de salud, como registros de defunciones o llamadas de ambulancia.













