En Colombia, uno de cada cinco adolescentes ha sufrido abuso sexual digital, una realidad que trasciende fronteras y afecta a millones de menores en el mundo, e un estudio conjunto de Unicef.
ECPAT International e Interpol documentó que aproximadamente 860.000 niñas, niños y adolescentes de entre 12 y 17 años informaron haber experimentado alguna forma de explotación o abuso facilitado por la tecnología.
Las plataformas digitales más populares entre los menores se han convertido en los principales espacios donde ocurren estos delitos. Facebook, WhatsApp e Instagram encabezan la lista de redes en las que actúan los depredadores, seguidas por las plataformas de videojuegos, en las que ocurre el 14 por ciento de los casos.
El peligro aumenta porque la mitad de los agresores tiene una relación previa con sus víctimas: son amigos, familiares o conocidos que se aprovechan de esa confianza.
El peso silencioso del trauma
Las consecuencias psicológicas son devastadoras. Los menores que son víctimas desarrollan ansiedad, depresión, conductas de autolesión e incluso ideación suicida. Uno de cada tres menores no comunica lo que ha vivido a nadie. Ninguno de los adolescentes encuestados presentó una denuncia formal ante las autoridades estatales. Esto perpetúa la impunidad y deja a los agresores actuar sin restricciones.
Las niñas y las adolescentes enfrentan un riesgo desproporcionadamente mayor que otros grupos. Esta vulnerabilidad responde a patrones históricos de poder y a la forma en que ciertos espacios digitales facilitan que los depredadores se acerquen a menores sin suficientes barreras de protección.
De lo virtual a lo real
La violencia sexual digital no es un problema abstracto ni carece de impacto. Genera daños profundos y duraderos en la vida de quienes la padecen y afecta su desarrollo emocional. Su capacidad de relacionarse y su confianza en los espacios que deberían ser seguros para ellos.
Fortalecer las rutas de atención, exigir responsabilidad a las plataformas digitales y a las instituciones públicas y abrir conversaciones honestas sobre el tema son pasos urgentes para proteger a la infancia.













