Caminar más durante el día se relaciona con mejores resultados en la salud psicológica de los adolescentes, según un análisis reciente que incluyó datos de 5.515 jóvenes de 12 años. Los participantes llevaron dispositivos para registrar su actividad física durante tres semanas.
Los investigadores descubrieron que los adolescentes que acumulaban más movimiento diario reportaron menos problemas emocionales, conductuales y de atención aproximadamente un año después. El hallazgo sugiere que una acción sencilla y accesible, como aumentar la actividad cotidiana, podría estar relacionada con el desarrollo del cerebro y el bienestar psicológico durante esta etapa.
Sin embargo, como se trata de un estudio observacional, los investigadores no afirman que el movimiento mejore directamente la salud psicológica.
Movimiento cotidiano, bienestar comprobado
El estudio, parte del proyecto longitudinal Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD), monitoreó a jóvenes en 21 sitios diferentes distribuidos por todo Estados Unidos. En promedio, cada participante registró 9.595 pasos diarios durante el período de seguimiento inicial.
Aproximadamente un año después, los adolescentes completaron un cuestionario breve sobre su estado emocional, comportamiento y capacidad de concentración. La investigación reveló un patrón consistente: a mayor cantidad de pasos registrados, menores fueron las puntuaciones en problemas de salud psicológica.
El patrón no mostró evidencia clara de que el beneficio se detuviera dentro del rango medido, incluso entre los jóvenes más activos.
El patrón progresivo de la actividad
Los científicos dividieron a los participantes en cinco grupos según su nivel de actividad diaria, desde quienes caminaban menos de 5.000 pasos hasta aquellos que superaban los 12.000. Todos los grupos que rebasaban la marca de 5.000 pasos mostraron mejores resultados psicológicos en comparación con el grupo menos activo.
Sin embargo, los investigadores enfatizaron que 12.000 pasos no constituyen una cifra mágica ni obligatoria para todos los jóvenes. El estudio muestra una relación gradual y consistente entre el aumento de la actividad física y la reducción de problemas emocionales, sin un umbral único que cada adolescente deba alcanzar.
Evidencia neurológica adicional
Los análisis de resonancia magnética cerebral proporcionaron pistas complementarias sobre los mecanismos biológicos implicados. Los jóvenes con mayor conteo de pasos presentaban un grosor ligeramente superior en dos áreas específicas de la corteza cerebral externa.
La mayoría de otras medidas cerebrales no mostraron asociación clara con la cantidad de pasos, incluyendo el grosor cortical general, área de superficie total, volumen cortical total y volúmenes cerebrales más profundos.
Una de estas regiones, la corteza paracentral, interviene en el control del movimiento de las extremidades inferiores y en el procesamiento sensorial de esa zona. La otra, la corteza cingulada anterior rostral, ayuda al cerebro a gestionar información conflictiva.
Solo la corteza paracentral mostró un patrón estadístico que podría explicar parte de la relación entre el número de pasos y la salud psicológica posterior.
Estos hallazgos sugieren una posible asociación entre actividad física y cambios en áreas cerebrales específicas durante la adolescencia. Sin embargo, los investigadores señalan que las diferencias observadas en el grosor cerebral son pequeñas. Y que se necesitarían escaneos cerebrales repetidos para determinar si los adolescentes más activos realmente siguen un patrón diferente de desarrollo cerebral.
Lo que permanece sin respuesta
Los investigadores también analizaron si los adolescentes con mejor salud psicológica podían haber sido más activos desde el inicio y controlaron ese factor mediante mediciones previas. Aun después de este ajuste, la relación entre movimiento y bienestar persistió, lo que dificulta atribuir el resultado únicamente a diferencias previas de salud psicológica.
No obstante, los investigadores no pueden afirmar de manera concluyente que el incremento en el número de pasos mejore directamente la salud psicológica. Otros factores no medidos podrían influir en esta relación, e además, los investigadores eligieron los posibles mecanismos cerebrales del mismo grupo que posteriormente utilizaron para probarlos.
Lo que puede hacer que esos vínculos cerebrales parezcan más fuertes de lo que son, por lo que el resultado necesita verificarse en otros grupos.
El siguiente paso será profundizar en estos mecanismos para entender completamente cómo la actividad física cotidiana impacta el desarrollo neurológico y emocional durante la adolescencia.













