Las olas de calor extremas se han asociado con un aumento de las emergencias relacionadas con la salud mental, según diversos estudios recientes.
Sus efectos pueden ir más allá del impacto físico y afectar especialmente a grupos vulnerables, como los adultos mayores y las personas que viven en zonas rurales.
Durante los períodos prolongados de altas temperaturas, las hospitalizaciones por trastornos mentales y del comportamiento, entre ellos la depresión y la ansiedad, tienden a aumentar.
¿Cómo y dónde afecta más?
Entre 2000 y 2019, un estudio analizó más de 2,6 millones de registros hospitalarios en cuatro países.
Los resultados mostraron que, a medida que aumentaban las temperaturas, también se incrementaban las admisiones por emergencias relacionadas con la salud mental, con un efecto especialmente notable en Brasil y Nueva Zelanda.
Los investigadores señalan que factores como la infraestructura sanitaria y el acceso a servicios especializados pueden influir en la magnitud del impacto, particularmente en las zonas rurales.
El calor y su relación con la salud mental
El estudio identificó que las olas de calor están asociadas con un mayor riesgo de problemas de salud mental. Durante los episodios de calor extremo, las admisiones hospitalarias por crisis de salud mental aumentaron un 3%.
En los días posteriores al evento, el incremento observado alcanzó hasta un 6%, lo que pone de relieve la importancia de considerar los efectos de las altas temperaturas sobre el bienestar psicológico de la población.
Los grupos más vulnerables
Los adultos mayores figuran entre los grupos más susceptibles a sufrir complicaciones relacionadas con las olas de calor. Factores como una menor capacidad para regular la temperatura corporal y el uso de determinados medicamentos pueden aumentar su vulnerabilidad.
Asimismo, las personas que viven en áreas rurales pueden enfrentar mayores dificultades para acceder a servicios de salud mental, lo que puede complicar la atención durante eventos climáticos extremos.
Los hallazgos del estudio sugieren que las olas de calor no solo tienen consecuencias para la salud física, sino que también pueden influir en la salud mental.
A medida que el cambio climático favorece la aparición de fenómenos meteorológicos extremos, los especialistas destacan la importancia de incorporar estas consideraciones en las estrategias de salud pública y en la planificación de los servicios sanitarios.









