Levantarse de una silla sin apoyo, caminar con seguridad, bañarse solo, subir escaleras o entrar y salir de un automóvil son tareas cotidianas que pueden convertirse en desafíos con la edad. La práctica regular de ejercicio físico ayuda a los adultos mayores a preservar o recuperar esas capacidades fundamentales para vivir de forma independiente.
A Nilzabel dos Santos Nascimento, de 74 años, residente en el Abrigo del Salvador, la actividad física le permite desplazarse con mayor facilidad y envejecer con seguridad, calidad e independencia.
Nilton de Oliveira Sampaio, de 87 años, busca mejorar su salud porque lleva mucho tiempo inactivo y siente dolores en la columna y la región lumbar.
Fuerza y equilibrio en la vida diaria
El objetivo central del movimiento en la vejez no es únicamente ganar resistencia o masa muscular, sino preservar la capacidad de realizar con seguridad las tareas rutinarias. Cuando disminuyen la fuerza y el equilibrio, acciones aparentemente sencillas se convierten en desafíos que generan miedo a caídas o lesiones.
Un programa de ejercicios bien diseñado revierte esta tendencia, mejora el equilibrio y restaura la confianza en los movimientos.
Jonatas Jesus Santos, profesional de Educación Física del Abrigo del Salvador, explicó al sitio Correio que la disminución de la fuerza y el equilibrio se refleja justamente en las tareas más simples. Con ejercicios bien orientados, es posible preservar y hasta mejorar esas capacidades, lo que ayuda a la persona mayor a envejecer con más autonomía, seguridad y calidad de vida.
Nunca es demasiado tarde para comenzar
No existe una edad en que sea imposible iniciar ejercicio físico. Personas que nunca tuvieron este hábito pueden comenzar después de los 60, 70 u 80 años, siempre que las actividades sean adecuadas a sus condiciones individuales y se realicen de forma progresiva.
Según el especialista, siempre es posible buscar ganancias de fuerza, movilidad, equilibrio y condicionamiento, respetando las particularidades de cada persona.
En el Abrigo del Salvador, donde viven actualmente 130 adultos mayores, la actividad física forma parte de una propuesta integral de cuidado. Los residentes tienen acceso a fisioterapia, pilates, musculación e hidroterapia, además de entrenamiento físico tres veces por semana, en días alternos.
Las actividades se planifican según las necesidades individuales y trabajan la fuerza, el equilibrio, la movilidad, la coordinación y el acondicionamiento físico.
La orientación profesional es fundamental: no basta con estimular a la persona mayor a moverse. También es necesario definir qué ejercicios son apropiados, cómo ejecutarlos correctamente, con qué intensidad realizarlos y cómo avanzar con seguridad. A veces, el mayor logro no está en levantar más peso, sino en conseguir levantarse solo o caminar con más confianza.













