Dormirse en cuestión de segundos no es un don, sino una señal de alarma del cuerpo. El neurólogo Conrado Estol advirtió que casi el 40% de la población duerme menos de lo que necesita.
El especialista propuso una prueba sencilla para detectar el problema: quien concilia el sueño en menos de cinco minutos probablemente arrastra una deuda crónica de sueño. Lo normal, explicó, es tardar entre 10 y 15 minutos en quedarse dormido de forma natural.
Tres claves para un buen descanso
Según Estol, el primer factor decisivo no es la cantidad de horas, sino la regularidad. Mantener el mismo horario todos los días, incluidos sábados y domingos, disminuye el riesgo de morir por cualquier causa, incluido el cáncer y los problemas cardiovasculares.
El segundo elemento tiene que ver con el reloj biológico interno. El neurólogo señaló que la dificultad de muchas personas para levantarse los lunes se debe al desorden de horarios que se produce durante el fin de semana y que ese desfase eleva el riesgo de depresión.
Además, una biopsia muscular realizada en jóvenes con pocas horas de sueño mostró un aumento marcado en los marcadores de inflamación y daño celular.
La eficiencia pesa más que las horas
El tercer pilar que mencionó Estol es la eficiencia: la proporción del tiempo que realmente se pasa dormido respecto del tiempo total en la cama. Lo óptimo, según el especialista, es alcanzar el 85% o más de ese indicador.
Quienes no duermen las horas necesarias duplican la probabilidad de desarrollar demencia, afirmó el neurólogo. Después de los 65 años, el 15% tiene problemas para conciliar el sueño. El 20% no logra mantenerlo durante la noche y el 35% se despierta demasiado temprano.
Riesgos que van más allá del cansancio
La privación crónica de sueño se vincula con un mayor riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Además, el descanso insuficiente se asocia con aumento de peso, presión alta, depresión y accidentes cerebrovasculares.
Por eso, el tiempo que una persona tarda en quedarse dormida puede revelar más que una simple costumbre nocturna. Según Estol, ese dato funciona como un termómetro directo del estado real del organismo.













