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Sensaciones que aterran

Vida moderna

Sensaciones que aterran

Pilar Ortiz | [email protected] Lunes, 21 de Diciembre de 2015 - 10:08

Los síntomas son tan reales que se confunden con los de un infarto, sin embargo al realizar exámenes los médicos descartan cualquier problema en el corazón. ¿Qué hay detrás de los trastornos de ansiedad y cómo se tratan?

Nadie se salva de atravesar momentos de estrés y ansiedad. Simplemente es el cerebro manifestando que estamos viviendo una experiencia que involucra algún peligro. Un perro que sale a atacarnos o una entrevista de trabajo determinante para nuestro futuro son ejemplos de situaciones que indiscutiblemente generan tensión y activan en el cerebro el mecanismo de enfrentar o escapar. Pero, ¿qué pasa si esas reacciones ocurren con demasiada frecuencia e inclusive cuando no hay ningún perro, entrevista de trabajo o amenaza real para producirlas?

El psiquiatra Ricardo Morla explica que los trastornos de ansiedad son una sensación subjetiva de miedo o aprehensión frente a algo que no existe, una amenaza que no es real. Este estado lleva a la persona no solo a vivir una angustia extrema sino también a presentar síntomas físicos intensos, muchos de los cuales están relacionados con patologías graves. La doctora Filza Hussain, especialista en temas de comportamiento de la Clínica Mayo, señala que esto ocurre porque el cerebro es un órgano poderoso que influye en todo el organismo, “cuando la ansiedad secuestra a este sistema central de órdenes, entonces adquiere carta abierta para causar estragos en los diferentes sistemas orgánicos y producir síntomas físicos, aunque el órgano que se esté manifestando no tenga ningún problema”.

Quizás los síntomas parecidos a los de una complicación cardíaca o inclusive un infarto son lo que más llevan a la sala de emergencia, palpitaciones, sudoración extrema, sensación de falta de aire y de desmayo, y opresión en el pecho son síntomas característicos de un episodio de ataque de pánico y quienes lo sienten por primera vez no pueden creer que no estén relacionados con una complicación del corazón o con alguna enfermedad que les puede costar la vida.

Aunque cada trastorno de ansiedad tiene diferentes síntomas, todos se pueden englobar dentro de “un temor o pavor irracional o excesivo”. El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos estima que solo en ese país anualmente 40 millones de personas mayores de 18 años sufren algún trastorno de ansiedad, lo cual nos da una idea de la magnitud que alcanzaría la cifra si la consideramos globalmente. Esta misma institución señala que existen terapias eficaces para tratarlos y que están ayudando a la mayoría de personas que los padecen a superarlos y tener vidas productivas y plenas.

ATAQUES DE PÁNICO

El trastorno de ansiedad más agudo es el trastorno de pánico. “Es el que más asusta”, puntualiza el doctor Morla y señala que los síntomas que produce incluyen palpitaciones o elevación de la frecuencia cardíaca, sudoración, temblores, sensación de ahogo, opresión en el pecho, náuseas o molestias abdominales, sensación de mareo o desmayo, sensación de irrealidad, miedo a perder el control o la razón y miedo a morir, sin embargo, aclara que basta presentar cuatro a más de estos síntomas para el diagnóstico, una vez que se ha descartado que sean producto de otra patología o condición.

Las estadísticas señalan que el trastorno de pánico afecta a dos mujeres por cada hombre y suelen presentarse por primera vez entre los 18 años y los 35 años.

Tener un ataque de pánico no necesariamente significa que la persona va a desarrollar trastorno de pánico, existen muchas personas que presentan un solo ataque durante toda su vida.

“La teoría más aceptada sobre qué produce el trastorno de pánico es que una zona del cerebro involucrada en las respuestas fisiológicas al estrés y al pánico, llamada locus coeruleus está muy sensible y reacciona frente a algún cambio a nivel respiratorio y descarga toda la noradrenalina y adrenalina que tiene dentro y produce el ataque”, explica el doctor Morla. Cuando los pacientes conocen que hay una causa real para lo que están sintiendo, generalmente se tranquilizan porque entienden, ellos y sus familias, que no se trata de echar culpas por falta de voluntad o de fortaleza, sino de un proceso neurobioquímico.

Las personas con trastorno de pánico que sufren ataques frecuentes y muy intensos pueden quedar discapacitadas para hacer una vida normal y tienden a asociar el lugar o la actividad que estaban realizando cuando tuvieron el primer ataque como la causa del problema. Es decir, si la primera crisis ocurrió en un ascensor o en un avión, la persona tratará de evitar subirse a uno a toda costa, lo cual puede llegar a afectar en su vida laboral o familiar. Sin embargo, se considera que el trastorno de pánico es uno de los trastornos de ansiedad más tratables.

El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos afirma que la mayoría de los casos responde a ciertos tipos de medicación y de psicoterapia al ayudar a cambiar los patrones de pensamiento que conducen al miedo y la ansiedad.

ANSIEDAD GENERALIZADA

El trastorno de ansiedad generalizado es más frecuente que el trastorno de pánico, aunque es menos intenso. También es más común en mujeres y se puede describir como un vivir permanentemente con ansiedad. “Son aquellos o aquellas pacientes que se autocalifican como “nerviosas”, tienen un alto componente somático: se quejan de dolores articulares, musculares, en el pecho, sensación de ahogo, entre otros síntomas”, sostiene el doctor Morla.

Estos pacientes siempre tienen alguna preocupación exagerada, aun cuando no haya nada que la cause. Están a la espera de que “algo malo” les ocurra en cualquier ámbito de su vida: laboral, familiar o económico. Generalmente se dan cuenta de que su ansiedad es más intensa de lo que la razón y la lógica señalarían pero se les hace muy difícil controlar sus síntomas. A diferencia del trastorno de pánico, los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada no vinculan su enfermedad con ningún evento ni situación y simplemente expresan que ellos son así: “muy nerviosos”.

El trastorno puede aparecer en diferentes niveles, en los casos más moderados pueden hacer una vida normal, sin embargo puede ir aumentando hasta impedirlo. Un tratamiento con medicación adecuada y psicoterapia les permite descubrir que pueden llevar su vida sin esa angustia inexplicable que los acompaña.

ESTERÉS POSTRAUMÁTICO

El estrés postraumático es generalmente asociado con soldados y personas que han atravesado situaciones de violencia extrema o guerra, pero es frecuente también entre quienes han sido ultrajadas sexualmente y quienes han sido víctimas de asaltos con graves amenazas para su integridad física o la de alguien más.

El evento que generó el trastorno se recuerda recurrentemente y también vuelve a aparecer durante el sueño, provocando la sensación de estar viviendo el acontecimiento traumático nuevamente. De acuerdo al momento de presentación de los eventos postraumáticos, el trastorno puede ser agudo o crónico. “A veces seis meses después del episodio empieza a llegar toda la sintomatología propia de la patología como los flashbacks. La persona está pensando qué va a hacer esa tarde y de un momento a otro se presenta todo el evento, con todas las sensaciones, como si lo estuviera viviendo en ese instante”, explica el doctor Morla, quien señala que existe medicación específica para tratar este trastorno y que debe ser acompañada por psicoterapia. Agrega que puede aparecer tanto en la persona que vivió el evento traumático como en un familiar o en alguien muy cercano a ella.

FOBIAS

Las fobias se pueden dividir en fobias sociales también llamadas trastorno de ansiedad social o en fobias simples (o específicas). Las primeras son las que presentan las personas que sienten una ansiedad excesiva y están demasiado conscientes de sí mismos al afrontar situaciones sociales de la vida cotidiana. Se enfocan desproporcionadamente en la manera en que los demás pueden observarlos o juzgarlos, están conscientes de esa desproporción pero se les hace muy difícil controlarlos y, aunque lleguen a afrontar las situaciones sociales que tanto les atemorizan, las viven con mucha incomodidad y angustia. Puede presentarse únicamente ante un tipo de situación o ante prácticamente cualquier actividad social que vaya más allá de su núcleo familiar cercano.

Las fobias simples o específicas son las que se dirigen hacia la presencia de un objeto o a la posibilidad de vivir una situación que provoca una respuesta de ansiedad irracional. Entre las fobias simples más comunes están las asociadas a animales (ratones, arañas, pájaros) y actos como subir a un avión, ponerse una inyección, ver sangre, entre otros.

Ambos tipos de fobias pueden ser tratadas con psicoterapia. Las fobias sociales suelen aparecer desde la infancia y las simples o específicas en cualquier momento de la vida.

POR SUSTANCIAS O ENFERMEDADES

Una última clasificación incluye los trastornos de ansiedad causados por ciertas enfermedades, entre ellas: la anemia y una alteración en las plaquetas llamada trombocitopenia y las causadas por el consumo de ciertas sustancias que van desde el alcohol, las drogas ilícitas y ciertos medicamentos.

La doctora Filza Hussain sostiene: “si le dicen que su problema es un trastorno de ansiedad, no se desespere ni piense que no lo están tomando en serio, más bien alégrese de que sus síntomas no se deban a un problema médico (cardíaco por ejemplo) y consulte con el especialista cuál es la mejor manera de controlar su afección… hoy los trastornos de ansiedad son tratables”.