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Vencer la dependencia

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Vencer la dependencia

Pilar Ortiz | [email protected] Jueves, 07 de Febrero de 2019 - 14:52
La dependencia a una sustancia o adicción es una enfermedad que provoca cambios en el cerebro que le impiden a una persona dejar de consumirla, a pesar de saber que le traerán consecuencias negativas. Consultamos al doctor Fabrizzio Delgado Ramos, médico psiquiatra con una subespecialidad en Adicciones, quien es miembro del equipo de esta área en la Universidad UT Southwestern en Dallas. 
 
¿Qué ocurre en el cerebro de una persona que tiene dependencia a una sustancia?
Se produce una especie de adormecimiento y secuestro de los centros de recompensa del cerebro, adormecimiento debido a que las drogas secretan dopamina y sustancias que causan placer en una cantidad mucho mayor a la de los estímulos naturales. Si sucede un día no pasa nada, pero cuando el consumo ocurre por meses o años, la persona crea tolerancia a la sustancia y ya no siente el placer que sentía al inicio.
 
Con el paso del tiempo y debido al adormecimiento del centro de recompensa, se va perdiendo la capacidad de sentir placer por cosas o situaciones que naturalmente deberían provocarlo, como la comida, el éxito laboral o la familia. Luego, el estado anímico del que sufre de adicciones tiende a la depresión (por una agotamiento de neurotransmisores)  y el objetivo del consumo de drogas ya no es la búsqueda de placer sino una relativa sensación de normalidad, es decir consumen para no sentirse tan mal. Al mismo tiempo entran en un ciclo en el que los estímulos externos aumentan la necesidad de consumir. 
 
 
¿Cómo funcionan los estímulos externos específicamente? (Personas, lugares y cosas)
Por ejemplo, cuando una persona lleva meses comprando droga en un lugar, con solo acercarse a las calles cercanas, viendo a su “dealer”, a las personas con las que consume o viendo las jeringuillas o los recipientes de droga, su cerebro empezará a segregar químicos que lo inducirán a ir a buscar la sustancia. La persona no es capaz de frenarse, algo lo obliga a hacer eso que no quisiera hacer.
 
¿Es igual en todas las adicciones?
Sí. A través de diferentes procesos pero todas las sustancias que producen adicción llevan al mismo adormecimiento y secuestro del sistema de recompensa del cerebro. El alcohol y el cigarrilo que causan un problema gravísimo porque son sustancias legales y socialmente aceptadas. No se puede ir a una reunión donde no se sirvan bebidas alcohólicas. Y lo mismo ocurre con el cigarrillo. Las estadísticas señalan que en Estados Unidos el tabaco mata a 450.000 personas al año, el alcohol 88.000 y todas las drogas ilícitas juntas (heroína, cocaína, metanfetaminas, sedantes, etc.), 66.000. 
 
¿El funcionamiento correcto de la corteza prefrontal puede recuperarse, si se deja el consumo?
Si, y eso es lo bueno. Hay medicamentos disponibles para dependencia a opiodes (como la H) y para el alcoholismo. Y hay tratamientos experimentales o anecdóticos para otras sustancias, por ejemplo, para la dependencia a la marihuana se están empleando unos fármacos que trabajan en los receptores cerebrales GABA. 
 
En el momento en que se empieza a tratar al paciente con medicinas, con grupos de apoyo y soporte familiar se puede interrumpir el ciclo del vicio y el cerebro puede recuperarse. Sí es posible, aunque siempre queda el riesgo de una recaída. Como en cualquier enfermedad crónica como la Diabetes o la Hipertensión. 
 
¿La recuperación en más difícil con algunas sustancias que con otras?
A pesar de ser tan común, una de las más difíciles es el alcoholismo. El alcohol actúa en casi todos los receptores del cerebro, por lo que lograr un equilibrio es más difícil. Se pueden dar medicamentos como antagonistas opioides que actúan en los receptores del centro de recompensa (Nucleus Accumbens) para disminuir las ansias por beber alcohol, La dependencia a la H se puede manejar con metadona o buprenorfina, por ejemplo. Con estos medicamentos ha habido excelentes resultados y recuperación. Aunque la adicción a la H es más dramática, se puede manejar más fácilmente que el alcoholismo desde un punto de vista terapéutico.
 
La adicción a la cocaína también es difícil de tratar. Justamente en la universidad en la que trabajo estoy participando en el desarrollo de un nuevo producto que ayude a los pacientes que consumen estimulantes. 
 
 
¿La propensión a las adicciones tiene un origen genético o la crea el entorno?
No es cien por ciento genético ni cien por ciento causada del entorno. Es una combinación. Esa persona que tiene una predisposición genética a la adicción, si no entra en contacto con la sustancia, no va a desarrollar adicción. La predisposición genética pone en mayor riesgo pero no es definitivo, el ambiente familiar y social puede evitarlo.
 
Quienes tienen esta predisposición generalmente son los que suelen ser resistentes al alcohol al principio, se jactan de que toman más que los demás y no se emborrachan. Son los que están en mayor peligro. Un factor genético los protege de la intoxicación al inicio, como no se sienten intoxicados consumen más que los demás, van creando dependencia fisiológica. Los otros se empiezan a sentir mal y se detienen. Ellos no. Así se va creando la dependencia. 
 
¿Le parece conveniente informar a los niños de que hay antecedentes de adicción en su familia para que eviten iniciarse en el consumo y explicarles sobre su predisposición?
Sí, mientras más temprano, mejor, pero tomando en consideración la madurez de cada niño. Se está comprobando que el consumo de alcohol y de H localmente empieza a los 13 años o antes. El consumo de la droga H es tan grande entre niños y preadolescentes que nuestro futuro como país está en peligro. 
 
El cerebro de los adolescentes está en pleno desarrollo y si empieza a recibir alcohol, mariguana, H u otro tipo de drogas, no podrá hacerlo de la manera correcta. Y si, además, ese joven tiene susceptibilidad a enfermedades mentales, el cuadro se complica más. 
 
Las adicciones y las enfermedades mentales se terminan juntando. Es difícil saber qué fue primero, pero las cifras señalan que entre el 40 al 50 por ciento de personas con enfermedades mentales como bipolaridad o esquizofrenia tienen también trastorno de adicción.