Carchi, la cuna del pedal ecuatoriano | Vistazo

Carchi, la cuna del pedal ecuatoriano

Vida moderna

Carchi, la cuna del pedal ecuatoriano

Alejandro Pérez / [email protected] Lunes, 08 de Julio de 2019 - 15:22
En 1966 apareció el nombre del Carchi a nivel nacional, cuando sus pedalistas ganaron la primera vuelta ciclística al Ecuador. Cincuenta y tres años más tarde, Richard Carapaz ubicó el nombre de su tierra en el mapa mundial. Vistazo recorrió la cuna de los campeones y entrevistó a las ex glorias de este deporte para conocer sus secretos.
 
Esta historia empieza en 1966. El 23 de agosto decenas de carchenses cruzaron la frontera para llegar al aeropuerto de Ipiales, en Colombia. Una vez allí, no esperaron que el avión de la Fuerza Aérea Ecuatoriana terminara de apagar sus motores, sino que se abalanzaron hacia la nave para bajar en hombros a sus héroes: el equipo del Carchi que ganó el trofeo de la Primera Vuelta Ciclística al Ecuador. Era el primer triunfo que la provincia conseguía a nivel nacional y aquello le llenaba de orgullo.
 
En el parque central de Tulcán esperaban cientos de personas para el festejo. Muchos se subieron a los árboles para poder escuchar los halagadores y patrióticos discursos, puesto que en ese entonces no había micrófonos ni amplificadores. De pronto, una rama se rompió, llevándose a unos cinco ciudadanos al piso. “Hasta los árboles inclinan sus ramas para rendir homenaje a nuestros deportistas”, se escuchó decir a alguien con el humor característico del Carchi.
 
Así lo recuerda Nelson Polivio Dávila, quien acompañó como médico al equipo carchense. En ese entonces tenía 26 años y le juró amor eterno al deporte de dos ruedas. Se convirtió en dirigente, fue presidente de la Federación Ecuatoriana de Ciclismo y organizó tres de las 35 vueltas al Ecuador que se han realizado desde entonces. Ahora cuenta esas anécdotas desde su consultorio médico en Tulcán, donde guarda fotos, recortes de periódicos y reconocimientos.
 
En esa primigenia competencia se inscribieron 75 ciclistas, pero solo 40 terminaron los mil kilómetros de recorrido que a travesó varias provincias del país en nueve días. Los hermanos Hipólito y Jaime Pozo, del Carchi, lograron el primer y segundo lugar. El tungurahuense Víctor Hugo Morales llegó tercero.
 
“Así hicimos conocer al Ecuador donde queda el Carchi. Fuimos la primera generación de ciclistas. Ahora Richard Carapaz ubicó nuestra tierra en el mapa mundial; él y otros jóvenes son la cuarta generación”, comenta entusiasmado Jaime Pozo, una de las ex glorias del deporte bandera de esta provincia. Recibe a Vistazo en su domicilio en Tulcán y muestra las fotos a banco y negro de las primeras carreras de la década de 1960, cuando el ciclismo de ruta se hacía por carreteras de tierra o a medio construir el asfalto.
 
Hipólito y Jaime Pozo ganadores de la primera Vuelta Ciclistica al Ecuador en 1966.
 
Fueron los primeros pasos del deporte de dos ruedas, sin mayor técnica ni seguridades. Algunos pedalistas eran conocidos como “suicidas” por su intrepidez para bajar a gran velocidad caminos en los que un resbalón podría provocar fracturas o la muerte. Las bicicletas eran rudimentarias. No había zapatos ni ropa apropiadas.
 
“Una vez me caí en la bajada de Tandapi, la bicicleta voló por un lado y yo por otro. El mecánico me dijo: “Compadre, ya cambié la rueda que se dañó, pero si le falta un brazo no puedo hacer nada”, recuerda Pozo con una carcajada. Atrás quedaron los tiempos en los que se coronó como campeón en tres vueltas al Ecuador; hoy tiene 66 años y el médico le impidió el ciclismo, pero el humor lo mantiene intacto.
 
La vida en el campo
En las zonas rurales del Carchi todo niño es un ciclista en potencia, al menos así lo considera Paulo Caicedo, ex gloria y entrenador de la última generación de pedalistas en la provincia del norte. En diferentes etapas, fue el encargado de preparar a Richard Carapaz, Jonathan Caicedo y Jhonatan Narvaéz cuando eran adolescentes. Este año, estos tres jóvenes ecuatorianos compitieron en el Giro de Italia, junto a la élite del ciclismo mundial.
 
Los tres provienen de comunidades donde de niños caminaban largas distancias para ir a la escuela o ayudar en el campo a sus padres, en zonas donde la agricultura y la ganadería son las únicas alternativas de trabajo. “Se trata de un entrenamiento inconsciente que uno hace desde niño, fortaleciendo las piernas y cuando se empieza a entrenar ya se tiene una ventaja. Es así de sencillo”, dice Paulo Caicedo, apodado “La Brujita”.
 
Su hijo Pablo Caicedo, también ciclista, devela otros secretos. “En el campo la vida es tranquila, cae la noche y se duerme temprano, no hay señal de televisión o celular. Eso hace que los niños y jóvenes estén descansados al siguiente día, sea para caminar a la escuela, ayudar en las labores del campo o entrenar en la bicicleta. Eso no pasa en la ciudad”, comenta.
 
Tres generaciones: Paulo Caicedo, exgloria del ciclismo, su hijo, también medallista; y su nieto, que seguirá los mismos pasos. 
 
Y esa fue la experiencia Richard Carapaz. “Él nos ayudaba desde muy pequeño con las vacas, con los mandados. Le compré una bicicleta cuando era muy niño y desde ahí empezó su afición”, dice su padre Antonio Carapaz, quien se dedica a la ganadería en la comunidad La Playa.
 
La madre del campeón, Ana Montenegro, recuerda que nunca tuvieron televisión hasta que Richard se fue a Europa. Recién en ese entonces contrataron televisión por cable, para ver las competencias. “Richard era tranquilo, dormía temprano. A veces salía a los entrenamientos a las cinco de la mañana”.
 
Cincuenta años atrás. Los hermanos Pozo, ganadores de la primera vuelta ciclística, vivían la misma historia en Tulcán, cuando en ese entonces era rural. Su madre hacía pan y los hijos debían ayudar a entregarlo a las tiendas.
 
La bicicleta era el único medio de transporte. Allí empezó el entrenamiento. “En el campo uno se prepara sin saber lo que viene”, comenta Jaime Pozo.
 
Otro factor determinante es la altura a la que entrenan los carchenses, entre los 2.800 y 3.400 metros sobre el nivel de mar. El doctor Nelson Dávila explica que a esta altura las personas desarrollan más hemoglobina, sustancia que trasporta el oxígeno por el cuerpo. Si a eso añadimos bajas temperaturas, la geografía del Carchi se convierte en un laboratorio propicio para entrenar y ganar ventaja sobre quienes se desempeñan a nivel del mar.
 
Ni Europa hay mejores condiciones para el entrenamiento ya que tienen cuatro estaciones. “En Ecuador tenemos dos estaciones, pero en Carchi creo que solo es invierno”, bromea Dávila.
 
Don Antonio Carapaz y Ana Montenegro, en la casa donde criaron a Richard, ahora campeón mundial. 
 
La influencia colombiana
En la década de 1950 Carchi era una provincia olvidada. El control aduanero en la frontera no era mas que una caseta y un palo con piedras en el extremo que servía de peso para subirlo o bajarlo y, de este modo, permitir el paso. Tal era el olvido que las únicas emisoras de radio que se escuchaban eran colombianas. Por eso, los carchenses fueron los primeros en contagiarse de la emoción de las vueltas ciclistas a Colombia que indicaron en 1951.
 
Según los relatos de la época, los pedalistas eran descritos como “centauros”: la fusión del hombre y la máquina de dos ruedas. “Eran nuestros héroes. A veces los locutores también ponían un poco de imaginación para generar más emoción a las competencias. Ahora no es lo mismo verlo por la tele”, comenta Jaime Pozo. Aunque reconoce que se le fueron las lágrimas al ver por Tv cómo Richard Carapaz ganó su primera etapa en el Giro de Italia.
 
Durante cinco años, las ex glorias del ciclismo carchense, solo tuvieron los relatos radiales de las hazañas que implicaba recorrer un país en bicicleta. Hasta que el 1955, la vuelta a Colombia incluyó la etapa Pasto-Tulcán”. Aquel año conocieron por vez primera las bicicletas de carreras con los manillares en forma de “cuernos encorvados”. Fue algo nuevo y allí nació la idea de hacer una vuelta al Ecuador que tardaría más de 10 años en hacerse realidad.
 
El ciclismo se convirtió en el deporte bandera del Carchi, pero ha permanecido siempre ligado a Colombia, ya que en el país vecino hay mayor respaldo de instituciones públicas y privadas. El mismo Richard Carapaz fue a un equipo colombiano antes de dar el salto a Europa. Si se quedaba en Ecuador, quizá no habría logrado llegar al podio mundial.
 
La prefectura del Carchi mantiene un equipo juvenil, en el cual invierte entre 120 y 200 mil dólares anuales. En otras provincias no hay este tipo de apoyo. De allí salió Carapaz, pero no puede mantener a los deportistas cuando pasan a la “élite”, por eso deben salir a Colombia donde hay equipos y empresas que los respaldan.
 
Ante este panorama, en 2016 Carapaz y su amigo Jorge Montenegro, también ciclista decidieron abrir una escuela para los niños de La Playa. Son 15 chicos, algunos de los cuales ya han ganado competencias a nivel nacional. El objetivo es que los talentos no se pierdan por falta de recursos.
 
Sin bien, los chicos del campo tienen mayor resistencia y predisposición para convertirse en grandes deportistas, muchos lo abandonan por necesidades económicas. “Ahora que Richard tiene más fama esperamos que grandes empresas quieran apoyar nuestra escuela. Iniciamos con 28 mil dólares que ganó Richard para comprar las bicicletas y uniformes, pero necesitamos más recursos para seguir ayudando”, dice Montenegro.
 
Para muchos, este nuevo furor del ciclismo carchense y nacional, que aparece a 53 años de la primera vuelta al Ecuador, es la oportunidad para darle un empuje a este deporte y seguir cosechando triunfos a nivel internacional.
 
El equipo de la Policía
Cuando el ciclismo carchense empezó a despuntar en Ecuador y otras competencias en América Latina, los dirigentes se dieron cuenta que no podrían seguir sin el respaldo de las instituciones. Los deportistas tenían sus familias que alimentar y nadie les pagaba por correr.
 
En la década del 80 a Nelson Dávila se le ocurrió la idea de ingresar a los ciclistas como miembros de la Policía Nacional. Para ese entonces los comandantes carchenses, contagiados por el entusiasmo de las victorias de sus paisanos, no tenían otra opción que aceptar. Eso permitía que los jóvenes tengan un sueldo como ingreso fijo para dedicarse al ciclismo.
 
“Entrenábamos en las mañanas y nos poníamos el uniforme de policías en las tardes”, dice Pedro Rodríguez, cinco veces campeón de la Vuelta a Ecuador y con títulos a nivel regional. Recuerda que a veces no era tan fácil: “Teníamos la presión de que, si no ganábamos, nuestros superiores no nos daban permiso para entrenar. A veces nos decían: son ciclistas o policías. Pero siempre nos respaldaron”.
 
 
En este equipo figuraron, además de Rodríguez, Paulo Caicedo, Estuardo Pailacho, Héctor Chiles, entre otros. Todos ya se jubilaron o pidieron la baja de la institución.
 
Ahora que se vuelve a poner de moda el ciclismo por los triunfos de Carapaz, Rodríguez pide que se retome esta iniciativa. “¿Por qué el Ejército, la Policía o las empresas públicas no integran equipos de ciclismo? No les cuesta mucho tener unos cinco o seis deportistas que cumplan funciones medio tiempo y el otro medio tiempo entrenen. Eso sería un verdadero apoyo al deporte. Quitar impuestos a las bicicletas no sirve”.