¿Vamos a botar alimentos? | Vistazo

¿Vamos a botar alimentos?

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

¿Vamos a botar alimentos?

Miércoles, 31 de Octubre de 2018 - 11:16
La ganadería es la más reciente víctima de la política de control de precios del gobierno. Desde 2008, rige un precio de sustentación a la leche que fue pensado para “fomentar la producción y garantizar la seguridad alimentaria de la población”. Como ya es costumbre en este tipo de bienintencionadas intervenciones estatales, esta política terminó afectando a quienes supuestamente se quería beneficiar: a los pequeños ganaderos. Expliquemos porqué.
 
Los precios son un mecanismo de comunicación que tienen los consumidores con los productores. Cuando un precio sube, los consumidores están avisando a los productores que aumentó la intensidad con la que desean un producto o servicio. Inicialmente, el mayor precio incrementa la utilidad de los productores e incentiva nuevas inversiones para aumentar la producción. En un segundo momento, la oferta incremental provoca que los precios caigan a un nuevo equilibrio.
 
Al fijar un precio oficial de la leche superior al de equilibrio del mercado, el gobierno envió el mensaje irreal a los productores de que los consumidores querían más leche. Como consecuencia, los ganaderos continuaron invirtiendo y mejorando su producción para satisfacer ese pedido a través de una mayor oferta. Pero cuando van al mercado a vender la leche, encuentran que no les pagan el precio oficial de 42¢/ litro, sino apenas 30¢/litro. ¿Qué pasó?
 
Que los ganaderos fueron engañados por el gobierno y su precio de sustentación. Se produjeron dos efectos nocivos para los productores. El primero, que a un mayor precio, aumentó la producción sin que el consumidor desee ese producto. Segundo, que al aumentar la producción subieron también los costos de los insumos productivos (para producir más, se requieren más insumos). Llegamos al peor de los mundos: hay más leche de la que demanda el público y producir cuesta más que los 30¢ del precio de mercado.
 
Frente a esta crítica situación, ya existe un chivo expiatorio: al suero de leche se le acusa de ser el causante de todos los males. El suero de leche es un importante subproducto de la elaboración de queso, rico en nutrientes y sólidos. Se lo usa internacionalmente para agregar valor a la cadena de los lácteos a través de la elaboración de productos: lácteos, farmacéuticos, confitería, cárnicos y embutidos, nutrición deportiva, etc. En Ecuador se lo quiere prohibir para consumo humano. ¡Hay quienes piden que el Estado obligue a que este valioso subproducto alimenticio vaya a parar a la basura para que el precio de la leche suba!
 
Afortunadamente, existen otras alternativas. 1ro. Eliminar el precio de sustentación, verdadero culpable de la crisis que estamos viviendo. 2do. Impulsar el consumo de productos lácteos en el mercado interno a través de campañas de concientización de la importancia en la nutrición en todas las edades (Ecuador consume apenas 92 litros per cápita al año cuando la FAO recomienda 180 litros). 3ro. Abrir mercados internacionales para leche en polvo, productos lácteos y quesos ecuatorianos. La única manera de lograrlo es con un precio competitivo de la leche, caso contrario resultamos demasiado caros.
 
¡Prohibir el uso humano del suero de leche es tan irracional y pecaminoso como que un productor de carne pida que se obligue a desechar las vísceras! Ya es hora de que reconozcamos los efectos nocivos de la intervención estatal en los precios que siempre terminan en escasez o exceso de producción.