Rescate | Vistazo

Rescate

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Rescate

Jueves, 14 de Marzo de 2019 - 14:08
El desenlace en cámara lenta de la crisis venezolana se desparrama en muchas aristas, pero es evidente que el núcleo del problema es la corrupción en sus más diversas manifestaciones. Ahí está el precio del rescate de una república de papel que tiene dos ropajes. El general en servicio pasivo Hamilton Mourao, vicepresidente del Brasil, tuvo el desparpajo de decirlo. Se le está buscando una vía de escape a Maduro, marioneta de una fuerza armada sostén de esa dictadura corrupta, y a todo su séquito de criminales uniformados que prostituyeron los ideales de Bolívar, los principios de una revolución, que podía ser acertada o equivocada, y el futuro de una masa popular paupérrima vegetando sobre riquezas naturales de leyenda.
 
Es tan evidente el precio del rescate que negociado por la comunidad internacional pagará de por vida el pueblo venezolano, que ni el Santo Padre en sus fallidas mediaciones ni la larga lista de exmandatarios que desfilan por la pasarela aluden a sancionar la corrupción. Enarbolan con florida fraseología los principios abstractos de la democracia y algunos profetizan recuperación con la aplicación del liberalismo capitalista ansioso de los recursos naturales venezolanos. Entre tanto solo Guaidó machaca contra la corrupción… ¿para lavarse las manos, ganar popularidad, o perseguirla con una justicia domesticada por 20 años de dictadura?
 
Esto no es una visión pesimista de un tortuoso proceso sino la apreciación realista de una evolución concreta en la región. Que cabalga en el círculo maldito que dibuja el péndulo histórico de la política. Esta evolución del péndulo dictadurademocracia, derecha-izquierda, o civiles-militares, poco a poco se ha enraizado en el denominador común de un valor político cada vez más robusto. El antivalor moral de la corrupción.
 
Los últimos 30 años de política latinoamericana transitaron del gorilarium, que justificaba la guerra fría como una defensa contra el totalitarismo comunista, a la restauración de la democracia civil con sus dictaduras plebiscitarias. Entre las reliquias que se conservan, como la dictadura cubana, detrás de la coreografía de ocasión sobresalen dos muchachos de origen humilde. Dos destinos y un solo dios verdadero. Pablo Escobar y Lula da Silva junto al tótem de la corrupción. Del narcotráfico apoderándose del derecho constitucional para consagrar la no extradición de nacionales, porque es mejor la muerte antes que una cárcel en EE.UU. según pontificaba el patrón del mal, hasta un banco off shore exclusivamente para pagar sobornos a izquierda y derecha en 12 gobiernos democráticos de la región con el líder de la democracia más grande haciendo de jefe de ventas.
 
Con un entorno así es normal que el vicepresidente de derecha de esa democracia plantee que Maduro caerá cuando se le encuentre una vía de escape. Lo que viene después es pan comido, encuestas pagadas para que pregunten qué es lo que más preocupa al pueblo, la corrupción o el empleo…