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Refuerzos

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Refuerzos

Viernes, 30 de Noviembre de 2018 - 09:10
En las últimas semanas se ha evidenciado sin espacio para ilusiones que la cirugía mayor contra la corrupción, ofrecida por el presidente Lenín Moreno, y la sanción a los corruptos así como la recuperación de lo robado, según ordenó la consulta popular, son enunciados vacíos de contenido con el adorno de una alharaca opositora que solo sirve de lavamanos.
 
El influjo pernicioso de una dictadura de 10 años que pervirtió a las instituciones republicanas es tan profunda que las olímpicas proclamas de buenas intenciones se van quedando sin resonancia. Prueba evidente es la oferta de campaña electoral de Lenín Moreno y Guillermo Lasso para luchar contra la impunidad con la cooperación de Naciones Unidas, al amparo de los tratados internacionales contra la corrupción. El Gobierno exhibe la contratación de auditoría internacional a cuatro proyectos emblemáticos lleve en mano, con la cooperación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, que para efectos penales solo es indicativo sin ninguna repercusión contra la impunidad. En definitiva un lavamanos.
 
 
Así como resultó un lavamanos que hace ocho meses el asambleísta Héctor Yépez, ex Suma ahora de CREO, haya propuesto al pleno cambiar el orden del día para tratar la cooperación de Naciones Unidas contra la impunidad a través de una comisión internacional. Pues luego de que fue negado por falta de votos, lo que revela ausencia de cabildeo y preparación del escenario, ni CREO ni Guillermo Lasso han vuelto a insistir en la Asamblea que es donde debe tomarse una decisión, puesto que es el Estado ecuatoriano con todas sus funciones especialmente la judicial quien debe comprometerse en la lucha contra la impunidad.
 
De otro lado, la impunidad se tapa con denuncias que van quedando en el olvido porque hace falta el refuerzo de una comisión internacional de expertos que apoye el esfuerzo de los pocos elementos que en fiscalía han aportado de manera efectiva en este arduo combate. Como por ejemplo la fiscal Diana Salazar en el caso Odebrecht y el fiscal Paúl Pérez Reyna en el caso Balda, pero que ante amenazas de muerte tuvieron que prácticamente salir huyendo de la fiscalía hacia posiciones profesionales que reconocen la valía de sus conocimientos y entereza.
 
Esta debilidad institucional de la fiscalía y el Consejo de Participación Ciudadana en sus funciones de comisión anticorrupción deviene patética cuando se llega a exigir el detector de mentiras que se aplica a los delincuentes en el concurso para seleccionar fiscal. Ni así seleccionen a un superhombre la lucha contra la impunidad llegará a buen puerto, pues ese superhombre necesita el apoyo de expertos internacionales para recuperar lo robado, en caso contrario dependerá de fiscales auxiliares que solo investigan por google.
 
Esa es la triste realidad y ya se conoce la solución, pero parece que Lenín Moreno y Guillermo Lasso únicamente la propusieron para decirlo en el lavamanos de la historia. Ambos deben cumplir.