¿Por qué el 53% de graduados de medicina en Ecuador no aprobó el examen que los habilita como profesionales? | Vistazo

¿Por qué el 53% de graduados de medicina en Ecuador no aprobó el examen que los habilita como profesionales?

Alejandro Pérez / aperez@uio.vistazo.com Viernes, 16 de Abril de 2021 - 16:26
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El 53 por ciento de los médicos recién graduados no aprobó el examen que los habilita como profesionales. Un diagnóstico preliminar revela dos posibles dolencias: que la evaluación fue demasiado exigente o que hay deficiencias en la calidad de enseñanza en las 21 universidades donde se prepararon. La receta, falta por escribirse...

En Ecuador para que un graduado de Medicina empiece a ejercer su profesión debe diagnosticar correctamente, como mínimo, a 81 de 120 pacientes. Puede equivocarse en los 39 restantes, porque luego irá ganando experiencia y podrá especializarse. En teoría, esta es la lógica de lo que se conoce como el “Examen de Habilitación para el Ejercicio Profesional” (EHEP), que rinden los médicos cuando terminan su formación académica, y es requisito previo antes de pasar al año de salud rural y ejercer libremente.

Se trata de una prueba con 120 preguntas. Por ejemplo: “Paciente de ocho años, pesa 24 kilogramos, con estatus convulsivo, señale el fármaco y dosis correcta de anticonvulsionante que debe ser suministrado inmediatamente”. Esta podría ser una de las preguntas más cortas y fáciles, porque otras refieren una docena de síntomas que los noveles médicos deben dilucidar con base en sus conocimientos adquiridos en 10 semestres de universidad y un año de internado.

Este examen se toma desde 2014 y está a cargo del Consejo de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Caces, antes Ceaces). Tras la última convocatoria, de octubre pasado, el síntoma más común para el 53 por ciento de los casi 4.000 graduados fue reprobar el examen. Un diagnóstico preliminar revela dos posibles dolencias: que la evaluación fue demasiado exigente o que hay deficiencias en la calidad de enseñanza en las facultades de Medicina de las 21 universidades donde se prepararon. La receta, falta por escribirse.

Uno podría pensar que acertar a 81 de cada 120 pacientes no es un estándar alto, pero en la prueba anterior, tomada en julio de 2020, el Caces fijó el puntaje mínimo en 64 respuestas correctas. ¿Qué está pasando? ¿Por qué la vara es alta para unos y baja para otros?

El polémico punto de corte
Erick Guerrero tiene 26 años y estudió Medicina en la Universidad de Guayaquil. Hizo su año de internado rotativo en el Hospital de Infectología, justo en el período de pandemia. En octubre se presentó al examen. Después de tres horas frente al computador, el sistema le notificó que acertó en 80 preguntas, superando ampliamente el mínimo de 64 que se fijó para la prueba anterior.

Sin embargo, el cuatro de diciembre, días antes de abrirse la postulación para la medicatura rural, le llegó un correo electrónico: le indicaba que el puntaje mínimo era 81 y debía intentar el siguiente semestre.

Erick y un centenar de graduados, que se sintieron afectados por el cambio en el puntaje mínimo, interpusieron acciones de protección contra el Caces; algunos con el respaldo de la Defensoría del Pueblo. “Todos los que estamos en esta situación, con puntajes altos, contábamos con tener una plaza en la rural y un ingreso económico desde enero, pero nos quedamos sin nada. Más bien, nos ha tocado gastar en abogados. Estamos desempleados, no podemos trabajar porque ser médico no es como otras carreras”, lamenta el joven. ¿Cuándo cambiaron las reglas?

Antes de la pandemia, el examen pasó a ser virtual y el Caces empleó otra metodología de calificación. Se trata de modelos matemáticos complejos, validados y aplicados internacionalmente, que fijan el punto de corte en función del rendimiento de cada grupo, explicó el presidente del Caces, Juan Manuel García.

Esto quiere decir que, cada grupo de graduados rinde la prueba y, posteriormente, un comité de profesores de las universidades y expertos del Caces, fija el puntaje mínimo. La diferencia sería que, mientras el grupo de julio fue el primero en rendir la prueba de forma virtual y en el peor momento de la pandemia, el grupo de octubre ya estaba mejor preparado y, por tanto, su rendimiento fue más alto.

Esto no convence a los perjudicados ni a algunos jueces que les dieron la razón. Aunque Erick, junto a un grupo de 50 graduados de Guayaquil, ya tienen un fallo a su favor, deben esperar la ratificación. No obstante, perdieron su cupo en la rural al menos hasta septiembre.

En otra de las resoluciones, de una estudiante de Cuenca, se señaló que el puntaje para la calificación fue aprobado con fecha posterior al examen, “con lo que se demuestra que no hubo reglas claras, trasparentes y publicitarias (...) lo que constituye una plena violación a la seguridad jurídica”.

El Caces no da su brazo a torcer. García dice que los jueces no pueden habilitar a los médicos con artilugios legales, porque se debe respetar un proceso académico que tiene las reglas claras. Por eso, siguen apelando los fallos. Algunos jueces rechazaron las acciones de protección.

También los graduados de Odontología y Enfermería rinden este examen, pero en esas carreras no hubo mayores reclamos porque no varió significativamente el puntaje mínimo.

Los graduados que se sintieron afectados, por el cambio en la forma de evaluación, hicieron plantones porque se quedaron sin cupo para el año de salud rural.

Aciertos y errores
Varios decanos consultados coinciden en la validez del método aplicado, pero algunos discrepan en la dificultad de la prueba. Ramiro Estrella, decano de Ciencias Médicas de la Universidad Central, dice que hay algunas preguntas de especialidad para la cual los estudiantes recién graduados no están preparados.

También señala que no todas las mallas curriculares son iguales y que es necesario estandarizar eso para que todos reciban una formación similar. “Hay que cambiar y mejorar algunas cosas. Este examen no debe ser un freno en la carrera de nuestros médicos”.

Algunos demandantes también dicen que el método aplicado por el Caces puede ser aceptable, pero hubo errores. “Primero, la prueba se tomó en tres días y evidenciamos que las preguntas se filtraron y beneficiaron a quienes aplicaron el segundo y tercer día. Seguramente eso incrementó el rendimiento general del grupo, pero perjudicó a quienes dimos la prueba el primer día”, dice Alison Clavon, graduada de la Universidad de las Américas.

Junto a otros colegas, expuso estos cuestionamientos en una comparecencia en la Comisión de Salud en la Asamblea Nacional. En esa instancia denunció también que habría un interés impulsado por el Ministerio de Salud Pública (MSP) para elevar el punto de corte, con el objetivo de restringir el acceso a plazas en la medicatura rural. Es decir, el Estado estaría recortando el presupuesto para este sector.

La delegada del Caces a esta comparecencia, la consejera Adriana Romero, presidenta de la Comisión Permanente de Habilitación para el Ejercicio Profesional, enfatizó que no hay injerencia alguna de otra institución; aseguró que el método de evaluación es técnico y público para que cualquier persona la revise.

Vistazo pidió información al MSP para contrastar la afirmación, pero no hubo respuesta. Sin embargo, según un documento oficial, para este año se abrieron 1.829 plazas disponibles para la rural y fueron habilitados 1.820 médicos.

Los asambleístas William Garzón y Ángel Sinmaleza, presidente y vicepresidente de la Comisión legislativa, mostraron su preocupación ya que habría poblados lejanos que se quedarían sin médicos rurales y se comprometieron a investigar.

    

La prueba de fuego
Para los estudiantes que denuncian estos aspectos, ya no es muy importante si la justicia les da o no la razón. Dicen que no tendrían problema en repetir el examen. Lo que importa, dicen, es que sus casos sirvan para que no se vuelvan a cometer errores, como la filtración de preguntas, y que el Caces fije reglas claras. La institución evaluadora niega tal filtración.
 
Sin embargo, aún si se logra superar estos impasses, hay un problema de fondo. Por un lado, tenemos carreras de Medicina que logran que la mayoría de sus estudiantes aprueben este examen, pero hay otras con resultados preocupantes, cuando se supone que todas están acreditadas. Síntoma que deja en entredicho la calidad de la enseñanza.

Nunca se ha presentado el ranking de los resultados por universidades. La consejera Adriana Romero argumenta dos motivos: la realidad de cada carrera es diferente y esto podría servir para estigmatizar a ciertos centros de estudios que tienen los rendimientos más bajos.

Por ejemplo, hay carreras en las que el porcentaje de aprobación es de más del 80 y hasta 90 por ciento y otras en las que apenas pasaron el 30 por ciento. No obstante, revelar estas abismales diferencias daría cuenta de las brechas que aún existen pese a que llevamos años de acreditación universitaria.

El próximo examen que se tomará en abril o mayo será la prueba de fuego: sabremos si el puntaje mínimo se mantiene en alrededor de 81 o cambia drásticamente, desatando nuevos reclamos.

En la Universidad de Cuenca, por ejemplo, se hace un seguimiento a sus médicos graduados y se dictan tutorías para quienes deben repetir el examen, explica su decano José Roldán. La carrera cuenta con su plan de fortalecimiento y, explica que no han bajado la calidad, pese a la reducción del presupuesto de los últimos años que afectó a todas las universidades públicas. Sin embargo, afirma que sorprendió que se fije tan alto la nota mínima entre un semestre y otro.

Por otro lado, Pedro Barberán, decano de la UEES, dice que ellos hacen un esfuerzo por una formación internacional que dote de mayores conocimientos y abra puertas a sus graduados. “Nosotros hemos invertido en laboratorios, clínicas de realidad aumentada, realidad virtual. También nos afectó el que haya subido el puntaje, pero nos mantenemos con estándares altos como otras universidades”, acota.

Para Leonardo Bravo, director ejecutivo de la Asociación de Facultades Ecuatorianas de Ciencias Médicas, es necesario que todas las carreras tengan una malla curricular común.

Explica que el uso de un libro u otro para la enseñanza puede acarrear diferencias porque se recomienda, por ejemplo, para una enfermedad, distintos tratamientos y, eso, en una prueba con respuestas de opción múltiple genera diferencias. Dice que hace falta más sinergia entre la asociación, las carreras de Medicina y el Caces para mejorar la evaluación y no enfrentarnos nuevamente a episodios preocupantes en que más de la mitad de los graduados repruebe la última prueba de su formación.

 

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