Salvando bebés del VIH | Vistazo

Salvando bebés del VIH

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Salvando bebés del VIH

Tristana Santos | [email protected] Viernes, 06 de Noviembre de 2015 - 12:59

La fundación VIHDA, que previene la transmisión de VIH de madre a hijo, fue clave en el desarrollo de un innovador método para administrar medicina a recién nacidos, que ya se usa también en África.

Humberto Mata no tuvo éxito en la política, pero encontró otra forma de servir que ha tenido quizá mayor impacto que el que pudo haber logrado desde un cargo público: ha salvado 818 vidas. Es el número de bebés que no se han contagiado del VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) debido a la intervención oportuna de la fundación VIHDA, que Mata fundó con su pareja, el argentino Maximiliano Novoa, hace nueve años.

Graduado de la Universidad de Harvard y dos veces candidato a Prefecto del Guayas, cuando decidió que la política no era para él, Mata redireccionó sus esfuerzos a la tarea de prevenir la infección de VIH en bebés en gestación, logrando que más de 360 mil mujeres embarazadas se realicen la prueba del virus desde 2007. “Ningún niño tiene que nacer con VIH. Es relativamente sencillo si se detecta a tiempo, que una mujer que tiene el virus, dé a luz por cesárea a un bebé que no está infectado”, dice Mata.

Es un esfuerzo conjunto con el Hospital Gineco Obstétrico Enrique Sotomayor, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil y el Ministerio de Salud Pública (MSP). “Este es un proyecto público privado que funciona”, asegura Mata. La maternidad aporta con el personal médico, el Ministerio pone las medicinas y las pruebas de VIH, y la fundación VIHDA aporta con una psicóloga que da consejería, una laboratorista que procesa las pruebas y voluntarios.


La doctora Mercedes Ortiz, jefa de Control de Infecciones del Hospital
Gineco-Obstétrico Enrique Sotomayor, utiliza un sachet patentado por la
Universidad de Duke, En EE.UU. para suministrar la dosis exacta de
antirretrovirales a recién nacidos. Foto: Iván Navarrete

El programa ataca a la provincia con mayor incidencia de VIH, Guayas, y a la maternidad donde nace casi el 20 por ciento de los ecuatorianos, 25 mil al año, y que es de las más grandes de Sudamérica.

DIAGNÓSTICO A TIEMPO

Hay unas 33.000 personas infectadas con VIH en Ecuador, según el programa ONUSIDA, y solo la mitad lo sabe. Pueden pasar muchos años antes de que el virus destruya el sistema inmunitario y evolucione en el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, o sida.

En las atestadas salas de espera de la consulta externa de la maternidad, que ahora funcionan hasta en el patio, la psicóloga de VIHDA, Claudia Zambrano, se para cada mañana y pregunta fuerte quién sabe cómo se transmite el VIH. Unas voces tímidas responden que por transfusiones de sangre, por relaciones sexuales. Su charla tiene tres objetivos, informarles que no se van a morir de VIH, que existe un tratamiento para que sus niños nazcan sanos, y que es gratuito.

Integrante de la fundación desde sus inicios, Zambrano es probablemente la especialista del país que más diagnósticos positivos de VIH ha revelado, entre 15 y 20 al mes, o una de cada 200 pacientes. “La mayoría son mujeres jóvenes, que han contraído el VIH de su ‘compromiso’ como le dicen ellas, muchas están en su primer embarazo”, explica Zambrano. Estas pacientes son invitadas a recibir asesoría psicológica gratuita, junto a su pareja, en la fundación. “Llegan aterradas, rechazadas, con culpa, pero van fortaleciéndose, les explicamos cada detalle de la enfermedad para que se empoderen y sientan que están en control de la situación”.

EL SACHET MILAGROSO

La Estrategia Nacional del VIH dispone que se realicen cuatro pruebas durante el embarazo, pero muchas mujeres no acuden a consultas previas al parto y no se enteran de que, si están infectadas, deben tener a su hijo por cesárea y no deben dar de lactar. Aunque parezca increíble, la madre embarazada no transmite el virus de VIH al bebé que está en su útero si recibe a tiempo, idealmente desde la semana 15 de embarazo, una fuerte dosis de antirretrovirales. Uno en especial, llamado Nevirapina, se debe administrar también durante la cesárea de forma intravenosa, y los bebés deben tomarlo por vía oral el primer mes.

En estos nueve años, de las madres que han recibido todo el tratamiento, solo una ha dado a luz a un niño infectado. En el mundo, el 2 por ciento de los bebés de madres con VIH que reciben antirretrovirales nace con la infección; en esta maternidad, esa tasa baja al 0,12 por ciento.

Esta eficiencia puede atribuirse a la feroz atención con que la pediatra Mercedes Ortiz y su equipo hacen seguimiento a cada caso. Ortiz, jefa de Control de Infecciones de este hospital, fue quien realizó las primeras pruebas de VIH hace ya 10 años y quien abrió las puertas a Fundación VIHDA. “Nada se esto sería posible sin estos angelotes de la guarda”, dice la doctora mirando a Mata y a Novoa. “Cuando han faltado medicinas o pruebas de VIH, no sé cómo hacen pero las consiguen”.

Hay una parte del tratamiento sobre la que Ortiz no tenía total control: cuando la madre sale del hospital con su hijo en brazos, se le entregaba medicina en pastillas que debía moler y mezclar con agua (como siguen haciendo varios hospitales del país). Luego, cuando consiguieron la medicina en jarabe, se vieron ante el reto de dividirla en recipientes plásticos, goteros, vasitos y jeringuillas. “Esta medicina tan costosa se regaba, la madre le daba mucho o muy poco, no era lo más eficaz”, dice la doctora.

Una sorprendente cadena de coincidencias ha permitido que esa falencia sea solventada por un invento del doctor Robert Malkin, profesor de ingeniería biomédica de la Universidad de Duke, en Estados Unidos. Los guayaquileños Humberto Baquerizo Queirolo, de 23 años, y su hermano Sebastián de 21, estudiantes de ingeniería civil en Duke, que habían hecho prácticas en la fundación VIHDA se enteraron de un sachet o “pouch” de aluminio desarrollado por el profesor Malkin para administrar medicina a recién nacidos. Gracias al vínculo generado por estos hermanos, y a que Sebastián se ofreció de voluntario para ayudar en las pruebas clínicas realizadas en la maternidad en 2013, el “Pratt Pouch” es hoy usado para administrar la dosis exacta de medicina a los bebés. Cada madre recibe 30 sachets numerados, que luego debe entregar vacíos, como prueba de que el bebé completó el tratamiento.


VIHDA, que lideran Mata (atrás) y Maximiliano Novoa, incluye, de
izquierda a derecha a Rachel Mestnik, del Cuerpo de Paz; Adela
Torres y Eliana Robles, ginecólogas de la maternidad; Rosana
Ruiz, laboratorista y Claudia Zambrano, psicóloga.

Este sencillo invento ha sido reconocido por USAID y la Organización Mundial de la Salud, y hoy es usado también en Zambia y Tanzania, en África. “No se había creado una manera segura de que las madres suministren medicina a sus hijos”, escribe el doctor Malking, “el aporte de Sebastián fue absolutamente crítico para que el proyecto despegue”.

LA GRADUACIÓN

Luego de ser monitoreados durante sus primeros 18 meses de vida, si los niños no presentan ninguna carga viral, son oficialmente declarados libres de VIH. La fundación VIHDA realiza la “graduación” de unos 100 bebés al año, es una fiesta emotiva en la que corren las lágrimas, que se celebra en estricta intimidad por el estigma que deben enfrentar estas mujeres. Una de ellas cuenta, como si se acordara de una vida pasada, que su familia la considera muerta desde que se enteró que tiene VIH y que hasta le hicieron un funeral. “Estando embarazada me enteré que mi marido me fue infiel, que yo tenía VIH, que para mis padres y hermanas yo ya no existía, hasta intenté matarme. Ellos tienen vergüenza de se sepa lo que tengo. Pero todo eso lo dejé atrás, yo debo seguir por mi hijo”. Su bebé es uno de los más recientes graduados y recibió un diploma que dice: “Gracias mami por cuidarme y haberme permitido nacer sano”.


Sebastián Baquerizo, estudiante de Ingeniería de
la Universidad de Duke, fue clave en los estudios
de un sachet para dar medicina para bebés.

Humberto Mata, de 47 años sigue trabajando en Tracto Partes, la compañía fundada por su padre, Humberto Mata Salvador, quien ha sido en gran medida responsable de sostener a VIHDA. “Cuando empezamos mi papá nos prestó una oficinita y luego Tracto Partes compró el edificio de al lado (en Pío Montúfar y Pedro Pablo Gómez) y lo donó a la fundación”. El financiamiento para esta obra viene de vender calendarios, agendas, de dar charlas sobre VIH a empresas y de unos 50 donantes.

“Yo me acuerdo en la universidad de acompañar a amigos a recibir su diagnóstico, y salir llorando porque se iban a morir. Y se murieron”, dice Mata, espeluznado a recordar la época en que decidió que debía hacer algo al respecto. “Hoy nadie se tiene que morir de VIH sida”, completa Maximiliano Novoa, de 36 años quien desde muy joven trabajó como activista en la prevención de la enfermedad. Mata y Novoa se casaron legalmente en Argentina hace cinco años. “Nosotros no tenemos hijos pero tenemos mil ahijados”, dice Mata. “Esto es totalmente opuesto a la política, trabajas bajo el radar pero la retribución es increíble. Le quitamos bebitos al VIH, uno a la vez”.