¿Por qué el caso Sobornos es el 'Juicio del Siglo'? | Vistazo

¿Por qué el caso Sobornos es el 'Juicio del Siglo'?

The Economist Viernes, 21 de Febrero de 2020 - 12:50
Facebook
Twitter
Email
En Ecuador es el juicio del siglo. En febrero 10 una de las cortes superiores inició el proceso judicial penal en contra de Rafael Correa, quien fue presidente entre 2007 y 2017 y 20 personas más. Están acusados de recibir y dar sobornos, que niegan. Correa, que fue a vivir en Bélgica apenas terminó su mandato, aspira a jugar un rol importante en las elecciones presidenciales y legislativas, a realizarse en febrero del próximo año. El juicio determinará si puede hacerlo.
 
El actual presidente Lenín Moreno, ha pasado casi los últimos tres años desarmando el legado del expresidente Correa. Había sido su vicepresidente y era considerado su heredero. Una vez en el gobierno, Moreno se rebeló a su promotor. Persiguió a algunos miembros corruptos de la administración de Correa y tomó medidas para restaurar la independencia judicial y de la prensa, que Correa había frenado.
 
El nuevo Presidente reemplazó la incontinencia de su predecesor para gastar con un programa de austeridad, respaldado por un préstamo de 4.200 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional. Expulsó de la embajada en Londres a Julian Assange, cofundador de WikiLeaks, a quien Correa había ofrecido asilo.
 
Las investigaciones sobre Correa y los otros acusados comenzaron en mayo, cuando la investigación de dos periodistas Fernando Villavicencio y Christian Zurita, revelaron un supuesto esquema de sobornos hechos por varias empresas a través de las arcas de la campaña de Alianza PAIS, partido de Correa (hoy de Moreno). Un día después de que se publicó la investigación, la policía arrestó a Pamela Martínez, una exjueza de la Corte Constitucional, quien había sido una asistente del expresidente Correa y que intentaba abandonar el país en un vuelo hacia México. Entre los elementos encontrados, existe una papeleta de un depósito por 6.000 dólares en la cuenta personal de Correa. El exmandatario ha sostenido que se trató de un préstamo personal. Martínez sostuvo en la Corte, que Rafael Correa le preguntó si había destruido las evidencias incriminatorias.
 
También está enjuiciado Jorge Glas, un aliado de Correa y quien fue vicepresidente de Moreno y actualmente está en prisión por una sentencia por sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, empresa que repartió coimas a funcionarios en varios países de América Latina. Entre los enjuiciados en el caso actual se encuentran funcionarios de las empresas SK Engineering, una constructora de Corea del Sur. Varios proyectos durante la presidencia de Correa fueron construidos defectuosamente y sus presupuestos inflados. El gobierno gastó 3.700 millones de dólares, el equivalente al tres por ciento del PIB del país anual, en dos refinerías fallidas.
 
 
Correa, quien será juzgado en ausencia, sostiene que se trata de una cacería de brujas. Recientemente tuiteó: “Mis enemigos están aterrados de la respuesta que la gente les dará en las urnas”. Simón Pachano, catedrático de la Flacso, experto en política, no concuerda con esto. “Es un juicio a políticos, no un juicio politizado”.
 
Esto no hubiese ocurrido, si Moreno no habría restaurado en alguna medida la independencia de las cortes, perdida durante la administración de Correa. En 2018, Moreno convocó a un referéndum, que le autorizó a escoger un panel independiente para revisar lo judicial. Ese cuerpo reemplazó a los fiscales y a los jueces de la Corte Constitucional, que habían sido considerados como títeres de Correa. También cambió al Consejo de la Judicatura, que durante la administración de Correa fue utilizado para destituir a jueces que no eran de su agrado e intimidar a otros. Moreno quitó la mordaza a la prensa al abolir la Superintendencia de Información y Comunicación, una agencia que Correa usó para controlar a los medios.
 
Las reformas fueron imperfectas. El Consejo de la Judicatura se mantiene, sostiene la organización Human Rights Watch. La nueva ley de medios mantiene a la comunicación como un “servicio público”. Aun así, la prensa y las cortes están menos acobardadas que bajo la administración de Correa.
 
Estas reformas y la lucha contra la corrupción dieron popularidad a Moreno en un principio, pero el débil crecimiento económico y la austeridad, la borraron. La economía se encogió el año pasado y crecerá menos del uno por ciento en 2020. Debido a que Ecuador está dolarizado, no puede devaluar para compensar el aumento de salarios que ha sido mayor al de la productividad. Después de que manifestantes impidieron la eliminación de subsidios y la Legislatura debilitó una reforma tributaria, el FMI ha impuesto metas más fáciles para el gobierno. Sin embargo, todavía tiene que realizar recortes y elevar impuestos. Las protestas volverán.
 
El resultado de las elecciones en febrero de 2021 dependerá de quienes pueden capitalizar el descontento. Correa, que por ahora es presentador de un programa de televisión en RT, un canal estatal de televisión rusa, donde entrevista a luminarias de izquierda como el director de cine Oliver Stone y el dictador venezolano Nicolás Maduro, no puede ser candidato a presidente. Sin embargo, no hay dudas de que tiene esperanzas de ser el gran elector. Si es sentenciado, tal vez espere a obtener un perdón de quien quiera que sea el sucesor de Moreno.
 
El principal contendor al correísmo en un campo con muchos aspirantes parece ser Jaime Nebot, un exalcalde conservador de la ciudad costera de Guayaquil. No ha anunciado su candidatura, pero está actuando como aspirante presidencial. Si participa y triunfa, probablemente continuará el trabajo de Moreno de deshacer el proyecto. El camino al poder, no obstante, puede transitar por una corte en Quito.