El 'millonario' Poliducto Pascuales - Cuenca | Vistazo

El 'millonario' Poliducto Pascuales - Cuenca

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El 'millonario' Poliducto Pascuales - Cuenca

Cecilio Moreno / [email protected] Jueves, 24 de Enero de 2019 - 11:39
Monumentales sí, pero mal hechos, medio inútiles y muy caros. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) fue clave para la evaluación internacional a cinco proyectos hidrocarburíferos del anterior Gobierno.
 
Ninguno pasó el examen. La remendada –léase repotenciada– refinería estatal de Esmeraldas, el largamente esperado terminal marítimo de Monteverde, la casi desconocida planta delicuefacción de gas natural de Bajo Alto, la inexistente Refinería del Pacífico y el ineficiente poliducto Pascuales-Cuenca fueron evaluados y desnudados gracias a un acuerdo de cooperación técnica entre el PNUD y el Gobierno Nacional.
 
*REPORTAJE PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA, EL 19 DE OCTUBRE DE 2017
 
El poliducto Pascuales Cuenca fue concebido en 264 millones de dólares pero hasta ahora ha costado 623. Es otra joya emblemática de la Revolución Ciudadana y de Odebrecht.
 
Zoila Molina vio cómo demolían su casa. Ella es del sector La Ramada de la parroquia Ducur, en el cantón Cañar, provincia del mismo nombre. Grande fue su sorpresa cuando cierto día llegaron unos señores a contarle que por debajo de su casita iba a pasar una de las obras emblemáticas de la Revolución Ciudadana: Un tubo que llevaría gasolina, diésel y gas desde la Costa hasta Cuenca. A dos de sus vecinas les pasó exactamente lo mismo.
 
El ducto tiene 217 kilómetros de longitud y casi la mitad corre por la llanura costeña, hasta el cantón La Troncal. Allí se ubica la primera estación, donde una parte de los combustibles se almacena y distribuye, sobretodo, a las gasolineras de El Oro. El resto es rebombeado hacia la Sierra, con rumbo a Cuenca. Hay un tramo de solo 80 kilómetros donde el poliducto debe ascender tres mil metros. “Pendientes muy pronunciadas con terrenos que no son sólidos ni firmes constituyen la principal dificultad de ingeniería”, dijo José Luis Mohedano, técnico de Egis Internacional, una empresa española que fiscalizó el proyecto.
 
Además de la propiedad de Zoila Molina, en el camino se debieron expropiar 2.174 terrenos. El objetivo es extender la red nacional de poliductos que ya contaba con ocho de ellos y con más de mil kilómetros de tubería que transportan unos 180 mil barriles diarios de combustibles.
 
El Pascuales Cuenca es además uno de los contratos en donde se han detectado sobornos de parte de la constructora Odebrecht. Por ello están siendo investigados desde altos funcionarios de Petroecuador, el excontralor, hasta el vicepresidente de la República.
 
Un poliducto es una tubería de acero con carbono, por la cual se envían por paquetes varios combustibles. Cada paquete se denomina “bache” y debido a la diferente composición molecular, en ocasiones ni siquiera es necesaria una separación física ente un bache y otro.
 
Del mar a la Sierra
El ahora famoso poliducto Pascuales-Cuenca se empezó a gestar en 2008 cuando en el puente de mando de Petroecuador estaban algunos almirantes de la Fuerza Naval. Ellos asumieron el control a pedido del presidente Rafael Correa, “para desterrar la corruptela del pasado”, se dijo. En ese año se firmó con Caminos y Canales (Caminosca) un contrato para estudios e ingeniería básica. Realmente fueron dos contratos: uno de 3,4 millones por los estudios y otro de 6,7 millones para fiscalización y gerenciamiento. 
 
En ese tiempo, Canimosca era una próspera empresa ecuatoriana. Tan próspera que la compró la australiana Cardno. Pero cuando revisaron las cuentas, descubrieron que habría ganado contratos repartiendo coimas. Los antiguos dueños están ahora siendo investigados en Estados Unidos.
 
Caminosca entregó sus estudios en 2009 y calculó que la obra costaría 264 millones de dólares. Pero pasaron cuatro años hasta que se decide adjudicar a Odebrecht este contrato. Por el tiempo transcurrido, Petroecuador recalculó la estimación inicial y subió el presupuesto a 272 millones. La oferta de Odebrecht fue de 370, casi 100 millones más del presupuesto. Igual el contrato se firmó. 
 
En octubre de 2013 se dijo que el plazo para la terminación del poliducto sería de 700 días. Hasta octubre de 2017 han pasado 1.430 lunas y aún falta. El costo de la obra también se fue incrementando paulatinamente, a medida que “se descubrían” deficiencias en los diseños. Para abril de 2015 el presidente Correa estuvo en la estación La Troncal y habló de que se estaban invirtiendo 530 millones de dólares y que estaría listo a fines de ese mismo año. No pasó ni lo uno, ni lo otro.
 
Las 100 fallas
El nuevo ministro de hidrocarburos Carlos Pérez García, tras una visita a la obra, dijo: “No hemos firmado el acta de entrega definitiva, se suscribió una provisional. Hubo un listado de todas las objeciones. Son más de 100”.
 
En diciembre de 2016, la Agencia de Control Hidrocarburífero emitió la autorización de operación. Al mes siguiente, un informe preparado por el líder del proyecto, Leonel Pilligua, de Petroecuador, ya daba cuenta de que “se ha estado interrumpiendo el bombeo por presencia de suciedad y partículas metálicas” y que “para realizar la limpieza se instaló filtros adicionales, así como el envío (por el ducto) de herramientas magnéticas”.
 
En marzo último, Cristhian Benalcázar, un técnico en combustibles del sector público, inspeccionó el poliducto de cabo a rabo. Los resultados quedaron plasmados en un informe. En Pascuales desde donde se inyecta gasolina y diésel, “se evidenció que los filtros atrapan material ferroso, la presencia de dicho material genera problemas en la operación de bombeo debido a los daños que provoca”. Muy cerca de allí, en la estación Chorrillos, desde donde parte el gas licuado, “existen dos bombas fuera de servicio debido a defectos de operación”.
 
Una grave preocupación es la estabilidad futura de los tanques de almacenamiento. “Cuando se llega allá, lo primero que uno se pregunta es porqué se construyó en ese sitio, es una terminal construida al pie de la montaña”, dijo el ministro Pérez. En la inspección se detectó que se ha fracturado el hormigón y que para protegerlo se han construido muros de gaviones para evitar drenes en los taludes. 
 
Terminación unilateral
El ministerio le dio 30 días a Odebrecht para que corrija las fallas. Pasado ese tiempo, el Estado decidió dar por terminado unilateralmente el contrato. Según el ministro: “Les debemos 30 millones de dólares, pero ellos sostienen que son 60”.
 
En todo este tiempo de operación no se ha podido bombear, en el mejor de los días, más allá del 80 por ciento de la capacidad de la obra. Y se deberá contratar con otra compañía para que repare el centenar de fallas. Si todo hubiera marchado bien, se decía que el sistema iba a ahorrar 25 millones de dólares anuales en transporte de combustibles. Por tanto se necesitarían 25 años para amortizar el gasto, sin contar reparaciones durante ese tiempo de operación, reparaciones que antes de inaugurarlo ya habrá que hacer. 
 
Mientras tanto a lo largo del trayecto, especialmente en las comunidades rurales de Cañar y Azuay, 4.414 familias han sido afectadas directa o indirectamente. Tres bosques delicados (San José, Javín y Yanacocha) fueron violentados, cientos de anfibios, reptiles y mamíferos vieron modificado su hábitat. Una tesis de la Universidad SEK revela que “parte de las especies afectadas por la construcción del Poliducto se encuentran en la categoría “Amenazado” de acuerdo a la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Zoila Molina solo espera que su sacrificio al perder su casa, sirva de algo en el futuro.