César Carrión habla del 30S: "Temo a una justicia torcida" | Vistazo

César Carrión habla del 30S: "Temo a una justicia torcida"

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César Carrión habla del 30S: "Temo a una justicia torcida"

María Belén Arroyo | [email protected] Lunes, 30 de Septiembre de 2019 - 11:42
César Carrión enfrentó cárcel y persecución. El 30 de septiembre se cumplirán nueve años de una jornada violenta que cambió su vida y terminó con su carrera policial. El exdirector del hospital de la Policía, hoy es asambleísta.
 
Recrea cada uno de los instantes de ese día del cual no se olvidará jamás. César Carrión era un coronel de la Policía que poco tiempo atrás había asumido la dirección del hospital de esa institución. La víspera había regresado de vacaciones. Ese 30 de septiembre de 2010, su historia personal y familiar dio un giro.
 
En la sala de su departamento, en el norte de Quito, tiene instalada una pantalla para proyectar cientos de evidencias que recogió en el curso de su defensa. El correísmo se ensañó con este coronel, asegurando que fue parte de un complot para terminar con la vida del entonces mandatario.
 
Carrión (nacido en Salcedo, Cotopaxi, en mayo de 1958) estuvo privado de su libertad durante más de siete meses, hasta que la justicia lo absolvió en mayo de 2011. El deporte le ayudó a mantener la paz espiritual. Desde 2017 es legislador por CREO en representación de su provincia.
 
Si pudiera volver en el tiempo, ¿qué cambiaría de lo que hizo ese 30 de septiembre de 2010 como director del hospital de la Policía?
Haría lo que hice ese día, cumplir mi labor. Trabajé hasta las 23h30, me puse un mandil blanco porque mi chompa estaba impregnada con gas lacrimógeno. Revisé el hospital. En teoría, él (Correa) podía haber salido desde las cuatro de la tarde, les pedí a los ministros que lo sacaran temprano.
 
Pero había llegado con un problema respiratorio, ¿en qué momento ya estuvo bien? 
Correa llegó a las 10h40 al hospital con síntomas de intoxicación por gases lacrimógenos, le conectaron el oxígeno. Además, pidió que viniera el médico que le había intervenido la rodilla poco tiempo antes, llegaron si no recuerdo mal un doctor y una enfermera. Después de superar ese problema, lo subieron al tercer piso, donde recibía a funcionarios públicos, ministros, generales de la Policía, el entonces comandante general y su ayudante; hasta la vicepresidenta de la Asamblea, Irina Cabezas, lo visitó.
 
¿No estuvo secuestrado, su vida corría peligro?
No. Recibía visitas, su seguridad estaba con él, resguardaba las puertas. Superó el problema respiratorio en el área de emergencias. Yo le vi en el tercer piso, él hablaba por celular. Por eso yo dije, en una entrevista 20 días más tarde, que no hubo secuestro.
 
¿Entonces empezó su calvario?
En la sabatina del 23 de octubre de 2010 me dedicó unas frases, afirmó que yo era un conspirador. No pasaron tres días, yo ya estaba en prisión. Días antes, un médico me visitó y me entregó un video, muestra la escena de la puerta. El problema es que mi abogado le dejó una copia al Ministro de Justicia, quien me demandó. Ese video fue manipulado, como parte del estado de propaganda.
 
A partir de entonces aparecieron unos testigos con versiones contradictorias, para señalar que yo había dicho ‘que le den cianuro a ese hijo de tal’. En las audiencias, yo pedía que pusieran el video original, y no el trucado, según el cual yo supuestamente cerraba con candado el acceso al hospital.
 
Usted estuvo siete meses y medio en prisión. Desde octubre a diciembre de 2010, en la cárcel 4; y luego en el Penal García Moreno, hasta mayo de 2011. ¿Qué significó eso para usted?
Estuve en un pabellón de máxima seguridad, con narcotraficantes del cartel de Sinaloa, sentenciados, esa fue una violación a los DD.HH. poner a un procesado, que era mi caso, con sentenciados.
 
Yo salí el 15 de mayo de 2011, pero el Gobierno insistía en las instancias judiciales para posicionar su versión.
 
¿Por eso fue justamente en mayo de 2011 la consulta popular que le permitió al correísmo meter las manos en la justicia?
Absolutamente. Y confluyeron otros hechos, como la emisión del decreto 632 cuyo efecto fue quitarle la autonomía a la Policía y convertirla en una policía política, violentando la Constitución. Y luego para rematar, vino la persecución a los medios, a través de la Ley de Comunicación.
 
¿Qué piensa ahora que se confirma que con plata de sobornos se posicionó la tesis del intento de golpe blando el 30 de septiembre?
Hoy estamos viendo cómo se destapa, vemos cómo metió las manos en la justicia para manejar los procesos judiciales relacionados con esa jornada. Indigna ver esto. Hace pocas semanas supimos de la lectura de un borrador de Contraloría, se usaron 1,6 millones de dólares para posicionar la tesis oficial del correísmo sobre el 30 de septiembre. Esto solo confirma que vivimos un estado de propaganda.
 
¿Se arrepiente de algo al evaluar todo lo que perdió?
Sufrí persecución por decir una verdad. El impacto no solo en mi núcleo íntimo, esto afectó a toda mi familia, no se diga mi vida personal y mi trayectoria como Policía, que había llevado con dignidad. Estuve 32 años, seis meses, 25 días en la institución. Me negaron la condecoración que nos fue conferida a toda mi promoción, luego de cumplir 30 años. Casualmente, era el 30 de septiembre que cumplíamos 30 años.
 
Las protestas empezaron justamente por eso, porque se aprobó una Ley de Servicio Público que retiraba bonificaciones y condecoraciones. ¿No es irónico?
La Ley de Servicio Público no se publicó el 30 de septiembre de 2010, se aprobó la víspera, pero fue publicada en el Registro Oficial si no me equivoco el 11 de octubre siguiente. Mis compañeros recibieron esa condecoración y yo sigo insistiendo porque no es un favor que me hacen, es un derecho recibir esa condecoración al mérito profesional, en el grado de Gran Oficial, que pertenece a la promoción 45, de la que soy parte.
 
¿Qué siente al pensar que pudo ser general y eso quedó trunco?
Mire, la persecución fue tal que se me procesó por mala conducta. Al final, en una oficina de 3 x 4 metros, fui subdirector nacional de Bienestar Social. Pero volví a ser atacado en una sabatina, ahí decidí la baja forzada, e iniciar una demanda ante la CIDH. Yo esperaba esa baja en junio de 2012, pero demoró un año. Violentaron mis derechos civiles.
 
¿Usted ya tenía previsto ser candidato?
No, no tenía ese plan. Yo estaba entre las cinco primeras antigüedades de mi promoción. Fíjese que al final yo mismo pagué una multa por los daños causados en la infraestructura del hospital de la Policía el 30 de septiembre de 2010. Esos destrozos los tuve que pagar por orden de la Contraloría.
 
¿Usted perdona a los testigos falsos que le incriminaron?
Ellos fueron utilizados, pero cuando digan la verdad, la justicia, y por supuesto yo, les vamos a disculpar porque mintieron.
 
¿Por qué razón mintieron?
Porque fueron inducidos por el Gobierno, se prestaron de voluntarios para corroborar lo que algunos fiscales (entre ellos un juez hoy cuestionado) hacían cuando cumplían órdenes directas del presidente. Los tribunales aún no estaban cooptados, por eso me absolvieron. Yo estuve considerado cómplice de los policías sublevados, sin conocerlos.
 
¿Cuál fue el error de esa jornada del 30 de septiembre?
Nos hemos concentrado en el hecho y en las secuelas. Poco se habla del antes. ¿Por qué no se previno? Era una protesta, quien la convierte en algo más grave fue el entonces presidente.
 
¿Pero, el mayor error fue ese rescate?
Esa orden fue una torpeza. Envían 900 militares, 18 vehículos blindados y quien le rescata es la Policía y quien muere es un miembro de esa fuerza. No sale en vehículo blindado, sale en un carro oficial conducido por un policía y escoltado por otro, cuando la orden militar establecía que la salida debió producirse entre 2 y 3 de la mañana, según luego conocimos. Pero adelantar la hora de la salida fue decisión presidencial.
 
Críticos dicen que usted se candidatizó como asambleísta aprovechando su imagen.
Yo ya no pertenecía a la institución. Fui invitado para integrar la plataforma contra las enmiendas, porque el presidente quería la reelección para seguir su proyecto político. No pensé ser candidato, soy del cantón San Miguel de Salcedo, en Cotopaxi. No soy afiliado ni adherente, pero empecé a difundir la posición contraria a las enmiendas.
 
¿Fue un error que el Gobierno de la Revolución Ciudadana diera el voto a policías y uniformados?
Es cuestionable, no estoy de acuerdo. Se la convirtió en una Policía política.
 
¿Buscó blindaje en la Asamblea como legislador?
Yo puedo poner mi inmunidad a un lado, no tengo problema con eso. Pero temo a una justicia torcida, porque no hay todavía una justicia independiente, confiable. Se ve a una fiscal general luchando, pero no todo el mundo está en esa línea.
 
¿Usted perdona y olvida?
Cuando empecé como asambleísta, el presidente del Legislativo era mi acusador y demandante. No me permitía hacer uso de la palabra. La persecución siguió.
 
¿Cómo podemos dejar atrás el autoritarismo?
Debemos recuperar la institucionalidad. El Consejo de Participación Ciudadana, del cual nacieron Pólit, Baca Mancheno y otras figuras, controlaba todo para encubrir. Mientras no recuperemos la independencia de las autoridades de control no se recuperará la clave del Estado democrático.
 
Hubo anuncios de desclasificar todo lo relacionado al 30 de septiembre, ¿qué pasó?
Yo por mi parte, ya le envié nueve cartas al presidente para que eso ocurra, que desclasifiquen esa información.
 
¿El actual Gobierno protege a alguien?
Por supuesto, no sé a quiénes. Pero la información del uso de gastos reservados evidencia el manejo alegre de esos recursos, y con esos fondos se persiguió y secuestró a opositores. Todo debe salir a la luz pública.