Ecuador Emergency: la solidaridad de los extranjeros tras el terremoto | Vistazo

Ecuador Emergency: la solidaridad de los extranjeros tras el terremoto

Tristana Santos | tsantos@vistazo.com Miércoles, 15 de Junio de 2016 - 11:09
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El terremoto del 16 de abril cobró la vida de varios extranjeros. Los que sobrevivieron se han volcado al voluntariado y a liderar la reconstrucción de sus comunidades.

La casa donde vivían en Bahía de Caráquez cayó sobre ellos como si estuviera hecha de cartas, recuerda el canadiense Pascal Laflamme. Él y su hija de 13 años, Laurie-Ann, resultaron ilesos. Su esposa, Jennifer Mawn, una neuropsicóloga y su hijo de 12 años, Arthur, murieron, pero no al instante. En su agonía, ella alcanzó a decirles que los amaba. No podían verla, solo escucharla, pero estaban atrapados entre paredes colapsadas y no podían ayudarla.

Increíblemente, Laflamme dice desde Canadá que él y su hija planean volver pronto al Ecuador para ayudar a las víctimas del desastre. La familia Laflamme tenía menos de un año viviendo aquí. Él es director de mercadeo del proyecto Las Olas, una gran urbanización con campo de golf y resort que se construye entre Bahía de Caráquez y San Vicente.


De esta familia canadiense que vivía en Bahía de Caráquez,
falleció la madre, Jennifer Mawn, y el hijo menor, Arthur,
sobrevivieron el padre, Pascal Laflamme y su hija Laurie-Ann.

La Costa ecuatoriana, que para tantos extranjeros es un oasis de retiro, se les volvió un infierno. Muchas familias recurrieron a un grupo de Facebook llamado Ecuador Emergency, creado por Nicho las Crowder, autor del libro “100 cosas que considerar antes de mudarse al Ecuador”, para preguntar si alguien había visto a sus padres, a sus abuelos, a sus hijos...

Al menos cuatro canadienses y un norteamericano murieron, y no hay cifras oficiales de los desaparecidos ni heridos. Shayna Cram, directora de prensa del Consulado de Estados Unidos, dice únicamente que “continuamos trabajando con las autoridades ecuatorianas para verificar el bienestar y la localización de todos los ciudadanos estadounidenses en el área al momento del terremoto”.

Con el pasar de los días, en el grupo de Facebook se multiplicaron las iniciativas de ayuda. La gran mayoría de extranjeros había decidido quedarse y poner manos a la obra: construyen casas, atienden a los enfermos, hacen colectas que han servido para comprar comida, pañales, medicinas…


Bruce Schulte, propietario de la empresa de tecnología
Aire.ec, lleva equipos para implementar puntos Wi-Fi
gratuitos en Pedernales, Bahía y Portoviejo.

Muchos de los extranjeros que vienen a establecerse en Ecuador compran una casa, pero el terremoto ha cambiado radicalmente la percepción de la calidad de la construcción, explica Crowder. De hecho, Pascal Laflamme atribuye la tragedia a la falta de control al construir. La familia alquiló una casa en Bahía, que parecía sólida. Luego empezó a notar filtraciones de agua en cada lluvia, paredes cuarteadas y preguntando se enteraron de que la vivienda había sido levantada sobre la misma base de un edificio que colapsó en el terremoto de 1998, sin reforzarla. No podían esperar a mudarse a la casa nueva que estaban construyendo.

“TÚ ERES EXTRANJERO”

En el grupo Ecuador Emergency, Gregory Medeiros reporta que en Canoa, varios americanos están acampando en los patios, al lado de sus casas colapsadas y que a muchos, los militares locales les han negado alimentos, agua y medicinas. “Les han dicho, esta ayuda es para ecuatorianos, tú eres extranjero, esto no es para ti”.

Peter Stromberg, de Colorado, quien tiene un restaurante en Canoa desde hace ocho años, dice que también ha escuchado estos reportes, y que la situación es igual de caótica para ecuatorianos y extranjeros, pero que es peor aún en las comunidades tierra adentro. Él y su esposa, que es enfermera, convirtieron lo que queda de su local en un albergue y han recorrido varias comunidades instruyendo a las familias que escriban en carteles de cartón afuera de la casa cuántas personas viven ahí, cuántos son niños, si hay heridos y qué necesitan además de comida.


Greg Gilliam convirtió su hotel Canoa Beach en un centro
de acopio de víveres y coordina la logística de la entrega
de provisiones en varias comunidades.

Este censo improvisado le ha permitido llevar ayuda específica a cientos de familias. “La ayuda llega a San Vicente y Canoa, pero no llegaba más adentro”, dice por teléfono, “yo lo perdí todo, lo único que tengo es mi auto, un celular para coordinar la ayuda, y mis fuerzas para seguir t rabajando, no necesito más”. Con dinero recaudado de donaciones de amigos en Estados Unidos, Stromberg paga 15 dólares al día a comuneros que se han quedado sin trabajo para que construyan pequeños refugios de caña. “Hay bebés que duermen en el suelo, sin techo, es horrible lo que pasa en las comunidades más alejadas”.

UN PLAN PARA RECONSTRUIR

Muchos ayudan con lo que saben hacer. Roger Lurie y Gerry Strauss, exmiembros del Cuerpo de Paz, se instalaron en la comunidad rural Río Canoa, para construir campamentos para los damnificados. Jack Abercrombie, ha dispuesto que los camiones de su empresa en Quito se utilicen para llevar donaciones a Manabí. Bruce Schulte, dueño de la empresa de tecnología Aire.ec, está habi l itando varias zonas Wi-Fi gratis en Canoa y en los albergues de Bahía de Caráquez y Portoviejo, utilizando equipos de bajo costo. “Varios proveedores de Internet están trabajando como voluntarios, Canoa Beach Hotel hizo una donación de fondos para equipos que han permitido subir el único Internet que está funcionando hasta ahora”, explica Schulte.

Greg Gilliam, el dueño de Canoa Beach Hotel, en los primeros días después del terremoto convirtió su establecimiento en un centro de acopio de medicinas y provisiones, y ahora intenta restablecer la economía local, promoviendo que restaurantes de Quito y Guayaquil compren mariscos manabitas. Pero además, Gilliam lidera una propuesta para expandir el turismo internacional, que él asegura puede ser el motor de la reconstrucción. “En estos días, me volví ecuatoriano. Te garantizo que de aquí nos vamos a levantar más fuertes”.

La propuesta que Guilliam ha presentado a varias autoridades, entre ellas al ministro de Turismo, Fernando Alvarado, tiene tres puntos claves: seguridad para los turistas, acceso rápido con conexiones de vuelos internacionales hasta el aeropuerto de Manta e incentivos para que grandes inversionistas construyan resorts en Manabí. “Deberíamos poder importar maquinaria para la industria turística sin impuestos, una máquina para hacer hielo cuesta cuatro veces más en Ecuador. Necesitamos una zona franca que atraiga a la inversión extranjera millonaria. Manabí tiene algunas de las mejores playas del planeta, tenemos el potencial turístico, gente que quiere trabajar, solo faltan incentivos”, dice Gilliam.

Los extranjeros convertidos en voluntarios hablan del futuro con esperanza. No se van a ninguna parte, tienen la convicción de que Manabí se reconstruirá. “Si algo nos ha dado este desastre, es la oportunidad de hacer las cosas mejor”, resume Gilliam.

DE SURFISTAS A HÉROES

Garrett Parker, de Alaska, organizó a todos los vecinos, incluyendo una joven embarazada, para intentar salir del edificio La Marea en Manta, que quedó inhabitable en el terremoto. Iban a intentar bajar por una cuerda porque las escaleras colapsaron, pero no hubieran podido escapar de no ser por el esfuerzo del bombero Bryan Reyes, un amigo a quien Parker no había visto en años.


Bryan Reyes y Garrett Parker.

Parker es surfista y en una visita a Manta hace ocho años, donde vive su padre jubilado, decidió quedarse y abrir una exportadora de pescado. Conoció a Reyes surfeando y el adolescente le comentó que su madre quería que estudie para certificarse como bombero, pero que él solo quería surfear. “Él es de una familia no muy pudiente, de San Mateo, todos lo convencimos de que tenía que estudiar. Por coincidencia, él es el bombero que llegó a salvarnos”.

“Sacamos a todos uno a uno, luego Bryan me dio un hacha y juntos rompimos todas las puertas del edificio, buscando gente. En el último departamento en el que entramos había una pareja de 89 años, June y Art, son norteamericanos. Nunca olvidaré sus caras, con sus máscaras de oxígeno, me dijeron ‘¿Hey Garrett, vienes a salvarnos?’”. Parker está casado con una ecuatoriana y esperan un bebé, piensa quedarse en Manta y ayudar a reconstruir la ciudad que hoy llama su hogar.