Como almas en pena por un cupo universitario | Vistazo

Como almas en pena por un cupo universitario

María Belén Arroyo / [email protected] Domingo, 22 de Noviembre de 2015 - 09:51
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En septiembre último, 276 mil postulantes rindieron las pruebas ENES. Obtener las notas más altas garantiza becas en universidades top del mundo. También permite acceder a cupos en las universidades públicas nacionales donde, a junio, la oferta disponible cubría apenas el 36 por ciento de la demanda. Esto explica el drama. 
 
Con una sonrisa en el rostro, Mishell Álvarez (18 años) no puede ocultar su alegría. En septiembre rindió las pruebas ENES para garantizarse un cupo en una universidad pública. La nota que obtuvo, 995 puntos sobre 1.000, le asegura no solo eso, sino una beca de excelencia, financiada por el Estado en un centro del extranjero, en la carrera que ella escogió: Ingeniería en Biotecnología.
 
Un año y medio atrás, en su rostro había frustración. Se presentó a la convocatoria de marzo de 2014 y obtuvo 894 como nota. El puntaje no le alcanzó para conseguir plaza en Biotecnología en la ESPE, su primera opción de estudios. En definitiva, estaba sin entrar en la universidad.
 
Criada en un hogar integrado por profesionales –padre ingeniero y madre economista, con tres hermanos mayores, también universitarios– Mishell perseveró. Semanas antes de la convocatoria al ENES de septiembre se inscribió en un curso intensivo: siete días a la semana, de ocho a seis de la tarde. Con ingenieros politécnicos como profesores, se preparó en un centro particular (Hawking-Einstein) para resolver el examen de 120 preguntas. ¿Resultado? Aprobó los tres niveles de razonamiento que abordan las pruebas ENES: lógico, verbal y espacial. Ahora, la exalumna del colegio Benalcázar integra el Grupo de Alto Rendimiento (GAR), cuyos miembros serán beneficiados con becas para estudios en alguno de los 150 centros de élite del mundo.
 

Con un semestre de antelación. En un centro de preparación particular
de Quito, 20 mil estudiantes se adiestran para las pruebas ENES que
rendirán en marzo de 2016. Aquí un aula de 45 alumnos. Muchos
apuntan a becas de excelencia. Foto Segundo Espín
 
La misma protagonista de esta historia, en dos momentos diametralmente opuestos. Del fracaso al éxito, con una alta dosis de sacrificio y preparación de por medio. Cierto es, no todos tienen la misma tenacidad. Para muchos postulantes está negada una segunda oportunidad. Otros insisten.
 
En septiembre, 276 mil postulantes rindieron las pruebas ENES. Éstas permiten identificar a los mejor puntuados para concederles becas de estudios en el exterior. También aseguran que los estudiantes con las notas más altas accedan a cupos para las distintas carreras en los centros universitarios públicos. Para la asignación se toma en cuenta la preferencia del estudiante, quien puede seleccionar cinco carreras distintas, o la misma rama de estudios en cinco centros de educación diferentes. Frente a esa demanda, a junio había cien mil cupos disponibles en las universidades públicas del país. Los centros universitarios privados ofertaban casi 30 mil plazas.
 
Las pruebas ENES –hasta ahora– fueron definidas como exámenes de aptitud, más que de conocimiento. Un reciente anuncio oficial apunta a que podría variar su alcance.
 
 
El cambio en el esquema de obtención de cupos en universidades públicas es uno de los elementos de la reforma integral a la educación superior. El cambio fue planteado por el Régimen actual, que defiende el discurso de la gratuidad y que elevó la inversión en educación superior, como porcentaje del PIB, del 0,72 por ciento en 2006 a 2,12 en 2014. Si bien hay apasionados defensores en el gobierno que la impulsa, no faltan voces críticas, a la hora de valorar el impacto de las pruebas.
 
¿IGUALDAD DE OPORTUNIDADES?
 
En su Enlace del 12 de septiembre, el presidente Correa explicó que el mecanismo de las ENES democratizó el acceso a las universidades públicas y benefició a los sectores más pobres. Como muestra exhibió un documento con un gráfico de barras, según el cual el porcentaje de postulantes que aprueban los exámenes en los sectores medio y popular de la sociedad es idéntico: 24 por ciento. No mencionó que 54 de cada 100 jóvenes de los sectores más pobres se abstienen de rendir estos exámenes. En los sectores medios, 49 de cada 100 se abstienen. (Ver gráfico en barras).
 
Según el Presidente, las pruebas ENES favorecieron el ingreso de estudiantes de hogares que reciben el Bono de Desarrollo Humano a las universidades.
 
Una investigación difundida a fines de agosto en el III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, organizado por la Flacso en Quito, arroja nuevas luces.
 
Un estudio hecho a 4.000 nuevos alumnos de la Universidad Central
reveló que quienes obtuvieron mejores notas fueron aquellos cuyos
padres tenían más grado de instrucción. Foto Segundo Espín
 
El estudio de Santiago Cabrera encontró una relación estrecha entre la aprobación de las ENES y el nivel de pobreza, medida por necesidades básicas insatisfechas (NBI). De los 20 cantones con mayor incidencia, ocho obtuvieron porcentajes muy altos de reprobación de las ENES. De los 20 cantones con menor pobreza, 10 tuvieron porcentajes bajos de fracaso. Estos datos se basaron en los resultados ENES de 2012.
 
En una encuesta levantada a inicios de este año, el mismo investigador analizó las condiciones de vida de 900 de los casi 4.000 nuevos alumnos de la Universidad Central. Con importantes hallazgos. A mayores niveles de instrucción de los padres, mejores notas. Un bajo porcentaje pertenece a grupos afroecuatorianos e indígenas, y apenas el dos por ciento tiene algún miembro de su familia nuclear (padre, madre, hermanos) como beneficiario del Bono de Desarrollo Humano.
 
Las cifras confirmarían la tesis de Pablo Ospina, profesor de la U. Andina Simón Bolívar. “En sociedades desiguales, la universidad repite el esquema; si la intención fue democratizar el acceso, debió haber una política deliberada. La prueba ENES fue otra barrera. El Régimen partió del supuesto del mérito, como si éste nada tuviera que ver con la historia de una familia. El punto de partida son las desigualdades, por ingresos, socioeconómicas y culturales. Las pruebas solo las reproducen”.
 
 
Patricio Pilca, profesor de Filosofía en la U. Central, investiga la reforma universitaria en el marco de una política pública integral. ¿Su hipótesis? Este modelo acentúa la discriminación. “Muchos ingresan a carreras distintas de las que postularon, con la idea de cambiarse luego de uno o dos años. Hay gente que fracasa a la primera, eso va asociado a un sentimiento de frustración”. Su estudio revela que los alumnos terminan adiestrándose para las evaluaciones ENES, más que para ser sujetos críticos en las aulas universitarias.
 
Acceder al cupo de la carrera soñada en una universidad pública estaría atado a la capacidad familiar de costear un curso particular de preparación. En la investigación de Santiago Cabrera, tres de cada cuatro (76 por ciento) nuevos alumnos de la U. Central habían accedido a uno. De ellos, el 38 por ciento pagó entre 101 y 200 dólares; y, el 23 por ciento pagó entre 201 y 300. Los institutos para capacitación proliferan, sin control. Esto pone sobre el tapete una pregunta: ¿dónde queda la gratuidad?