Yaku Pérez Guartambel, el prefecto del agua | Vistazo

Yaku Pérez Guartambel, el prefecto del agua

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Yaku Pérez Guartambel, el prefecto del agua

María Belén Arroyo | [email protected]stazo.com Martes, 07 de Mayo de 2019 - 14:34
A los pocos días de su triunfo electoral (ganó la Prefectura del Azuay), acudió a los páramos de Kimsakocha en señal de agradecimiento. No es casual que escogiera cambiar su nombre mestizo Carlos, para llamarse Yaku. Es la palabra kichwa para nombrar el agua que nace en esas tierras altas, a 3.700 metros sobre el nivel del mar, y que al descender forma el cauce de los ríos, entre ellos, el Yanuncay, uno de los cuatro ríos de Cuenca.
 
Yaku Pérez Guartambel  (Cuenca, 1969) llegó hasta el páramo, con los pies descalzos, como decían los abuelos kañaris. “Hay que quitarse los zapatos por respeto, porque hay una conexión más profunda; en la ciudad el asfalto nos hace insensibles, pero en el campo, al pisar la paja nos sentimos parte de la tierra”.
 
No solo es el Prefecto de la provincia del Azuay, luego de las elecciones de marzo. También obtuvo un triunfo contundente en las urnas, cuando ganó la consulta popular en el cantón Girón, donde se impuso la tesis de no permitir la actividad minera del proyecto Loma Larga de Kimsakocha.
 
Aunque la consulta sobre la actividad minera se realizó en 2019, el proceso realmente empezó 20 años atrás. En 1999, fue uno de los primeros en advertir que la minería afectaría el nacimiento de las fuentes de agua que abastecen al Austro.
 
Él nació en Tarqui (sur de Cuenca) y a los cuatro años tenía que caminar largas distancias, con un balde en la mano. Así fue como tuvo conciencia de la importancia del agua para la vida. Su campaña por la Prefectura la hizo en bicicleta. Armado de su saxofón, estudió música en el conservatorio.
 
 
A 3.700 metros. Kimsakocha es el páramo símbolo de la lucha por el agua. 
 
¿Por qué esa defensa del agua?
Una de las omisiones y, en parte, la orfandad que vive la sociedad, es que no tiene un reino espiritual transversal. En la visión andina, lo espiritual está presente en todos, hasta en la piedra. Los abuelos dicen la piedra no es muda, solo guarda silencio. El samay es el espíritu, está en la piedra, no digamos en el agua.  El runa, el ser humano, es inseparable, estamos conectados todo el tiempo. Eso es lo que nos anima, cuando hay una amenaza a este espíritu, es una amenaza a las personas mismas. Mientras en el mundo occidental decimos ‘la tierra es mía’, en el mundo andino, somos parte de la tierra, no vivimos de la tierra, vivimos con la tierra.
 
Hace más de 20 años, usted era concejal. Ya luchaba por el agua.
Me querían sacar de la concejalía, querían destituirme, porque yo estuve organizando las comunidades, se negaban a desaparecer. El Municipio buscaba que pasaran a ser manejadas por Etapa, la empresa de agua. Habían construido en mingas los sistemas comunitarios. Al final de cuentas, el manejo de los sistemas de agua, sigue en manos de la comunidad. Fue gracias a la resistencia. En esa época (1996-2000) yo era concejal y presenté un reclamo administrativo al municipio, con ese argumento me querían destituir. Llegamos con Fernando Cordero, él para Alcalde, con la misma divisa política. Pero antes de la posesión ya hubo una fractura.
 
¿La defensa de Kimsakocha empezó en 1999?
Ninguna autoridad nos apoyaba. La inmensa mayoría nos decía que somos unos longos que defienden el agua, que están en contra del progreso y de las fuentes de trabajo. En 2006 vino Correa, apenas pasó la primera vuelta ya empezó a darnos las espaldas. Victoria del Portete fue la única parroquia que, acogiendo al derecho a la resistencia, no ejerció el voto. Jamás elegimos a Correa. Nos tomamos la parroquia Victoria del Portete, no permitimos que ingresaran ni la Policía ni el Ejército. No participamos en las elecciones de segunda vuelta entre Álvaro Noboa y Rafael Correa.
 
Pachakutik apoyó a Correa.
Nosotros en Victoria del Portete fuimos los únicos que no apoyamos a Correa, es la parroquia donde inició la resistencia a la minería en Kimsakocha. Antes de ser elegido Correa, sembró dudas. Hablé con él cuatro veces antes de ser Presidente, tres después de la elección. Pero se reunió con las mineras en China y cambió. Antes decía que no le temblarían las manos si había que sacar a empresas que afectaran a fuentes de agua. Luego, nos preguntó si frente a demandas millonarias, le íbamos a ayudar a pagar.
 
Les dijo ecologistas infantiles.
Nos dijo dogmáticos. Se activó la resistencia nuestra. Vinieron la Ley de Minería, la criminalización. Estuve dos veces detenido y dos veces hospitalizado. En 2011 Correa nos señalaba con el dedo. Decía: ‘Si quieren cambiar las cosas ganen en las urnas’. Ese octubre hicimos una consulta comunitaria en dos parroquias, Tarqui y Victoria, el 93 por ciento dice NO a la minería en Kimsakocha. En 2012 decidimos saltar al terreno colonial del Estado, planteamos la consulta popular en Girón. Hubo que esperar siete años para que se diera la consulta popular, tantas impugnaciones, recursos, revisiones, apelaciones, acciones de protección, medidas cautelares…
 
Pero el proyecto minero está en otros cantones donde no se consultó.
Ya ganamos en dos parroquias, en Girón, luego del triunfo plantearemos la consulta en los cantones de San Fernando, Santa Isabel. La consulta popular tiene un efecto vinculante en el ordenamiento jurídico nacional, sino se cae en la figura de desacato. El siguiente paso es hacer la consulta popular en otros cantones.
 
 
Sus críticos dicen que usted plantea volver a la prehistoria.
No hay que hacerse ilusiones que la minería nos va a sacar de la pobreza. Cajamarca, en Perú, antes que llegara la minería, estaba en cuarto lugar de pobreza, ahora está en segundo. Pero ya secaron 30 lagunas. La Ley de Minería dice que la mayor parte de regalías se va para la empresa minera. Así se cae el mito de que con la minería vamos a sacar dineros frescos.
 
¿Qué pasa si hay demandas de las mineras por cambio de reglas de juego?
No tienen autoridad moral para demandar, pero si lo hicieran aplicaría el derecho de repetición. El Estado debe recuperar esos valores, del séquito de ministros que rodeaba a Correa y a Glas.
 
¿Por qué se oponen tanto?
Hay oro, plata y molibdeno en 13 cuencas hidrográficas. Para extraer el oro deben usar agua y tienen que remover millones de toneladas de roca. Van a liberar minerales, como azufre, y eso provoca contaminación. Hay el riesgo de secar ríos. En el páramo nacen ríos que bajan a Cuenca. La planta de agua potable Sustag, de Cuenca, capta el agua del río Yanuncay. La gotita de resistencia empezó en Victoria del Portete, pero la gente se fue sumando, al comprender que está en riesgo el agua, es decir, la vida.
 
¿Qué alternativas plantean? Toda actividad impacta.
Sí, pero el turismo comunitario puede generar ingresos. La mayor apuesta es la agroecología, la producción orgánica para llevarla a mercados internacionales, no queremos seguir apostando por el extractivismo, por la agricultura y la ganadería intensivas. El cambio climático nos gana. Nos oponemos a la minería metálica, porque genera colosales destrucciones, a quien no me cree, le invito a tomar agua del río Quimi, en el sur del país, para que vea cómo está contaminado. No nos oponemos a la minería no metálica, la extracción de áridos, piedra, grava.
 
Si no hay minería formal, llega la informal.
Por eso nos dedicamos a defender las fuentes de agua. Los jóvenes han conectado con este mensaje, la ciudad también. Plantearemos desde la Prefectura el uso de bicicletas, una provincia sin plásticos, sin desperdicios, sin derroches. Así hicimos la campaña, en bicicleta.
 
Rey no será, santo no tanto.
Yaku es doctor en Jurisprudencia y ha publicado siete libros. Cambió su nombre por amor al agua. “Me llamaba Carlos y ése es el nombre de reyes y santos. Rey nunca seré y santo no tanto”.
 
Ñusta y Asiry son sus hijas. La mayor va a la universidad. Son su pilar, sobre todo desde que perdió a Verónica, su esposa, luego de una larga enfermedad.
 
Viudo, inició una relación con la francobrasileña Manuela Picq. Académica y activista, Picq tuvo que dejar el país durante el correísmo, cuando al participar en una protesta social, el gobierno revocó su visa.
 
Manuela estuvo casi tres años fuera, ahora enseña en una universidad estadounidense. En la distancia, la brasa del amor quizás se ha enfriado. “Manuela siempre me apoyó, pero por ahora nuestros shungos (corazones) están en stand by”.
 
El prefecto de Azuay junto a sus hijas, Ñusta y Asiry.