Violenta agresión homofóbica en Salinas | Vistazo

Violenta agresión homofóbica en Salinas

Diana Romero | dromero@vistazo.com Martes, 23 de Julio de 2019 - 21:14
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El pasado miércoles 17 de julio, cuando E. volvía a su casa, cerca de la medianoche, le ocurrió lo inimaginable: fue marcado con una especie de sello caliente a un costado de su cuerpo.
 
E. de 35 años, licenciado en turismo, quién estuvo por un corto tiempo viviendo en Estados Unidos no tiene ninguna sospecha de quien pudo causarle este daño. No tiene muchos amigos, dice, ni tampoco enemigos en Salinas, donde vive desde siempre.
 
Cuenta que cuando bajó de un taxi en la esquina de un centro comercial del balneario en la provincia de Santa Elena y caminó un poco, se sintió raro. Luego de eso, no recuerda más. 
 
Al despertar en su casa, pudo notar una herida leve en la cabeza, aún con sangre, mientras le contaba a su prima una vaga memoria de la noche anterior: recordó que le intentaron robar, pero que al final no se llevaron nada.
 
Tenía consigo su billetera, su celular y algo más: un ardor, una marca en el costado de su abdomen, una especie de quemadura que formaba una palabra que hasta ese momento entendía bien.
 
En la mesa de su casa encontró el “sello” con el que lo marcaron. Una especie de jeroglífico metálico que formaba la palabra GAY. Entonces entendió. 
 
 
“No sé si ellos me dieron ese fierro o yo inconscientemente lo tomé y me lo traje”, cuenta E. en entrevista con Revista Vistazo. Prefiere no revelar su identidad. 
 
Amenazas de todo tipo: una cronología
 
Esta bestial acción en su contra no fue sino el desenlace de una serie agresiones que ya venía recibiendo de forma anónima y virtual desde hace algunos meses. Sin embargo, no vio venir algo como esto. 
 
E. cuenta que en mayo pasado, cuando él aún estaba viviendo en los Estados Unidos, comenzaron las amenazas. Primero, a través de su cuenta de Instragram; luego a su correo electrónico, llamadas telefónicas y otros medios más mediante los que fue intimidado de forma sistemática. 
 
“Meco, pronto nos libraremos de todos los maricones de la península. Lacra de la sociedad”, fue uno de los comentarios que recibió a una de sus historias de Instagram. Días más tarde, comenzó el acoso telefónico. 
 
 
“Cuídate maricón”, le decían a E. “A tu primo lo vamos a matar. Le vamos a cortar el pene, te lo vamos a dar de comer y a ti también te vamos a matar”, cuenta que le decían a su prima. 
 
Ella acudió a la Policía Nacional donde le instalaron un software para que pueda grabar las llamadas y utilizar esto como evidencia de las agresiones. Posteriormente, fue a la Fiscalía de Santa Elena, donde puso la denuncia. 
 

 
El pasado 19 de junio, E. conversaba con su prima sobre su próximo viaje a Ecuador. Le contaba que tenía ya el pasaje y otros datos de su viaje. Al día siguiente se sorprendió al encontrar en su correo electrónico una transcripción de la conversación entre él y su familiar. La dirección del remitente era nomasmecos@yahoo.com. Aquí, explica, daban a entender claramente que sabían su hora de llegada y demás detalles. Dejó de comunicarse mediante esa vía, y cambió su fecha de vuelo. 
 
Un proceso judicial complicado
 
El pasado 10 de julio, E. llegó a Ecuador y el 11 fue directamente a la Fiscalía de Santa Elena para poner personalmente una denuncia por intimidación. 
 
No pudo por dos motivos: uno de ellos, por no vestir pantalón largo; el otro, porque ya existía una denuncia de la misma naturaleza, puesta por su prima, apenas comenzaron las amenazas. 
 
“Fui con todas las pruebas, las capturas de pantalla y los audios. Simplemente me dijeron que me llamarían para tomar la versión de los hechos, por que como se trataba de una denuncia por intimidación tenían que enviarme un correo electrónico con la fecha para declarar. Lo más curioso es que no me pidieron ningún dato, ni numero de cédula, ni celular, ni email”, explica ahora E. 
 
“Estamos organizados, sabemos donde encontrarte. ¿Pensaste que cambiando de fecha podrías librarte del castigo divino? Te estamos vigilando y empezamos a gestionar acciones para infligir el castigo a todos los homosexuales que no cambien su comportamiento, y el primero de la lista eres tú.." este fue el terrorífico mensaje que E. recibió en su correo desde la dirección nomsmaricongays@yahoo.com el pasado 15 de julio. 
 
 
La agresión física con el fierro caliente ocurrió dos días después. 
 
E. no es el único
 
Javier Mejía, de 26 años y cocinero de profesión también es de Salinas y también recibió amenazas de las mismas cuentas anónimas de las que las recibió E. Ambos son amigos.
 
Por esto, se fue de su ciudad, vino a Guayaquil y actualmente vive en Quito.
 
Al igual que con E., las amenazas empezaron por Instagram, luego por correo electrónico y también mediante llamadas telefónicas. “Llamaban a decirme que ya sabían donde vivía, donde trabajaba, que me iban a matar”.
 
 
“Fui a la fiscalía y me dijeron que no podían hacer nada hasta que no pase “algo”, porque el agresor era anónimo y hasta que no haya algún tipo de evidencia física no se podía sentar denuncia alguna”, explica el joven.
 
De hecho, fue Javier quien hizo público este caso, mediante las redes sociales. “Si alguien conoce algún grupo activista o algún tipo de organización que pueda ayudar y presionar a la justicia de este país, hágame saber!”, colocó en su cuenta de Facebook.
 
Integrantes de la Fundación Pakta, formada por abogados activistas y especialistas en derechos GLBTI, tomaron contacto con Javier a partir de esta publicación . 
 
Christian Paula, Presidente de Pakta, indicó que activó sus redes institucionales para remitir el caso a la Defensoría del Pueblo, a la Defensoría Pública y varias organizaciones proderechos GLBTI en Guayas y en Santa Elena. 
 
 
Así también, en sus redes sociales. Pakta emitió una alerta a la Policía Nacional y a las autoridades ecuatorianas para tomar acciones contra “una presunta banda que está agrediendo a miembros de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales)” y solicitó a las autoridades encargadas que inicien una investigación para evitar nuevas víctimas.
 
Acciones legales
 
Este lunes 22 de julio, E. acudió junto al delegado del Defensor del Pueblo de Santa Elena, Juan Cabezas, para dejar un documento en la fiscalía, como parte de la denuncia de este hecho, que debió ser receptada en su momento. 
 
“La Fiscalía debió aceptar mi denuncia. Posiblemente se vulneraron mis derechos al no permitirme hacerla a su debido tiempo”, indica E.
 
Queda pendiente que la institución lo llame para receptar su declaración oficial y que pueda presentar sus evidencias. 
 
Javier, de su parte, espera volver a Quito, donde interpondrá la misma medida por intimidación y agresiones verbales. 
 
Para Silvia Buendía, abogada especialista en derechos humanos, este hecho “tiene un enorme y espantoso simbolismo”. “Se trata de tortura, con un grado de crueldad y prepotencia, que busca estigmatizar, degradar y dejar huellas en la víctima”, explica. Según dice, se trata de un caso único y complejo, que nace de discursos de odio hacia las poblaciones GLBTI.
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