¿Protege de agresiones la boleta de auxilio? | Vistazo

¿Protege de agresiones la boleta de auxilio?

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¿Protege de agresiones la boleta de auxilio?

Redacción Viernes, 08 de Marzo de 2019 - 16:00
Cuando el país aún no se sobreponía al crimen público de Diana Carolina en Ibarra, volvimos a ser testigos de un hecho similar, esta vez en Quito. A inicios de febrero, “Amelia” murió por las puñaladas que le propinó su expareja. Quedó tendida en la calle, en los exteriores de la casa de su madre, en el barrio Pisulí, en el norte Quito. El hecho, al igual que el ocurrido en la provincia de Imbabura, también se hizo viral. 
 
Sin embargo, algo llamó la atención de este suceso en particular: pocos días atrás, “Amelia” recibió una boleta de auxilio para ella y para su hijo, con el afán de buscar protegerse de la violencia de Miguel A., su expareja y agresor, que hoy permanece en la cárcel. 
 
Ese documento, que debería representar protección y seguridad, no logró evitar la agresión que causó el desenlace fatal de “Amelia”. 
 
El Código Orgánico Integral Penal (COIP) en su capítulo tercero, artículo 558, menciona a la boleta de auxilio como una de las modalidades dentro de las medidas de protección a las que puede acceder un ciudadano.
 
En su numeral 4, dice que se extenderá “una boleta de auxilio a favor de la víctima o de miembros del núcleo familiar en el caso de violencia contra la mujer o miembros del núcleo familiar”. 
 
Sin llegar a casos extremos como muertes por feminicidio, varias mujeres en Ecuador -que han sido víctimas de distintos grados de violencia de género- cuestionan la validez de este papel como una herramienta para evitar la vulneración de sus derechos y garantizar su protección. 
 
“Miranda”, una quiteña de 26 años, fue víctima de agresiones físicas y emocionales de parte de su expareja. Él era estudiante de Ingeniería Civil y “Miranda” supo que era momento de irse de esa relación cuando él le partió una de sus maquetas en la cabeza. 
 
“Pero recién ahí comenzaba todo. Empezó a seguirme, me esperaba fuera de la universidad, me amenazaba de muerte, llegó a publicar fotos mías. Una vez incluso intentó subirme a su auto a la fuerza”, relata ahora, cuatro años después de haber vivido toda esta experiencia. 
 
Poner la denuncia no fue sencillo, y obtener la boleta de auxilio no le representó, en sus palabras, seguridad alguna. “En la policía me dijeron que para denunciar al menos debería estar golpeada”, cuenta. Y le indicaron que la boleta de auxilio solo servía si él se acercaba lo suficiente. El hecho de que su agresor tuviera una denuncia y documento en su contra no lo amedrentó ni lo detuvo. 
 
Luego de 8 meses, la pesadilla de “Miranda” terminó. Pero no por intervención policial, sino por la intermediación de su familia. “Mi mamá habló con la suya, le dijo que mi familia interpondría una demanda más severa. Al parecer eso sirvió y se cansó de molestarme”. 
 
A “Daniela”, que vive en Jaramijó en la provincia de Manabí, su exconviviente intentó apuñalarla en el pecho. Pudo ser mortal. El cuchillo apenas entró en su piel un centímetro. Esa fue la alerta que necesitó para terminar con 10 años de una relación llena de golpes, amenazas con machete y maltratos verbales. Maltratos que se mantienen hasta hoy, y que ninguna boleta de auxilio ha podido evitar. 
 
“Desde que nos separamos, sigue viniendo a mi casa borracho, a gritarme cosas. Humilla a nuestros hijos, quiere pegarle al varon. Temo por mi seguridad”, cuenta hoy la mujer de 30 años, madre de tres niños. 
 
Explica que con la boleta de auxilio solo logra que lo detengan temporalmente o que se lo lleven en un patrullero y lo dejen a unas cuantas cuadras de su domicilio, pero no que el acoso sistemático que sufre desde hace 11 años se termine de forma definitiva. 
 
La mayor Carlota Robalino, del Departamento de Violencia Intrafamiliar de la Policía Nacional, defiende la emisión de las boletas de auxilio como una de las herramientas que brinda el estado para defender a víctimas de sus agresores, a la que se accede una vez que se haya interpuesto una denuncia. “Su fin es evitar nuevos incidentes”, explica. 
 
“Cuando la boleta se activa, la víctima puede recibir asistencia policial mediante una llamada al ECU911 o presionando el botón de seguridad o de pánico en una tecla de su celular. Si el agresor se acerca o la víctima ve a su agresor, puede activarla y la persona será detenida y puesta a órdenes de las autoridades”. 
 
Sin embargo, en ninguno de los dos casos citados anteriormente esto ha sucedido. 
 
“La boleta es útil cuando la mujer está empoderada y necesita salir del ciclo de la violencia Hay casos en los que la mujer da paso a que el agresor la visite”, sostiene Robalino ante los cuestionamientos sobre la verdadera utilidad de la boleta de auxilio.