¿Por qué se suspendieron las clases en el ciclo Costa-Galápagos? | Vistazo

¿Por qué se suspendieron las clases en el ciclo Costa-Galápagos?

Jorge Cavagnaro / Darwin Borja Lunes, 20 de Abril de 2020 - 12:36
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Casi dos millones y medio de estudiantes de escuelas y colegios de la región Costa y Galápagos enfrentaban el reto de educarse desde sus hogares. Pero la suspensión de clases, que inicialmente arrancaban el 4 de mayo, se enfoca en una decisión por la emergencia, aunque la realidad es que hay deconocimiento de estudiantes y profesores, y descontento de los padres de familia.

Roxana y Sebastián, esposos desde hace 10 años, tienen un hijo que debe ingresar a sexto de básica en un colegio de Guayaquil. “No lo vamos a matricular. Estudiará inglés y alemán en una plataforma online que ya existía, y también lo meteremos en cursos de tecnología”. Dicen que no están cómodos con la explicación del colegio de cómo iban a realizar las clases. Además “ahorramos la mitad de lo que pagábamos en el colegio al mes. No tenemos ingresos desde mediados de marzo cuando cerramos nuestro negocio”.

Andrea y Germán tienen dos hijos, ambos en bachillerato. Si bien no están totalmente conformes con el método de estudio, no quieren que sus hijos pierdan el año. “El colegio nos ha indicado que tendremos que pagar menos por varios meses, así que haremos un esfuerzo. Como tienen 15 y 16 años, creo que tendrán menos problemas en adaptarse”.

La emergencia plantea un cambio en la vida, y la enseñanza inicial, primaria y secundaria no es ajena a esta situación. Desde el Ministerio de Educación se instó a la educación virtual. El Ciclo Sierra-Amazonía está en su etapa final y eso lo hace menos complejo: están estudiando en casa y el final del año lectivo será el próximo 30 de junio.

Pero en el ciclo Costa-Galápagos, el reto era alto: arrancar desde cero este próximo 4 de mayo. Quince días antes, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) decidió postergar ese inicio de clases. Por ahora no se anunció una posible fecha, aunque se adelantó que se comunicaría oficialmente dos semanas antes de que empiecen las clases para estar preparados.

Jahn Arturo Jaime, de 10 años, va a sexto de básica en la Unidad Educativa Thomas More, en la vía a Samborondón. Está en el proceso de adaptación a la tecnología que implementará esta institución.

¿Por qué esta decisión?

En los últimos días se vivió una suerte de presión desde los padres de familia por la cuestión económica: desacuerdos en los montos a pagar por pensión y matrículas. A esto se suma la complejidad de adaptar a dos millones y medio de estudiantes aproximadamente que ven clases en escuelas y colegios de la región Costa e Insular sin un contacto previo físico con sus maestros, donde se genera un vínculo humano que puede sostenerse luego virtualmente. A esto también existe la problemática de cómo se llevarán las clases, sobre todo en hogares donde los padres también trabajan (virtual o presencialmente) y donde no se cuenta con ayuda adicional por el propio aislamiento.

Una investigación realizada por Vistazo revela que si bien se detallan esfuerzos por sostener la enseñanza en todos los niveles, hay muchas dudas y cuestionamientos de padres de familia, estudiantes e incluso profesores. “Tengo hijos que tendrán clases virtuales, ellos usan las computadoras que tenemos en casa, pero como yo soy profesora también debo usar una y no tengo. El colegio me quiere vender una en cuotas”, señala Graciela, una maestra de 48 años que trabaja con niños de menos de 6 años.

A esto se suma su desconocimiento en el manejo de muchas herramientas digitales. “Antes solo usaba el correo electrónico para enviar reportes de los alumnos y los buscadores para recabar información. Hoy me piden hacer videos didácticos desde mi celular, que veamos cómo podemos ponerles canciones, gráficos… No es tan sencillo como suena”.

“Yo ni siquiera tengo cuenta en la red social esa de las fotos (Instagram) y ahora debo entrar allí para hacer transmisiones en vivo”, dice preocupada Silvia, una profesora de 62 años que tiene más de 30 años en la docencia. “No estoy en contra pero siento que dar clases con tantos vacíos, no es justo para los chicos. Tengo miedo de convertirme en una burla. Si ya para subir una foto en Facebook tengo que estar molestando a mis hijos y ellos no tiene paciencia”.

El caso de Martha, de 58 años, es más complejo: es profesora de educación física en un colegio fiscal al sur de Guayaquil. “Estoy planificando las dos primeras semanas de clases pero aún es un poco incierto cómo hacerlo. Voy a ver si creo un grupo de Whatsapp para enviarle mensajes a los padres de familia”, dice convencida de que sí podrá hacerle frente a esta situación, aunque al final señala que varios colegas tienen temor de no saber qué hacer.

Para Carlos Moreno, vicerrector de la Unidad Educativa Moderna en Milagro, el mejor colegio de la provincia del Guayas en 2019 según las notas del examen Ser Bachiller, esta es una de las principales problemáticas. “Hay profesores que no estamos acostumbrados, me incluyo, a trabajar por Internet, no tenemos experiencia en eso. Cuando hicimos la primera reunión de profesores algunos no pudieron conectarse a la charla virtual por falta de práctica”.

Cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos muestra que de toda la población, quienes tienen más de 45 años son los que menos usan computadoras en comparación a los más jóvenes. Y la realidad es que el 55 por ciento de los profesores de escuelas y colegios del país tienen más de 45 años, según el último informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, que señala que son más de 200 mil profesores.

Por ende, surgen dudas: ¿Están preparados para este reto? Y más allá de estar prepadados, ¿han tenido el tiempo necesario para dar una educación de calidad?

Graciela, de 48 años, es profesora. Su hija (foto) usa una de las computadoras que tienen en casa. Ella no tiene una para dar clases. “En el colegio me quieren vender una”, asegura.

Instituciones y hogares
La Ministra de Educación, Monserrat Creamer, reconoce las limitaciones tecnológicas en muchos hogares, y por eso señala la posibilidad de generar contenidos educativos en radio y televisión, para disposición de cualquier institución académica.

La idea es que ningún profesor o estudiante incurra en gastos adicionales, incluso en las instituciones privadas. “Se puede volver al teléfono convencional, o usar al Whatsapp, mensajes de texto, mandar fotos o videos (…)”.

¿Qué pasará con quienes estén atrasados en el pago de pensiones o matrículas? Creamer indica que se deben llegar a acuerdos entre las instituciones y los padres de familia. “Hay que entender la necesidad de la familia, pero también comprender que las instituciones educativas que tienen costos fijos”. De lo que se trata, dice, es identificar los problemas.

Otro cuestionamiento es que en algunas instituciones se quiere cobrar un valor adicional para pagar el uso de una plataforma virtual. Mientras a algunos profesores que no cuentan con computadoras les exigen adquirir una, en algunos casos vendidas por las mismas instituciones. “Ninguno de los dos casos está permitido”, señala la Ministra. “Hemos sido claros con las instituciones privadas, de que no tienen obligación de adquirir o invertir en plataformas virtuales, y menos obligar a sus docentes y estudiante a costos adicionales”.

¿Qué se está haciendo?
Desde el Gobierno se impulsa el uso de una plataforma virtual (recursos2.educacion.gob.ec) con contenidos para inicial y preparatoria, elemental, media, superior y bachillerato. Si bien es un programa dedicado sobre todo a las instituciones públicas, el Ministerio de Educación sugirió que las escuelas y los colegios privados lo usen en caso de necesitarlo. Sin embargo, hasta ahora varios módulos de la plataforma seguían en construcción.

En el sector privado, algunas instituciones ya avanzan sin mayores inconvenientes. La Unidad Educativa Thomas More, en la vía a Samborondón, usará una plataforma virtual usada en varios países del mundo, incluidas algunas universidades del Ecuador. El reto, señala Erika Lainez, director de la institución, es que los estudiantes más pequeños se adapten a esta modalidad. “Los padres deberán dar mucho soporte”, asegura.

La dinámica de trabajo, dice, es dejar las clases grabadas en la plataforma y así permitir que el estudiante se conecte en el momento que pueda durante el día. Esto no implica desorganización. “Tendrán actividades por cumplir durante la semana, con fechas de culminación que formarán parte de sus responsabilidades”.

Esto los ha llevado a ajustar los valores por cobrar. “Redujimos el pago de la matrícula en 50 por ciento y la pensión en 20 por ciento de mayo a agosto, y otro 20 por ciento durante ese periodo que puede ser diferido y pagado a partir de septiembre”. (NdR: entrevista fue antes de la suspensión de actividades del 4 de mayo).

En el Colegio Vicente Hurtado, ubicado en Bahía de Caraquez, no tiene claro aún si ajustarán la matrícula o pensión. “El tema fluye lento, hay que ver qué opciones tenemos”, señala Eduardo Plaza, vicerrector de la entidad. Por lo pronto, él evalúa la opción de acceder a un crédito de una institución pública para asegurar el pago de los sueldos de sus colaboradores.

Para su unidad educativa, la situación no es tan alarmante. “Tenemos aproximadamente 200 estudiantes, un promedio de 15 por curso. Grabaremos clases, usaremos otras aplicaciones, y nos comunicaremos con fluidez. Quienes tengan problemas para conectarse a plataformas digitales les haremos llegar la información de otra forma”.

Si bien la Ministra Monserrat Creamer no señala una fecha de regreso a la modalidad presencial, cree que cuando exista esa posibilidad, no se dará de una forma totalmente presencial. “Sí podríamos ir por turnos para recibir tutorías, entregar información y recibir retroalimentación”.
 

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