Mataron a “la Ñaña”: un perfil de la directora de la cárcel de mujeres | Vistazo

Mataron a “la Ñaña”: un perfil de la directora de la cárcel de mujeres

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Mataron a “la Ñaña”: un perfil de la directora de la cárcel de mujeres

Henry Dueñas | [email protected] Viernes, 27 de Abril de 2018 - 19:13
Doce disparos mataron a Gavis Moreno De León, la noticia recorrió las redes sociales en segundos. Eran dos, en moto, que la interceptaron en la vía Perimetral. Al chofer que la acompañaba lo hirieron, a pesar de lo cual manejó hasta el hospital. El martes 27 de marzo, a las 18h30, asesinaron a la defensora de los afrodescendientes; a la madre de dos hijos; a la directora de la cárcel de mujeres.
 
A la niña que llegó al barrio Cristo del Consuelo de Guayaquil, cuando tenía cuatro años; a la que, junto a su madre y hermana, salió de Esmeraldas en 1976 en busca de mejores días. Adalis De León, madre de Gavis dice que su hija el 2 de mayo iba a cumplir 46 años y que siempre le dijo “Ñaña”. Ahora vive en la cooperativa “Vencer o Morir” de la Isla Trinitaria, junto a su actual esposo Alejandro Angulo con quien procreó dos de sus cuatro hijos.
 
En la sala, miradas tristes con sonrisas cortas, recuerdan que mientras vivieron en el Guasmo Norte, Gavis terminó el bachillerato en Comercio y Administración, en el Instituto Coello. Su hermano Alejandro era un niño y conocía de las ofensas por el color de su piel. Él evoca a su hermana “defendiendo la raza”, dice que por eso Gavis se enamoró de un poema de la peruana Victoria Santa Cruz, titulado “Me gritaron negra”. “Por eso, ella luchó por superarse”. A tal punto que ganó el derecho de dar el discurso de las graduadas del Coello en febrero de 1991.
 
 
La madre agrega: “Mi hija era muy trabajadora. Vendía cocada, caramelos, y en vacaciones, en la casa de una reconocida familia turca en el Centenario, se ganaba unos sucres como niñera, así fue hasta 1988, con sus 16 años… No había cómo seguir la universidad. Gavis realizó varios cursos, uno fue de computación, yo ya vivía en la Trinitaria, ahí se nos cayó la casa”.
 
Alejandro su esposo concluye: “Compramos palos y cañas y seguimos adelante. Como ahora que Gavis se fue, no podemos dejarnos vencer por la pena, ella nos enseñó a estar unidos y así seguiremos”. Líder de afrodescendientes Con 26 años, y ya como líder barrial de los afros, Gavis conoció a Rocío Palacios, viceministra de Bienestar Social en el gobierno de Mahuad, y viajó a Quito como su secretaria. Al poco tiempo pasó al mando de la Secretaría de Cooperativas.
 
“Mi hermana nos enseñó a no quedarnos atrás”, comenta su hermano. En el Ministerio Gavis se enamoró de un personaje que los Angulo no quieren recordar. “Mire, ella trabajaba de lunes a viernes, y los fines de semanas en horario intensivo estudiaba leyes en la estatal de Guayaquil. En el año que se graduó de abogada, nació mi sobrino Thierry Gabriel, que ahora tiene 11 años. Mi hermana no demandó al padre, dijo que saldría adelante sola. No estaba dispuesta a recibir miserias para educar a su hijo”. Pero cuatro años después el padre de Thierry, un ingeniero civil, vuelve a ilusionarla y nace Meredith Carmela y nuevamente, surgen las palabras madre soltera: “El infeliz se casó con otra”, concluye. Según los registros judiciales, allí sí interpuso una demanda de alimentos.
 
Como abogada ascendió a la jefatura jurídica del Ministerio de Inclusión Social en Guayaquil. Pero en 2012 la despidieron. Su hermano expresa: “La botaron por los cambios que quería para los pobres”. Entonces Gavis inicia el libre ejercicio de su profesión hasta que llega la campaña de 2013 y se convierte en asesora de la asambleísta de PAIS, Adriana De la Cruz. “Me quedé a cargo de mis nietos”, dice la madre. En 2017 pasa de la Asamblea Nacional a asesorar al municipio de anta Lucía, al norte de Guayas.
 
“Un día sonó el teléfono, me emocioné”, recuerda la madre. “Era la voz de la ministra de Justicia Rosana Alvarado. Gavis fue a una entrevista con ellos y Gina Godoy, coordinadora zonal. Cuando regresó todos nos asustamos, había aceptado la dirección de la Cárcel de Mujeres”. Adalis llora, “Le dije ¡No!, porque ahí mataron a Soledad Rodríguez… Mijita, ahí hay gente que no le importa la vida”. A la familia reunida se le cristalizan los ojos, el recuerdo era un oráculo nefasto… “Mijita tienes dos hijitos”, le dije. “No, ñaña, voy a hacer mi trabajo, darle una oportunidad a cambiar el pensamiento de esas mujeres”. Con esas palabras comenzó su labor en julio de 2017. La nueva directora era la mamá enojona. Le dio oportunidad a las privadas de la libertad. Las paredes se llenaron de colores, nació el grupo de música “Faraonas del amor”.
 
“Una de las chicas se enfermó y mi hija la visitaba los domingos. No tenía horario. De la cárcel la llamaban de madrugada, salía corriendo a calmar las revueltas de las internas”. El silencio vuelve al hogar de los Angulo. El presentimiento de la madre se cumplió: Gavis Moreno viajaba con su chofer, salía de la cárcel. Tomaron la curva del intercambiador de tráfico en la vía Daule hacia la Perimetral y una ráfaga la silenció. Alejandro su hermano, baja la mirada, su voz se quiebra, “Ahora dicen que no tenía seguridad, no sabíamos de amenazas… Lo que nadie nos contesta es ¿por qué ese día mi hermana, a la que siempre acompañaban otros funcionarios de la cárcel, iba sola con el chofer? ¿De qué le sirve a sus hijos que capturen a los asesinos?”.
 
Su madre, “su ñaña” enfatiza, “Mi Gavis no era mala. Fue horrible el cuadro que vivimos. La despedí con una bendición. Mis nietos la esperaban para salir al parque a jugar. Muchos llegaron a derramar sus lágrimas en el féretro. Mi ñaña dejó una huella, tenemos que avanzar”. Alejandro padre de crianza, con voz sencilla añade: “No saben lo que se nos llevaron” y le interrumpe Genry Valencia Quiñónez: “Periodista, escriba esto tal como lo voy a decir: Dígale al presidente Lenín Moreno que si habla de justicia lo demuestre con Gavis. Que  nos digan qué va a suceder con sus hijos, porque somos pobres. Aquí llegaron los políticos a llorar, pero de lágrimas no viven estos niños”.
 
Es Viernes Santo en La Trinitaria. El sol quema. Una abuela abraza a su nieta. Esta se recuesta en su pecho y ahí se quedan con su dolor… Nadie sabe porqué silenciaron a la Gavis del pueblo.