Mario Vargas Llosa defiende la libertad y el capitalismo | Vistazo

Mario Vargas Llosa defiende la libertad y el capitalismo

País

Mario Vargas Llosa defiende la libertad y el capitalismo

Patricia Estupiñán | [email protected] Jueves, 22 de Noviembre de 2018 - 10:20
La Academia Sueca concedió en 2010 el premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa “por su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota”. 
 
Erudito y escritor extraordinario, Vargas es ante todo un libre pensador, que ha remado contra la corriente intelectual de la región defendiendo una ideología impopular: el liberalismo.  
 
Hoy a los 82 años, cuando el tiempo le ha dado la razón y ha visto derrumbarse al socialismo en su versión clásica –la Unión Soviética y Europa Oriental–, y moderna el socialismo del siglo XXI ha dejado en su última obra “La llamada de la Tribu" el mejor de los alegatos para ser liberales. En esta entrevista, analiza la obra y por qué no debemos equivocarnos a la hora de elegir mandatarios.
 
¿Por qué los latinoamericanos hemos sido reacios al liberalismo? 
Porque los liberales del siglo pasado fueron liberales en el campo ideológico, pero no en el campo económico. Lucharon contra la Iglesia que estaba muy enraizada en nuestras sociedades y convirtieron al liberalismo en una doctrina anticatólica. El liberalismo no es anticatólico o antiprotestante o anti cualquier religión. Sostiene que la Iglesia no puede tomar el control del Estado, porque entonces desaparece la libertad. El liberalismo latinoamericano acogía la democracia, pero en el campo económico mantenía el feudalismo, el sistema de privilegios. Por ello, no trajo avances ni prosperidad y se convirtió en una fuerza marginal.
 
Esto fue aprovechado por la izquierda. 
Hay que reconocer que la izquierda ha tenido mucho éxito en convertir al liberalismo y al liberal en malas palabras. Ha llamado tanto para ofender a las personas liberales o neoliberales, que al final ha quedado una sensación de que el liberalismo es una fuente de males e injusticia y nada de esto es cierto. La democracia liberal afronta los problemas sociales y económicos con el mismo criterio altruista, generoso y justo que aplica a otros dominios de la política.
 
¿Por qué los intelectuales en la región no han defendido la libertad, sino que han apoyado a regímenes autoritarios y totalitarios? De los seis premios Nobel de Literatura, solo usted es liberal.
Octavio Paz no fue de izquierda
 
Según su libro “El llamado de la tribu”, fue demócrata pero no liberal. 
Fue un demócrata. Uno puede ser un genio desde el punto de vista artístico y defender ideas execrables. Heidegger, el gran pensador alemán, murió con el carnet del nazismo en el bolsillo, y Sartre, uno de los mayores pensadores franceses terminó sus días defendiendo el maoísmo de la Revolución Cultural, donde hubo 20 millones de muertos.
 
Los escritores que han defendido el totalitarismo de izquierda o de derecha en América Latina lo han hecho en base al pasado de grandes desigualdades económicas y sin igualdad de oportunidades. Esa confusión era posible hace 50 años, pero hoy es imposible de justificar. Hemos visto que los pilares del socialismo se vinieron abajo por su incapacidad de crear sociedades justas.
 
Sin embargo, en la era de mayor prosperidad, por el boom de las materias primas, regresaron los populismos de izquierda a América Latina a través del socialismo del siglo XXI.
Si se pudieran solucionar los problemas de la noche a la mañana por una voluntad generosa, todo el mundo aceptaría el sistema, pero en nuestra época ya se sabe que no existe esa posibilidad, que está solo en ideas y palabras, que el sistema se estrella contra hechos concretos: la incapacidad de satisfacer los anhelos mínimos de las poblaciones. Por eso se vino abajo el socialismo soviético y los chinos al darse cuenta renunciaron al socialismo económico y se abrieron al capitalismo, aunque no dejaron la dictadura política.
 
¿Es el capitalismo sinónimo de democracia?
Sí, aunque ha habido deformaciones. El capitalismo ha traído los mejores beneficios para la humanidad. Así como defendemos el liberalismo de las mentiras que le han endosado, no debemos tener temor a las palabras; el capitalismo ha sido bueno para la humanidad, ha traído prosperidad y progreso.  Sin embargo, tenemos que impedir sus deformaciones, la corrupción que degrada el sistema. Nosotros tenemos la suerte de vivir en un mundo en el cual gracias al capitalismo, la democracia y el liberalismo, los países pueden elegir si quieren ser prósperos o si quieren ser pobres. Los venezolanos, por ejemplo, eligieron ser pobres por cinco ocasiones al votar por Chávez y hoy están pagando terriblemente esos errores. No tenemos derecho a equivocarnos. El más alto desarrollo económico y las mejores oportunidades para lograr que los individuos prosperen en nuestra región están en Chile, un país capitalista.
 

 
¿Cuál es la herencia del socialismo en América Latina?
La pobreza, a pesar de ser un continente potencialmente rico. Sin embargo, hoy en día un país no necesita de grandes recursos para ser próspero, hoy se puede elegir la prosperidad haciendo las cosas que traen prosperidad a una sociedad. Hay sociedades desprovistas de recursos que virtualmente no tienen pobres, como son Corea del Sur, Taiwán, Singapur. 
 
Sin embargo, tuvieron etapas muy difíciles, sin democracia política. 
Hay periodos de sacrificio. Si una sociedad está descompuesta por sistemas de privilegios, cambiar esto de la noche a la mañana exige sacrificios, que la gente acepta si ve la luz al final del túnel. Ahora, si no la ve, la gente escapa del infierno como ocurre en Venezuela. 
 
¿La ira popular puede traer autoritarismo?
En Europa han resurgido los nacionalismos. Los nacionalismos han resurgido en Europa por la gran transformación de la Unión Europea. Pese a que la transformación ha sido magnífica y ha permitido que el continente viva en paz por 60 años, hay sectores que se sienten desprotegidos, lo que ocasiona que irrumpan los nacionalismos. Soy optimista de que esos rebrotes serán frenados, como está siendo frenado el Brexit. Al final se han dado cuenta, en el caso del Brexit, que no va a funcionar y que traerá muchísimos perjuicios y que son más los beneficios. Creo que esto va a resultar en la desaparición del Brexit.
 
¿Hay por causa del nacionalismo el peligro de dar marcha atrás en la globalización?
No lo creo, la globalización está muy avanzada. Ha traído demasiados beneficios para que pueda dar marcha atrás. Hay casos excepcionales como el del señor Trump, quien pretende cambiar la gran tradición liberal americana de fronteras abiertas para recibir al inmigrante y libre comercio. Mi impresión es que hay una sociedad norteamericana, y los resultados de las últimas elecciones lo confirman, que no está dispuesta a convertir a Estados Unidos en un país nacionalista y “fascistón”. La democracia
ha permitido derrotar a Trump en la Cámara de Representantes, lo que evidentemente es un freno contra los excesos que está cometiendo.
 
Según el libro de Steven Levintsky, las democracias están en peligro porque antes terminaban por las botas y hoy lo hacen por los votos. ¿Qué opina de esta tesis?
Es una exageración. En las naciones que son los baluartes de la democracia, ninguna se ha convertido en fascista. Sin embargo, la democracia siempre está en peligro, pues hasta el país más avanzado puede dar un traspié. En Europa, los países están resistiendo los problemas que vienen con la globalización y las migraciones ilegales, lo que ha llevado a los nacionalistas a crecer. Pero creo que el grueso del mundo occidental ha optado por la razón evidente de que ningún país no demócrata ha podido prosperar. 
 
Usted sostiene que la virtud más preciada de un político es el sentido común. ¿Por qué los latinoamericanos elegimos “mesías” que carecende sentido común?
Porque tenemos una tradición poco democrática. Desde la independencia hemos tenido más regímenes autoritarios y no se ha arraigado la cultura democrática que nos defienda de la equivocación garrafal de creer que un hombre fuerte puede resolver los problemas sociales mejor que la democracia. Los hombres fuertes son corruptos y la corrupción se extiende a todo el sistema.
 
Sin embargo, creo que para juzgar con justicia a América Latina hay que compararla con lo que hemos sido y no con el ideal. Si la comparamos con el ideal nos entristecemos, pero si la comparamos con lo que hemos tenido en el pasado, hoy estamos mejor. Hay más democracias, las dictaduras son poquitas y están acorraladas por su impopularidad.
 
¿Va a caer Nicolás Maduro?
Va a hacerlo, como toda dictadura. Una de las grandes lecciones de nuestro tiempo es que las dictaduras son perecederas, no traen beneficios sino enormes perjuicios. Maduro va a ser simplemente un borrón triste en la historia de Venezuela.
 
Otra de las tragedias del continente latinoamericano es la corrupción. Ha ocurrido por una suerte de asociación perversa entre ciertos empresarios y el Estado. Odebrecht es ese símbolo.
Es el tipo de capitalismo que tiene que ser corregido y enmendado, porque no trae beneficios al conjunto de la sociedad, como ocurre en las sociedades auténticamente democráticas. Debe haber justicia, libertad de expresión, libertad de crítica, que permita que se señale desde un principio desmanes y delitos que cometen las empresas.
 
Como consecuencia de ese descalabro, Brasil ha elegido como presidente a Bolsonaro, quien por sus declaraciones significa un regreso al autoritarismo de derecha. 
Ha hecho declaraciones reñidas con la democracia, si aplica lo que anda diciendo habría que manifestarse contra él. Sin embargo, no creo que se deba interpretar la victoria de Bolsonaro como una deriva al fascismo. Su triunfo se explica como una
indignación contra la corrupción. Hay algunos síntomas positivos, el hecho de que el juez Moro, una persona extraordinaria esté en el ministerio de Justicia es una garantía de que va a respetar la Constitución y a la prensa. El asesor económico Guedes es un pensador liberal y demócrata, que cree en la libertad en todos los aspectos sociales.
 
Hay pensadores liberales como Karl Popper que, a pesar de defender las sociedades abiertas, consideraron necesario censurar la televisión para proteger la democracia. ¿Debemos hacerlo ahora con las redes sociales?
Las redes sociales son muy positivas, ha hecho que sea imposible establecer censura y han dado oportunidad a que se exprese gran cantidad de gente, que en el pasado no existía. Ahora como muchas buenas cosas, tiene un aspecto muy negativo y es que se pasan como verdades mentiras flagrantes. 
 
¿Cómo combatimos eso?
Tenemos que conseguir que desde el punto de vista tecnológico sea punible el sistema de mentiras, posverdades, la desvergüenza con que actúan muchas veces las redes sociales, tienen que tener sanción legal pero no hay el instrumento en ningún país.
 
¿Han vuelto las redes irrelevantes al periodismo, los escritores y los filósofos?
Para nada.
 
Usted fue un duro crítico del expresidente Rafael Correa. En respuesta, él manifestó que usted escribía bien pero que era “limitadito”.
En un debate ideológico, caben todas las expresiones. No ha cambiado la visión que tuve sobre él. Era un populista peligroso y me parece bien que los ecuatorianos lo hayan entendido así. Correa le trajo más perjuicios que beneficios al Ecuador y sus reformas empujaban cada vez más al país al totalitarismo. Fue una vergüenza que Ecuador haya apoyado la Revolución Bolivariana.
 
Se respiran aires más democráticos en Ecuador.
Ecuador que está viviendo un periodo de democracia, no ha abolido la ley de prensa, que es una vergüenza para Ecuador y cualquier país democrático. Esa ley es la negación de la democracia.