María Fernanda Espinosa aspira "cicatrizar la polarización" en la OEA | Vistazo

María Fernanda Espinosa aspira "cicatrizar la polarización" en la OEA

AFP Sábado, 08 de Febrero de 2020 - 12:07
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La ecuatoriana María Fernanda Espinosa, que aspira a desbancar a Luis Almagro al frente de la OEA, dijo que un mandato suyo "cicatrizaría" la polarización actual en la organización e impulsaría un diálogo con "hoja de ruta" para poner fin a la crisis en Venezuela.

La excanciller ecuatoriana de 55 años que fungió como presidenta de la Asamblea General de la ONU aspira a convertirse en la primera mujer en ocupar la Secretría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), si logra imponerse en la elección el próximo 20 de marzo a la cual Almagro concurre con el apoyo de Estados Unidos.

El mandato de Almagro, que comenzó en 2015, ha estado marcado por la aguda crisis en Venezuela tras las irregularidades en las elecciones de 2018 que derivaron en que medio centenar de países reconociera al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino frente a Nicolás Maduro.

Almagro califica a Maduro de dictador y defiende herramientas polémicas como las sanciones económicas contra Caracas. Actualmente en la OEA la banca de Venezuela la ocupa Gustavo Tarre, un representante de Guaidó.

La candidatura de Espinosa -una diplomática que habla fluidamente inglés y tiene un francés impoluto- fue presentada por Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas, en tanto que su país apoya a Almagro.

Espinosa, que realiza una gira por la región para conseguir los 18 votos necesarios para ser elegida al frente de la OEA, fue entrevistada en Washington.

P: ¿Cómo ve usted la gestión en la secretaría general en momentos de polarización en la OEA?

R: Hay una consciencia de que hay una polarización, hay una la falta de comunicación, una falta de confianza incluso, para generar acercamientos y yo creo que la mayor manera de cicatrizar la polarización es a través de la construcción de una agenda positiva.

P: Hugo De Zela, el diplomático peruano que también aspira a la secretaría general, dijo que el actual secretario Almagro es parte del problema, en el tema específico de Venezuela. ¿Cuál es su visión?

R: Se necesita una reevalución de la situación en Venezuela, que a pesar de los esfuerzos de los grupos ad hoc, donde el propio candidato del Perú ha sido un actor determinante, realmente no han logrado resolver el problema y mirar la luz.

Lo que estoy planteando es una reevaluación utilizando la única herramienta que tiene la diplomacia internacional y el derecho internacional que es el diálogo, pero no el diálogo enunciando que vamos a hacer diálogo sino realmente tomando muy en serio, aprendiendo de las experiencias anteriores. Un diálogo con una hoja de ruta, con una estrategia.

Hay que comprometerse con una salida, efectiva, real, pragmática basada en la evidencia, en la realidad.

P: El actual secretario es muy activo en las redes sociales y defiende abiertamente herramientas como las sanciones económicas. ¿Cómo ve usted el rol de secretario general?

La mejor manera de constituirse en un interlocutor válido, en un puente, en un constructor de consensos y acuerdos, en un procesador de los disensos y desacuerdos, es precisamente ser una persona imparcial, sin apasionamientos, respetando el derecho internacional, respetando los derechos y normas y toda la jurisprudencia y el Derecho Interamericano; estas no son solo palabras pero yo creo que hay que ser muy acuciosos y muy prolijos de actuar en función del derecho.

Cuando se exacerban y se politizan los temas que son altamente volátiles, eso no contribuye.

P: ¿Cree que hay una politización de la agenda de derechos humanos?

Hay que tener cuidado con eso, porque el único camino para garantizar la efectividad de la arquitectura de derechos humanos que tiene el Sistema Interamericano, tanto el trabajo de la Corte, como de la Comisión, las relatorías, la única manera es la independencia, la imparcialidad, el componente técnico, la credibilidad, una no politización y el no uso de un doble rasero.

Hay que tener cuidado de usar la arquitectura de derechos humanos para exacerbar o politizar una situación de crisis o conflicto porque ahí se pierde tracción, se pierde capacidad de operar.