Manta fuera del radar | Vistazo

Manta fuera del radar

País

Manta fuera del radar

Cecilio Moreno / [email protected] Miércoles, 24 de Abril de 2019 - 10:15

Notas relacionadas

Sucedió dos días antes de la segunda vuelta electoral de 2017. En la Base Aérea de Guayaquil el ministro de Defensa Ricardo Patiño y el presidente Rafael Correa inauguraron un sistema integrado de radares que dijeron, “es el más moderno de Latinoamérica y el Caribe”. Según se leyó al día siguiente en El Comercio, Patiño “señaló que serán usados para vigilar aeronaves que ingresen, sin permiso, a nuestro territorio aéreo”. 
 
El entonces ministro recordó que “por la falta de este tipo de equipos en marzo de 2008 se dio la incursión en Angostura”. Rememoró así el incidente cuando aviones colombianos violaron nuestra soberanía y bombardearon un campamento selvático que era usado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Lo que no se dijo en la ceremonia de inauguración, “por seguridad nacional”, era la ubicación exacta de los radares nuevos de procedencia española.
 
Desde Guayaquil se controla el espacio aéreo en el área de corbertura de cuatro radares españoles.
 
 
Nueve años de espera 
Para cuando fue la Guerra del Cenepa, en 1995, nuestro sistema de defensa aérea no era malo. Gracias a radares estratégicamente instalados, la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) pudo advertir la incursión de aeronaves enemigas. 
 
El 10 de febrero de 1995, tras la alerta temprana, despegaron de Taura dos Kfir y dos Mirage que al mando del manabita Raúl Banderas dieron de baja a dos aviones supersónicos peruanos y a un bombardero A-37B. Definida la superioridad aérea, la guerra terminó. 
 
Un problema que ya se advirtió entonces fue que los diferentes radares instalados en varios puntos del territorio nacional eran de diferente procedencia y tecnología. Había ingleses, norteamericanos y ucranianos instalados entre 1983 y 1997 pero sus señales no podían ser integradas en una sola consola en el comando de operaciones aéreas, asentado en Guayaquil. En cada radar había un operador que por radio comunicaba las novedades.
 
Similares a este son los radares instalados por INDRA en Costa y Amazonia para vigilancia de las fronteras norte y sur. Por ahora, Manabí está desprotegida. 
 
 
 
Para 2008, cuando se da el ataque colombiano, la realidad era otra. “Cuando llegamos al Gobierno en 2007 los cuatro radares que teníamos no funcionaban, estaban obsoletos y sus repuestos descontinuados”, dijo el presidente Rafael Correa al inaugurar los nuevos en 2017. 
 
Tras el susto se declaró “en emergencia” el sistema y antes de terminar 2008 ya se había seleccionado a la empresa china CETC para que instale cuatro nuevos radares a un costo de 60 millones de dólares. El contrato contemplaba la instalación casi inmediata de dos, en calidad de préstamo, en la frontera norte. El plazo vencía en enero de 2011. 
 
Un informe de la FAE de abril de 2012 ya advertía que no se habían instalado los definitivos y, peor aún, que los prestados que eran iguales a los contratados, no servían. Las objeciones principales fueron que “la operación del radar no contribuye al cumplimiento de la misión asignada”; que “la detección de aeronaves en el sector es casi nula” y que la cobertura era “inconcebible”. 
 
A eso se sumaba que el radar de a bordo de los aviones Super Tucano de fabricación brasilera no sincronizaba con la tecnología de los radares chinos. Finalmente se dio por terminada la relación con los chinos y todo quedó a fojas cero. Se reclamaron las garantías y, según la versión oficial de entonces, el país recuperó el dinero del anticipo. En ese período, entre mayo de 2012 y diciembre de 2014, se documentaron 10 incursiones de aeronaves vinculadas al narcotráfico en varias provincias costeras.
 
Españoles al rescate 
Por los mismos cuatro radares se hizo un nuevo contrato, esta vez con la española INDRA y por 88 millones de dólares, es decir 28 más que la fallida oferta china. 
 
INDRA ya había trabajado en el Ecuador. Varios de los radares de la Aviación Civil fueron suministrados por esa empresa ibérica. Pero también fue cuestionada en otros negocios, como la venta al Consejo de la Judicatura de un programa informático conocido como Justicia 2.0 que no habría sido eficiente. 
 
Finalmente se inauguraron los radares el 31 de marzo de 2017, nueve años después del ataque a Angostura, a menos de dos meses de finalizar el gobierno de Rafael Correa. Se los conoce militarmente como Cóndor, Halcón, Mirlo y Papagayo. Están operativos, ha dicho la FAE una y otra vez. Entonces, ¿por qué las avionetas del narcotráfico siguen entrando al Ecuador sin pedir permiso ni ser detectadas? 
 
El ministro de Defensa Oswaldo Jarrín y el comandante de la FAE Mauricio Campuzano revelaron que para que el sistema de defensa funcione a plenitud se necesitan 10 radares y no solo los cuatro. También contaron que en Manta sí hay un radar, pero defectuoso. El radar que había en Manta era de largo alcance, de origen norteamericano. Fue instalado con posterioridad al conflicto del Cenepa, un tiempo antes de que se establezca el puesto de Avanzada de los Estados Unidos que durante casi 10 años vigiló la zona desde el aire. 
 
Base de Manta. Desde allí despegaban grandes aviones radar, que desde 40 mil pies de altura vigilaban, 24 horas al día, el espacio aéreo.
 
 
 
¿Dónde están los nuevos?
Aunque la ubicación exacta ha sido calificada de seguridad nacional, las avionetas ilegales deben tener esa información muy actualizada. En realidad, no es muy difícil conseguirla. Basta perder algo de tiempo en Google para encontrar que estarían ubicados en la cima de cerros que tienen vistas privilegiadas de sectores estratégicos. Uno de ellos, por ejemplo, controla el ingreso al Golfo de Guayaquil desde el cerro Ánimas en el límite entre Guayas y Santa Elena. Los otros tres vigilan la frontera norte desde Esmeraldas y desde Sucumbíos y el cuarto controla parte de la Amazonia desde la cordillera oriental. Es decir que el centro de la Costa, Manabí, no tiene cobertura suficiente. 
 
El ministro Jarrín también reveló que están en conversaciones con Estados Unidos para instalar un nuevo radar que cubra los alrededores del principal puerto manabita. 
 
 Un P-3 Orion sería pronto operado por la Fuerza Aérea Ecuatoriana y un nuevo radar será colocado en Manta, anunció el ministro Oswaldo Jarrín.
 
La realidad es que cuando los grandes aviones de vigilancia norteamericanos se fueron en 2009, las pequeñas avionetas con dinero y droga empezaron a pasearse. Para disuadirlas se gastaron 23 millones de dólares en seis aviones no tripulados cuyos resultados nunca se vieron. Por falta de mantenimiento quedaron en tierra. 
 
Así las cosas, desde la primera alarma que se dio cuando una avioneta con dos tripulantes mexicanos y cinco millones de dólares a bordo se estrelló cerca de Pedernales en mayo 2012, hasta la última que aterrizó y despegó de la refinería El Aromo en abril de 2019, han pasado siete años sin que hayan acciones concretas de vigilancia de nuestro espacio aéreo.