Los secretos mejor guardados de Ola Bini | Vistazo

Los secretos mejor guardados de Ola Bini

Marlon Puertas Martes, 02 de Julio de 2019 - 16:48
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En el barrio de las calles Juan Diguja y Vozandes, al norte de Quito, los vecinos no salen de su asombro. No pueden creer todavía que el “gringo” que se acostumbraron a ver caminando por sus calles sin regresar a ver a nadie y con la mirada esquiva, haya estado detenido y acusado de ser un aliado y cómplice del hacker más famoso del mundo, el australiano Julian Assange.
 
“No parecía”, dice una sorprendida mujer. Mas bien, otra “veci” sospechaba que era rockero, por aquello de los tatuajes en los brazos y su moderno look en el cabello. Ni siquiera sabían que el gringo no era de Estados Unidos.
 
Luego, escucharon por los medios que alguna autoridad habló de que era ruso. Después, la Policía puso en un parte de detención que era suizo. Ahora ya saben que, en realidad, es sueco. Y que se llama Ola Bini. Ola Metodius Martin Bini, como consta por primera vez dentro de un expediente judicial en el Ecuador. Los vecinos tampoco sabían su nombre y, ahora, hasta les parece gracioso. 
 
 
Lo que a nadie le resultó gracioso en el edificio Bertone, fue un inesperado allanamiento policial. 
 
Ocurrió cerca de la medianoche del 11 de abril y, en un primer intento, llegaron una decena de uniformados junto al sospechoso, a quien le pidieron que abra voluntariamente su casa, en el cuarto piso.
 
El sueco no colaboró y la incursión policial terminó ejecutándose como casi todas: a la fuerza.
 
Entonces, la Fiscalía pudo verificar que Bini alquilaba un departamento de clase media – de no más de 500 dólares mensuales- y que tenía muchas computadoras, que las incautaron para las investigaciones.
 
También se llevaron, como parte de las evidencias, libros que leía el capturado, todos en inglés: The Dark Net, Privacy Lost, Ciber War…pura lectura para interesados en seguridad informática, sea para reforzarla, sea para vulnerarla.
 
En las paredes de su departamento quedaron los afiches del Che Guevara, de Marilyn Monroe, de Einstein…una mezcla de personajes modernos con intereses diversos. 
 
Un espacio que más evoca a un admirador de Andy Warhol.
 
La cacería
 
No eran ni las ocho de la mañana del 11 de abril cuando la ministra María Paula Romo hablaba al país, minutos después de que todo el mundo vio como Julian Assange era sacado a rastras por la policía británica de la embajada ecuatoriana en Londres.
 
“Hemos detectado dos hackers rusos y un colaborador de Wikileaks que viven en Quito”, dijo Romo.
 
Ola Bini vio el mensaje en directo y en seguida escribió en su cuenta de Twitter: “Cacería de brujas”. Después terminó de armar su equipaje y salió del departamento que ocupa desde hace cinco años. Su destino era el aeropuerto de Quito, en donde fue detenido y retenido cerca de doce horas. 
 
Bini llegó a Ecuador en el año 2013, procedente de Brasil, específicamente Sao Paulo, y con una fama bien ganada en su país de ser el sexto mejor programador de Suecia, según la revista especializada Computer World.
 
Toda su historia con las computadoras la comenzó de niño, a los siete años, cuando su padre le regaló una Apple IIC, en donde de inmediato aprendió los lenguajes básicos como Pascal.
 
Antes de los 16, ya era un programador, con conocimientos de Assembler, Java y otros lenguajes. Suficiente para decidir que se dedicaría a este oficio el resto de su vida. Por eso abandonó la secundaria y encontró un trabajo en Estocolmo de programador. Su primer trabajo formal fue en el Instituto Karolinska, como programador web para educación a distancia. A esa edad, comenzó también su gusto por las artes marciales. 
 
No pasaría mucho tiempo en que los ojos de las grandes empresas de programación pusieran sus ojos en el joven talento. ThoughtWorks, una multinacional de la informática, lo reclutó y lo llevó a vivir en Chicago, Estados Unidos. Por la misma empresa, fue a vivir a Brasil y desde 2013, vino a radicarse a Ecuador, enrolado a la misma marca. 
 
Apenas llegado al país, Bini comenzó a hacerse notar. En 2013 participó en Quito como conferencista del evento Minga por la Libertad, con el tema “Ecuador como paraíso para la privacidad”. La coyuntura en ese momento era el caso de Edward Snowden y sus revelaciones que pusieron en alerta a todo el mundo: conectados al internet, todos somos vulnerables y potenciales víctimas de espionaje.
 
Ola se identificó como un activista apasionado por el derecho a la privacidad digital. Por eso en las conferencias que daba en las universidades de la Capital, no se cansaba de repetir sus recomendaciones básicas: usar administradores de contraseñas (Keepass), usar AdBlockers o bloqueadores de publicidad en el navegador y navegar en internet por el mundialmente famoso sistema Tor o la red de anonimato más famosa que existe.
 
De hecho, quienes hacen Tor también guardan gratitud a Bini por las colaboraciones hechas a su sistema y se han sumado a las voces que exigen su libertad y defienden su inocencia. 
 
En ThoughtWorks, Bini trabajó hasta 2017. Ese mismo año creó en Quito el Centro de Autonomía Digital, un grupo que busca el desarrollo del software libre para la mejora de la privacidad.
 
Según la ministra Romo, "su visa para residir y trabajar en Ecuador fue solicitada por una  empresa que resultó ser una importante contratista de la ex Secretaría Nacional de Inteligencia". 
 
Más sospechas
 
Una alta fuente del gobierno reveló a Vistazo que servicios de inteligencia de Gran Bretaña y Estados Unidos alertaron a Ecuador sobre la presencia en nuestro país de un cercano colaborador de Julian Assange, dedicado a operar para Wikileaks.
 
Eso, y las doce visitas personales que hizo Ola Bini al australiano mientras estuvo asilado en la embajada ecuatoriana de Londres, hicieron inevitable que todas las sospechas recayeran sobre él. Hay que sumar la declaración de la famosa actriz Pamela Anderson, quien en su afán de solidarizarse con Bini al momento de su detención, lo identificó como colaborador de Wikileaks. 
 
Una cosa es sospechar y, otra, probar. Por eso la Fiscalía se llevó el servidor que Bini contrató con Telconet, empresa a la que pagó 230.00 dólares en cinco años. A cambio su servidor tenía asegurado unceso directo a la nube, energía eléctrica continua y climatización apropiada.
 
El contenido del servidor era respon bilidad de Bini. La información está cifrada y decodificarla es el trabajo que ha emprendido la Fiscalía. Para ello y según la cadena CNN, cuenta con el apoyo de expertos del Departamento de Justicia de Estados Unidos y del FBI.
 
Para Carlos Soria, abogado de Bini, el servidor y los computadores guardan datos de clientes privados que confiaron la protección de su información al sueco. Son empresas grandes, sostiene Soria, que le permitían ganar unos 17 mil dólares mensuales. Todo está justificado con contratos y facturas. Hasta el SRI ha cobrado los impuestos, alegó el abogado
 
Lo primero que hizo la Fiscalía fue pedir al detenido Ola Bini que levante las contraseñas de sus equipos. Bini, quien es un intenso activista por los derechos de la privacidad informática, esbozó una mueca como respuesta.
 
Ola Metodius es parco. En su primera declaración receptada por la Fiscalía, se acogió al derecho al silencio. Para difundir su inocencia ha preferido escribir cartas. Hasta envió una abierta al presidente de la República Lenin Moreno, a quien le pidió que le devuelva la libertad, por intermedio de “su fiscal” y “sus jueces”: “En mi humilde opinión, creo que debería parar, déjeme ir, y luego podemos olvidar que todo este incidente vergonzoso ocurrió”. 
 
Segundo intento
 
A Ola Bini -quien es vegetariano y le gusta escuchar música- un hecho en particular le llamó la atención en los últimos días: a su estrecha celda llegaron dos compañeros de encierro más, que hablaban perfectamente inglés, como él. Se suponía que estos presos lo estaban por deudas de alimentos. Y valiéndose de la afinidad del idioma, trataron de entablar una relación de confianza, que sirva para cruzar asuntos tan personales como las contraseñas informáticas. 
 
“Se trataba de una trampa. Parecían enviados de Inteligencia. Están desesperados porque no pueden acceder a sus computadoras y ya no saben que hacer”. Eso lo dice el abogado Carlos Soria, quien estaba preocupado por la seguridad de su cliente dentro de la cárcel: “ya dos grupos se estaban ofreciendo para cuidarlo. Esa protección cuesta, por supuesto, pero Ola no está dispuesto a pagar nada porque es un hombre de convicciones”.
 
La cárcel de El Inca, está ubicada en la calle de Las Toronjas, en el norte de Quito. Es uno de los centros reclusorios menos peligrosos del país. Se explica, porque este un Centro de Detención Provisional y aquí llegan los detenidos por deudas de pensiones alimenticias. 
 
Aquí estuvo preso Ola Bini. Vistazo entró a su interior a fines de mayo y sus compañeros de celda admiraban su velocidad para la lectura: “Se despacha un libro por día. Es impresionante”, dice uno de los hombres vestidos de color naranja que caminaba por los patios esa mañana.
 
Otro revela que es un tipo reservado, que no hace amistad así porque sí con cualquiera. Parece que es un hombre que sabe guardar muy bien sus secretos. No sale mucho a caminar, no se comunica muy bien en español, por lo que aquí habla poco y prefiere concentrarse en la lectura.
 
Tampoco es de recibir muchas visitas. Por aquí pasaron sus padres, que llegaron desde Suecia a defenderlo y manifestar su preocupación por el caso. Su novia, Sofía Celi, una investigadora criptográfica que maneja ocho idiomas, ha emprendido una campaña por su libertad en las redes y ha trabajado con él los últimos cuatro años, no ha sido vista por estos patios.