LDU da una nueva alegría a sus hinchas | Vistazo

LDU da una nueva alegría a sus hinchas

*José Navarro Guzmán Lunes, 17 de Diciembre de 2018 - 11:57
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Liga entregó una nueva demostración de que su leyenda se hace camino al ganar. Logró un nuevo campeonato ecuatoriano de fútbol, el décimo primero, en el mismo año que celebró su primer siglo de vida.
 
Derrotó en el caluroso mediodía quiteño del domingo 16 de diciembre del 2018 por 1-0 al último campeón, Emelec, lo destronó y le cortó la ilusión se ser tricampeón. Un golazo de su joven delantero Anderson Julio determinó que muerto el rey ¡viva el rey! Los estudiantes volvieron a dar una vuelta olímpica en el torneo local, después de la décima corona alcanzada el 2010.  
 
LDU por encima del resultado, antecedentes, de ser por puntos el mejor del torneo, volvió hacer vibrar a una multitud en el estadio “Rodrigo Paz Delgado”. 
 
 
El grito de desahogo que provocó el pitazo final del árbitro Luis Quiroz tras 95 minutos de juego, llegó hasta Calderón, retumbó en Guamaní, se deslizó por las faldas del mismo Pichincha, bajó veloz a las calles de Los Chillos, Cumbayá y Tumbaco, se escuchó en el mismo aeropuerto de Tababela, ascendió a los aviones que salían a Europa y toda América y llegó con el mensaje al mundo, que Liga volvía a ser campeón, a dar una vuelta olímpica. Y esta vez en el recién bautizado para la eternidad con el nombre del personaje del siglo, Rodrigo Paz Delgado.
 
Pasaron ocho años del último trofeo que levantó en esa época brillante del 2008, 2009 y 2010 que ganó la Libertadores, la Sudamericana y dos veces al Recopa Sudamericana, y fue en el año del festejo del centenario de su existencia. Los albos ofrecieron a su sufrida hinchada una infinita alegría.
 
A esa afición que tras la premiación oficial de la Copa Havoline, se fue del querido escenario cantando su himno. “Somos los estudiantes alegres soñadores que vamos por la vida (y a la cancha) en pos de una ilusión…”
Sí, la ilusión de centenares de niños que desde ese día saben de las mieles que significa un campeonato.
 
 
Por las calles de Quito y en la pileta de la Plaza Indoamérica se escuchaba con fuerza el “volveremos, volveremos, volveremos otra vez. Volveremos a ser campeones y será la décimo segunda vez…” Sí, que griten a todo pulmón, porque hubo sed de triunfo, hambre de ganar, deseo de victoria.
 
Agradecieron al equipo que llegó a la fiesta encaramados en un bus hermosamente decorado por el principal auspiciantes Chevrolet. Vitorearon al grupo, por el goce y delirio producidos en ellos al otorgarles tanta felicidad. 
 
Los millares de seguidores se juntaron al astro sol que iluminaba, quemaba, a jugadores y aficionados, a una enorme cantidad de agentes policiales, que a ratos entorpecieron el ingreso y salida de los espectadores, todo por la seguridad. Pero igual hubo que soportar atropellos, total los integrantes del cuadro de la gloriosa Universidad Central les pagaron todo.
 
Jugando con los riñones
 
Hay que referirse al trámite de un cotejo tenso, jugado con los riñones, con el alma también, haciendo honor a una final que para el futuro de Liga era fundamental, ante un muy digno rival, justo el campeón vigente.
 
Pablo Repetto ordenó un planteamiento basado en la solidez de su arquero Adrián Gabbarini, en el medio campo eficaz, con un inmenso Jefferson Orejuela que se comió toda la cancha, que fue la aduana por donde pasaron los balones, que se proyectaron raudos a una delantera con dos cohetes como los hermanos Jhojan y Anderson Julio que volvieron locos a Marlon Mejía y Leandro Vega, e hicieron perder los papeles a Juan Carlos Paredes y Ronaldo Jhonson.
 
 
LDU tuvo la iniciativa y la voluntad de llegar al triunfo por virtudes propias. Atacó siempre como que fuera un ciclón que derrumbaba el andamiaje azul, equipo al que le pudo golear porque Fernando Guerrero, Jefferson Intriago y Juan Luis Anangonò se perdieron goles que cantaban ya los hinchas y que en otras lo ahogó las atajadas de Esteban Dreer.
 
La pelota, el esférico fundamental en el fútbol, fue el instrumento utilizado con buen gusto y criterio en las dos finales.
 
Pero Liga no solo tuvo como eje al ex volante del Independiente, a Orejuela, porque junto a él estuvo en un año memorable el otro Jefferson, Intriago, que jugó con un generoso despliegue y no poca calidad, para dejar la última gota de sudor en los campos de juego.
 
Lesionados los centrales
 
Liga se quedó muy pronto sin sus centrales, Franklin Guerra y Hernán Pellerano, que se fueron lesionados. Y ahí fue la oportunidad para el novel Kevin Minda que ingresó a los 4 minutos para graduarse de figura. Y con él desde los 25 estuvo Edison Realpe. Ellos jugaron con el corazón y la siempre oportuna eficacia de José Quinteros y Cristian Castro, quien dedicó el campeonato de sus familiares en Guayaquil.
 
 
Adelante además estuvieron el querido goleador Anangonò y el oportuno y hábil Guerrero. Ellos impidieron la salida de los carrileros azules que dejaron solitario al goleador Brayan Angulo quien se perdió en la inmensidad de la cancha.
 
Pero la verdad, Liga ganó el miércoles anterior, en la primera final, puesto que triunfó empatando 1-1 en la casa de los eléctricos. Jamás pudo recuperarse el cuadro porteño de ese golpe, del gol del mismo Anderson.
 
Fue una tarde apoteósica para el fútbol de la Universidad Central, cuyo equipo marchó siempre convencido de la victoria final. Las medallas que la Federación Ecuatoriana de Fútbol puso en los cuellos de los campeones, son muy merecidas, por el año de trabajo intenso, por el esfuerzo de los dirigentes, por la capacidad y sagacidad de sus entrenadores, porque junto al uruguayo Repetto estuvieron Oscar Quagliata y Rodrigo Texeira y con ellos un cuerpo médico encabezado por el ya eterno doctor Juan Barriga.
 
Debe quedarse Paz
 
 
Así se cumplió un año más de fútbol, con un legítimo campeón, con un estadio lleno impresionantemente, todo blanco, con medio millón de dólares en la taquilla. Liga se llevó el campeonato, que era necesario, urgente, para gritar a los cuatro vientos que don Rodrigo Paz Delgado, su hijo Esteban, Isaac Álvarez, Patricio Torres, Santiago Jácome, y una decena de dirigentes y funcionarios, se queden por muchos años, para decirle al club que la gloria de L.D.U. está viva y palpitante, como el Alma Mater, porque tiene cabezas que piensan, que saben de triunfos, de títulos, recibidos hace tiempo de maestros del deporte.
 
Y por eso hay que cantar “tres adelantes por la Universidad Central…” Y bañarse con olor a rosa, con sabor a multitud. Liga campeón del fútbol ecuatoriano. A todo señor, todo honor.
 
El trofeo, levantado por Intriago y Edison Vega tiene un valor simbólico, porque lo que queda es la memoria y escrito en la historia.
 
*José Navarro Guzmán es exdirector de Revista Estadio.