Las víctimas del "Abuelo" | Vistazo

Las víctimas del "Abuelo"

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Las víctimas del "Abuelo"

Christian Bastidas Viernes, 12 de Abril de 2019 - 15:08
“El abuelo” es un nombre que golpea en el alma a Victoria. Cada vez que lo escucha, recuerda a su pequeña Carolina. A ella la llamaban “la China”, porque al igual que su padre Jorge, sus ojos se hacían pequeños cuando sonreía. Era la tercera y última hija de esta pareja que vivía en el populoso barrio del Comité del Pueblo, al norte de Quito.
 
Victoria y Jorge son nombres protegidos. A Carolina, quinceañera, nadie la protegió. Fue víctima de los violadores, de los asesinos, de los que abandonaron su frágil cuerpo en un terreno. Del hombre que la sedujo, la enamoró, la introdujo en el mundo de las drogas y el alcohol. Que al parecer la obligaba a tener sexo en público, mientras la filmaba. Víctima, finalmente, de la justicia, que en un inicio asoció su muerte con causas “naturales” y ni siquiera investigó el caso, aduciendo que era una chica conflictiva. 
 
Extrovertida y alegre entró al colegio Eloy Alfaro para iniciar su bachillerato. En el segundo año sus notas empezaron a bajar y ella se ausentaba noches enteras de la casa. Victoria no sabía lo que pasaba, su hija le pidió que le cambiara de plantel y así lo hicieron.
 
La noche del 25 de agosto de 2018, les dijo que iría a comer con unos amigos. La mañana siguiente la encontraron muerta en un terreno baldío en el Comité del Pueblo. El primer diagnóstico de la Policía fue que su deceso era natural: su sangre tenía 4,7 grados de alcohol.
 
Para los agentes de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida (Dinased) el caso estaba cerrado el mismo día de su muerte, recuerda Milton Castillo, abogado de los padres.
 
La versión de la Policía no convenció a su madre, Victoria había descubierto moretones en su cuerpo. No sabía cómo ayudar a la adolescente y hasta dejó un trabajo que ayudaba al sustento para acompañar y cuidar a su hija. Un amigo le confesó que se había enamorado de un chico que le llevó por el mal camino, que enganchaba a niñas, las enamoraba, las emborrachaba y las vendía a un extranjero.
 
Él era Cristian G., de 21 años, quien también vivía en el Comité del Pueblo. Sin importarle el riesgo, la madre empezó a seguirlo. Comprobó que él y sus amigos se reunían en la estación de la Ecovía en la avenida Río Coca, luego iban en busca de colegiales. Lo vio con otra adolescente, de la misma edad de su hija, caminando, tomados de la mano. 
 
Su corazón de madre se estremeció al ver un video, que muestra a Cristian G., a otro hombre y dos mujeres llevando el cuerpo de Carolina, hacia un terreno baldío cercano a su casa.
 
Con estas pruebas acudió a la Policía y a la Fiscalía, pero no tuvo una respuesta. Solo cuando hizo público su caso, seis meses después, las autoridades la escucharon. Una nueva prueba forense comprobó lo que la madre ya sabía, había huellas de golpes y también rastros de un violento abuso sexual en el cuerpo de Carolina. A su niña la mataron.
 
Cristian G., otros cuatro hombres y dos menores de edad fueron detenidos. Uno de ellos fue el estadounidense Royce P., “el abuelo”, quien no opuso resistencia durante el arresto.
 
En la Fiscalía no negó conocer a Cristian G., pero aseguró que hace dos años no se había reunido con él, admitió que le dio dinero pero para sus estudios. Su relación está grabada en la cuenta de Facebook de Cristian: hay fotos y videos de las fiestas.
 
Según el estadounidense, Carolina no fue a su casa en el Quito Tennis. Así lo declaró en la fiscalía. Sin embargo, Thania Moreno dice que tiene los indicios para emprender un proceso penal en su contra por la “captación y facilitación de jóvenes con fines de explotación sexual”.
 
 
Su tesis se sustenta, en parte, en la declaración de otra joven que asegura que vio a Carolina en el departamento del "Abuelo y que durante las fiestas los adolescentes eran incitados a mantener relaciones. Que Carolina era obligada por su novio a tener sexo en público, que todo era grabado y que Cristian recibía 400 dólares para cada muchacha que presentaba al abuelo. Todo indica que a través de fotos colgadas en redes sociales seleccionaba a sus víctimas.
 
 
En el exclusivo Quito Tennis, al noroccidente de Quito, vecinos relataban festejos, entrada de jóvenes, ruidos.
 
Victoria solo clama justicia. A inicios de abril, ella y su esposo esperaban que los agentes de criminalística realizaran una prueba de Luminol, en el departamento donde vivía el hombre que enamoró a Carolina, meses atrás.
 
La prueba consiste en colocar reactivos químicos, para que una luz ultravioleta permita encontrar rastros de sangre. 
 
Victoria está segura que en ese lugar murió su hija. Que el hombre pidió ayuda para llevar el cuerpo hasta el sitio donde fue abandonado. Que Carolina no fue la primera víctima de esta red de trata. 
 
Un empresario petrolero
 
Royce P. se autodefine un “auspiciante”. Una especie de mecenas que pagaba los estudios de jóvenes que no podían costear las pensiones de sus colegios y universidades. 
 
Él nació en Estados Unidos, hace 65 años, y a pesar de que vive hace 29 en el país y tiene una cédula de identidad ecuatoriana, su versión tuvo el apoyo de un traductor.
 
"El abuelo", oriundo de Texas (EE.UU.) es vicepresidente de Operaciones para América Latina una empresa de servicios petroleros. 
 
Tenía ingresos mensuales por 6.500 dólares. Este dinero, declaró, lo compartió con jóvenes “mayores de 18 años”, como Cristian G., Juan Pablo D., Julio E, Juan C. y Sleider G., a quien llevó a vivir en su departamento. 
 
En Estados Unidos tiene dos hijos adultos, pero toda su vida estaba en Ecuador y los chicos se convirtieron en su círculo cercano. Con ellos salía a bares en la zona rosa, organizaba “parrilladas” en su departamento.
 
“¿Por qué mis fiestas solo incluyen a gente joven y no a gente de mi edad? Porque los jóvenes no son aburridos, y no caen temprano”, escribió en su cuenta de Facebook en septiembre de 2017.
 
En sus reuniones todo era gratis, según testimonios. La comida, el licor y las drogas. Los jóvenes lo empezaron a llamar “el abuelo”. Todavía está por identificar si tenía algún tipo de protección. Uno de sus perfiles en redes sociales muestra una foto suya, en la que aparece rodeado de uniformados.